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Venezuela: la ejecución del script del imperio (segunda parte)

No creo que exista alguien sobre la Tierra que crea la fábula de que el gobierno de los Estados Unidos está interesado en la democracia pues su historia está plagada de la organización de un gran número de golpes de estado con el fin de derrocar a gobiernos incómodos que velan por los intereses de su propia patria y no por los intereses de las grandes corporaciones norteamericanas.

Como comentamos la semana pasada, el guion del imperio para imponer a un gobernante pelele en Venezuela incluye el desprestigio del gobierno actual, algo que ya hemos visto antes para justificar la partición de la antigua Yugoslavia (en donde se montaron supuestas masacres achacadas a los serbios), el derrocamiento de Gadafi en Libia (dizque para proteger los derechos humanos de los libios), de Husein en Irak (con el invento de las supuestas armas de destrucción masiva, que nunca existieron), de Noriega en Panamá (con la excusa de ligas con el narcotráfico) y un largo etcétera.

Nadie en sus cinco sentidos puede creer que a Donald Trump le interesen los derechos humanos. A la vista de todos están sus órdenes ejecutivas para enjaular a niños migrantes, para separar familias y para impedir el acceso a los Estados Unidos de migrantes hondureños que huyen de una situación mucho más desastrosa de la que existe en Venezuela. Es más, si el gobierno de los Estados Unidos estuviera verdaderamente interesado en los derechos humanos, debería comenzar por su propia casa en donde existen ni más ni menos que 40 millones de pobres, más que la población total de Venezuela.

Por otro lado, tampoco creo que exista alguien sobre la Tierra que crea la fábula de que el gobierno de los Estados Unidos está interesado en la democracia pues su historia está plagada de la organización de un gran número de golpes de estado con el fin de derrocar a gobiernos incómodos que velan por los intereses de su propia patria y no por los intereses de las grandes corporaciones norteamericanas.

Recordemos que los Estados Unidos avalaron los fraudes electorales en México tanto en 1988 para imponer a su lacayo Carlos Salinas de Gortari como en 2006 para imponer a su pelele Felipe Calderón, el que intentó casi inmediatamente la privatización de Pemex. Es más, recordemos que en Estados Unidos han asumido la presidencia personajes que “ganaron” las elecciones mediante un fraude electoral, como George Bush en el año 2000. Incluso el mismísimo Trump señaló que en las elecciones con las que llegó a la presidencia hubo “millones de votos fraudulentos”. Los Estados Unidos han apoyado siempre al gobierno de Arabia Saudita (esa sí una verdadera dictadura), gobierno que se da el lujo de descuartizar a periodistas opositores en sus sedes consulares independientemente de que esos periodistas vivan y trabajen en los Estados Unidos (como sucedió con Jamal Khashoggi).

Al mismo tiempo que los medios internacionales controlados por Estados Unidos tratan de imponer la narrativa de que un gobierno es violador de los derechos humanos y de que llegó al poder mediante elecciones fraudulentas se instauran medidas económicas contra ese gobierno usando a instituciones financieras internacionales. Es una verdadera hipocresía que mientras el gobierno norteamericano bloquea siete mil millones de dólares a la empresa petrolera venezolana PDVSA, ofrece tristes 20 millones de dólares en “ayuda humanitaria”. ¡Se quedan con siete mil y ofrecen 20!

Desde hace años, los Estados Unidos bloquean a los últimos dos gobiernos de Venezuela (el de Chávez y el actual de Maduro) para que no accedan fácilmente a alimentos y medicinas, con el fin de exacerbar el ánimo de la población y generar un descontento que se canaliza contra el gobierno. Forma parte del guion. Si los Estados Unidos realmente estuvieran interesados en el bienestar de los venezolanos bastaría quitar las sanciones económicas y liberar los fondos confiscados de manera ilegal. Al bloqueo económico se suman también las presiones diplomáticas de gobiernos cómplices del imperio.

Si todo lo anterior no da resultado entonces se arma a los opositores para generar la violencia en las calles. Esto lo hemos visto puntualmente en Venezuela con las famosas “guarimbas” de 2014 y 2017. Opositores armados que provocan a las fuerzas del orden y que agreden a simpatizantes del gobierno. Tan sólo en 2017 hubo 172 muertos en más de 100 días de violencia concentrada en 51 municipios del país. La mayoría de esos muertos no participaba en las protestas y la cifra de asesinados por la policía es equivalente al número de policías asesinados. Opositores que disparan con armas de fuego desde edificios y que prenden fuego a “chavistas” vivos. Para que después la propaganda norteamericana achaque sólo la violencia al bando gubernamental y todos los muertos al bando de los opositores.

Si todo lo anterior no es suficiente, entonces se empuja a gobiernos cómplices a invadir al país objetivo tal como lo hemos visto en Siria en donde militares turcos, israelíes, iraquíes y kurdos han invadido partes de ese país.

En el caso venezolano los principales cómplices son los actuales gobiernos de derecha de Colombia y de Brasil, ambos colindantes con Venezuela. Se ha documentado que paramilitares colombianos apoyados por su propio gobierno han hecho incursiones en Venezuela con el fin de boicotear actividades económicas y apoyar a los opositores armados.

Hasta el momento vamos en esta parte del guion. A los norteamericanos no les gusta perder vidas de sus connacionales, prefieren que los muertos los pongan otros.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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