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¿Vivir o sobrevivir?

Ante esta situación Erich Fromm dejó una nota “la mayoría de los seres humanos mueren sin haber vivido”, la vida, no es la mera existencia, sino entender que ésta tiene un sentido: ser feliz.

Cuando se presenta en nuestra persona o en la de un ser querido una determinada “enfermedad” se piensa que es un caso particular, sobre todo porque vivimos en un aislamiento social, soledad que se intenta romper con el ruido, el alcohol o el consumo compulsivo. Pero si revisamos los datos estadísticos encontraremos que el nuestro, no es un caso particular, sino la media poblacional, y si analizamos los patrones de comportamiento emocional de esos seres humanos observaremos más coincidencias que divergencias, ese promedio poblacional tiene una característica fundamental, no vive sino que sobrevive, y allí, en ese promedio se encuentra nuestro comportamiento.

Sobrevivir significa simple y llanamente existir, por su parte vivir implica disfrutar esa existencia, ante esta situación Erich Fromm dejó una nota “la mayoría de los seres humanos mueren sin haber vivido”, la vida, no es la mera existencia, sino entender que ésta tiene un sentido: ser feliz.

Pero ¿qué es la felicidad?, es sentirse pleno emocionalmente, saber que el hecho de estar en este plano existencial es la oportunidad para darnos una oportunidad: amarnos y amar al prójimo, vivir la vida representa estar en un estado de equilibrio emocional, identificando cotidianamente las condiciones que nos permiten sentirnos plenos y felices, y ser constructores  de esas condiciones, no existir reaccionando ante la cambiantes condiciones del entorno, sino de forma proactiva, construyendo esas condiciones.

El trabajo asalariado, la enseñanza escolarizada, los sistemas llamados de “salud”, los sistemas de “recreación”, las viviendas, las mercancías, todo lo que existe ante nuestra existencia ha sido diseñado por entidades supranacionales, es decir donde ningún ser humano promedio tiene acceso. El ser humano promedio tiene asignado un papel: ser objeto, no sujeto. Objeto que consume, no un sujeto que construye su propio destino. Ivan Ilich, filósofo y pedagogo reflexionó sobre la importancia de desescolarizar, desinstitucionalizar, incluso gozar un desempleo creador.

Y en la contradicción fundamental entre ser objeto de las condiciones creadas por otros y la propia naturaleza que impulsa al humano a ser sujeto y disfrutar su sagrado derecho de libre albedrío, es lo que representa el costo emocional de la sobrevivencia humana. La entropía es la dispersión, y entre mayor sea la contradicción fundamental objeto-sujeto, mayor es la dispersión y en consecuencia el costo emocional se eleva, conduciendo al los individuos a situaciones de enfermedad, dolor y muerte. Buscar el equilibrio de nuestro sistema (organismo, familia, comunidad) en el ámbito orgánico y espiritual-emocional implica la no acumulación, ni de materia, ni de emociones, ni la dispersión acelerada de energía vital.

María Magdalena la apóstol de Jesús dejó escrito lo siguiente: “Te enfermas y mueres como consecuencia de tus actos, porque vives con palabras, pensamientos, obras y omisiones que te dañan”, y también dejó escrito la solución: “para sanar debes ponerte en armonía y reconectarte con la naturaleza, eliminar lo que te oprime, aniquilar lo que te atenaza, apaciguar la avaricia y liberarse de la ignorancia, con ello alcanzarás el reposo de tu alma y la eternidad en el tiempo”.

La sociedad de consumo compulsivo en la que existimos nos oprime y atenaza, llena nuestra alma de avaricia y nos mantiene en la ignorancia, transitar de la mera sobrevivencia al disfrute de la vida implica necesariamente la necesidad de construir un sentido de vida, donde los afectos, el amor a sí mismo y al prójimo, sean los valores fundamentales de ese aprender a vivir.

Todo dolor y enfermedad es el costo emocional de un comportamiento anómalo, resultado del desequilibrio que lleva a un mayor desgaste o acumulación. Vivir, tener un sentido de vida es aprender que la felicidad no es un objetivo en sí mismo, sino un proceso. Los cacharros materiales, los títulos académicos, el poder económico o político, el consumo de mercancías no son ni generan felicidad, a lo sumo alimentan el ego y la avaricia. Los afectos, es decir las amistades sinceras, así como el amor de y hacia los padres, la pareja, los hermanos, los hijos, los familiares cercanos y remotos, es la energía más poderosa para vivir y ser felices, para alcanzar el reposo del alma y la eternidad en el tiempo.

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