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Y retiembla en sus centros la tierra…

La naturaleza se convulsiona por el cambio climático y el movimiento de las placas tectónicas. En los océanos, los huracanes se convierten en monstruosas armas de destrucción masiva. “Harvey” inundó Houston, “Irma” hizo otro tanto con Cuba y otras islas del Caribe, “María” se ensañó con Puerto Rico y de “José” no se espera nada bueno. El colmo sería que apareciera otro huracán de nombre “Jesús”, para que la sagrada familia en su conjunto acabe con las islas del Caribe.

Por otro lado, el fenómeno Trump está provocando estragos sociales catalogados de muy alta intensidad.

En primer lugar amenaza en destruir totalmente a Corea del Norte, en tanto que ya inició la destrucción de las vidas de 800 mil ‘dreamers’, 600 mil de ellos de origen mexicano, quienes fueron llevados por sus padres a Estados Unidos de manera indocumentada, cuando tenían escasos meses o años de vida y ahora, dos décadas después, serán forzados a regresar a su país de origen, del que desconocen su idioma, cultura, geografía, historia, usos y costumbres.

En este contexto se presentan en nuestro país dos terremotos, el primero el 7 de septiembre que afectó a los estados de Chiapas y Oaxaca, en tanto que el segundo, el 19 de septiembre, se ensañó contra poblados y ciudades de los estados de Puebla, Morelos, México y Ciudad de México. Para nuestra fortuna, en Querétaro el temblor fue leve.

Y ya que mencionamos a nuestra entidad, recordemos que algunos movimientos telúricos del pasado, fueron consignados por el cronista decimonónico, Valentín Frías Frías, quien se dio el lujo de escribir, desde su perspectiva, que el primer temblor en la historia de Querétaro, fue en el siglo XIX: “1887. Noviembre 26. Hoy se dejó sentir el primer temblor a las cinco y seis minutos de la mañana, pues antes, no hay memoria de que hubiese temblado. El mismo día se repitió otras tres veces”. (‘Escritos sobre Querétaro’, Valentín F. Frías, 1997, Gobierno del Estado de Querétaro, México).

Frías también consignó tres temblores más, uno al día siguiente, que pudo haber sido una réplica del primero y otros dos en la primera década del siglo XX: “1887. Noviembre 27. A las cinco y minutos de la mañana fuerte temblor de tierra”; “1900. Junio 30. A las tres y media de la mañana se siente un temblor y el de “1908. Marzo 26. A las nueve y minutos de la noche se siente un ligero temblor”.

A Valentín Frías Frías, quien se autodenominaba “Alter”, también le correspondió, 20 años antes de aquel primer temblor en la historia de Querétaro, reseñar la presencia de Maximiliano durante el sitio de Querétaro: “Un descendiente de cien reyes, dos mexicanos valientes, revolcándose en su sangre; una princesa enajenada; un ejército destrozado, macilento, desunido; una hermosa ciudad convertida en ruinas y sus habitantes desmembrados, hambrientos, sucios y desnudos”.

Nacido en 1862 y fallecido en 1926, Frías fue administrador, tenedor de libros (el equivalente al actual contador público), historiador, periodista y cronista directo de grandes acontecimientos ocurridos en Querétaro, entrelazando las leyendas con los acontecimientos históricos. Frías fue un prolífico autor, entre cuyos libros se encuentran ‘Las leyendas y tradiciones queretanas’, ‘La conquista de Querétaro’ y ‘El sitio de Querétaro’.

Cuando se afirma que en Querétaro no pasa nada, en realidad se está faltando a la verdad, debido a que, como lo señala Frías, en estas tierras también ha temblado y actualmente tiembla, aunque la diferencia, la gran diferencia, consiste en la magnitud de los sismos que, en Querétaro, apenas si mueven de su sitio lenguas y campanas, en tanto que, en otros lugares de nuestro país, son devastadores y derrumban edificios, casas e iglesias.

Por ejemplo, el temblor del pasado 19 de septiembre se sintió en 10 municipios queretanos, en la zona conurbada de la ciudad de Querétaro y en el Centro Sur fueron desalojados algunos edificios por personal de Protección Civil.

Tal como van las cosas, para los mexicanos el mes de septiembre, se está convirtiendo en un periodo de terror, debido al fatídico 19 de septiembre de 1985 que, 32 años después, en otro 19 de septiembre, tiene una réplica casi idéntica que ha dejado una estela de destrucción y muerte. En nuestro país existe otro fatal 19, pero este corresponde al mes de noviembre de 1984, cuando en San Juan Ixhuatepec, explotaron los almacenes de gas licuado de Pemex, provocando la calcinación de cientos de personas y el derrumbe de casas.

Otras dos coincidencias en la historia, por lo menos en la del continente americano, corresponden al 11 de septiembre. La primera, de 1973, cuando un terrorífico golpe de Estado acabó con el gobierno del presidente Salvador Allende y la segunda, de 2001, cuando un atentado terrorista derribara las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York.

Como quiera que sea, no sólo los habitantes de nuestro país se debaten entre huracanes y terremotos, sino también quienes cruzaron la frontera norte, huyendo del colapso económico, propiciado por las lesivas políticas públicas y que ahora se enfrentan al fenómeno Trump, que se ha convertido en un azote para quienes no somos Wasp (blancos, sajones y protestantes).

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