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Zaztun, cristal estelar, parte esencial de la medicina tradicional maya

La medicina tradicional maya, lejos de la parafernalia tecnológica post y moderna, se avoca a percibir las causas y orígenes de la dolencia en el alma del afligido.

Cuentan los ancianos de la selva maya, que en épocas del cataclismo -se refieren al meteorito que cayó en Chixchulub, Yucatán, cuando aún la península no emergía del mar- se regaron por toda esa región, pedazos líquidos de piedra estelar, grandes gotas de mineral extraterrestre. Muchos millones de años transcurrieron para que del Mar Caribe y del Golfo de México emergiera la península de Yucatán y se formaran los diversos estratos edáficos, proceso que sepultó los cristales estelares.

Fueron los médicos mayas de ayer y hoy, nombrados “Ah men”, quienes aprendieron que el zaztun o cristal de piedra tiene el poder de mostrar las vidas pasadas, el porvenir, así como las causas de las dolencias. Dicen ellos que, tras un determinado proceso, sobre la transparencia del cristal se forman figuras, que ellos como especialistas tradicionales traducen a quien los consulta.

Zaztun es un vocablo maya que se traduce como cristal de roca (zaz=cristal; tun=roca), esas gotas estelares ya endurecida se encuentran sepultadas varios metros bajo la carbonatada superficie que cubre la Península de Yucatán. No es posible identificar a priori la ubicación de un cristal de roca, estos se encuentran casualmente cuando los pobladores perforan un pozo artesano con la finalidad de abastecerse de agua. Estos pozos pueden llegar a tener entre 5 y 10 metros de profundidad.

Durante la excavación del pozo puede encontrarse una “roca”, pero quien tiene conocimiento reconoce su hallazgo. Esa “roca” se debe limpiar, eliminando las capas exteriores, contaminadas con diversos minerales terrestres, y conforme se penetra al núcleo, la claridad y transparencia del “zaztun” aparece y se visualiza como un auténtico cristal.

Quien ha tenido la oportunidad de observar y sentir en sus manos ese cristal de piedra, percibe rápidamente que no es un material de origen geológico local, pues no es posible la existencia de cuarzos en la región, y se hace factible la hipótesis de su origen extraterrestre.

Místicos y buscadores de amuletos persiguen toda clase de objetos raros y escasos con la finalidad de fortalecer su posición como poseedores de objetos mágicos. Por esta situación los especialistas tradicionales lo guardan celosamente, para impedir el saqueo, su vulgarización o comercialización.

Para que el zaztun tenga el efecto requerido tiene que ser recogido y trabajado por un Ah men, nombramiento que no se obtiene mediante acreditación académica, sino a través de viajes involuntarios causados por situaciones emocionales criticas, durante las cuales la vida del potencial Ah men se ve comprometida. Durante esa situación se da, como dicen ellos en la actualidad, un encuentro con Jesucristo y sus apóstoles, quienes le confieren el poder para sanar a los afligidos, con la condición de no hacerlo de forma lucrativa.

Los verdaderos Ah men del mundo maya viven en las tradicionales viviendas de guano y bajareque, su mobiliario es escaso, algunos muebles de madera, hamacas y sin excepción la “mesa santa”, sitio emblemático que reúne símbolos mayas y cristianos en una amalgama de sincretismo, por ejemplo la cruz verde, que simboliza el martirio de Jesús y la ceiba o árbol sagrado de los mayas, jícaras, hierbas medicinales, imágenes de santos y vírgenes del panteón cristiano, velas, flores y otros objetos.

La medicina tradicional maya, lejos de la parafernalia tecnológica post y moderna, se avoca a percibir las causas y orígenes de la dolencia en el alma del afligido, para solicitar mediante los intercesores, que las energías supremas indiquen los procedimientos a realizar para lograr la sanación del cuerpo y el alma del doliente.

Durante la inquisición, miles de mayas sufrieron tortura y persecución, quienes poseían un zaztun eran castigados como hechiceros y adivinos. No hubo dolor, ni penuria suficiente para borrar la memoria grande. Aún hoy, con toda la erosión cultural generada por el modelo neoliberal, se continua usando la piedra estelar y aún perviven en ciertas localidades las costumbres y tradiciones comunitarias, tanto que el concepto de “comunitario” se traduce como “la casa grande, donde nadie queda abandonado o con hambre”.

Tanta es la incertidumbre sobre el futuro del modelo capitalista postmoderno y neoliberal que hay urgencia por re-conocer modelos ancestrales que nos permitan aprovechar sus practicas, filosofías y comportamientos tradicionales, es decir eliminar lo que no corresponde a la actualidad e incorporar lo requerido para hacer un nuevo modelo de mundo diverso, cuya riqueza se sustente no en lo blanco y homogéneo, sino en un arcoíris multicolor y lo heterogéneo.

Recuerdo una ocasión cuando, en una remota localidad de Quintana Roo, pude mirar con detenimiento un auténtico zaztun, extraído, casualmente, de las profundidades mientras se horadaba un pozo artesano. Pero, en realidad sin el conocimiento tradicional, ese fragmento de origen desconocido no deja de ser una simple y traslucida piedra, lo importante es la interpretación del pasado y el futuro que hacen lo Ah men, pero sobre todo la capacidad innata de aquellos seres humanos que, escuchando las metáforas, se deciden a transformar su realidad, con base en un pensamiento critico.

 

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