Opinión

Así que terminó el “monopolio” de las normales

Para destacar: La idea del “monopolio de las normales”, es de lo más extraña. “Monopolio” es una palabra empresarial, que designa a esos consorcios poderosos, que no admiten competencia y se dan el lujo de imponer condiciones y precios a su antojo.

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

Hace poco un vecino decía, que “al fin la SEP está haciendo bien las cosas, pues puso un alto a todos esos maestros vividores y mediocres, que no quieren superarse”; “qué bueno que ya está exigiendo excelencia, como las empresas privadas, que buscan tener buen control de calidad”; y “qué bueno que se acabó el monopolio de las normales y ahora cualquiera podrá dar clase”.

Como mi círculo de amigos y colegas es bastante crítico sobre el tema, me sorprendió el comentario. ¡Ah, caray!, a pesar del descontento generalizado, también hay gente que confía en los políticos y en los medios comerciales, y (dicho sea de paso) a la que no le ayuda mucho el sentido común.

La idea del “monopolio de las normales”, (que mi vecino copia acríticamente del Secretario de Educación), es de lo más extraña. “Monopolio” es una palabra empresarial, que designa a esos consorcios poderosos, que no admiten competencia y se dan el lujo de imponer condiciones y precios a su antojo. Emplear dicho término para las instituciones públicas es muy falaz, pues éstas no son propiedad de ningún particular.

Las normales no son “monopolio”, son del Estado. Esto significa que el dueño es el pueblo. (Lo público es de todos, lo privado, de unos cuantos).

La educación normal, tuvo en la historia, el encargo de formar maestros, alfabetizadores del pueblo, para darle una identidad nacional, soportada, por el Artículo Tercero. Aunque éste ya fue reformado, la nueva versión aún establece que la educación será obligatoria y gratuita, laica, científica, y “tenderá a desarrollar todas las facultades del ser humano”.

Si la normal fuera monopolio, y si lo que procede contra los monopolios es generar la competencia, entonces cada escuela debería poder diseñar sus propios planes y programas, para ser más “competitivas”, (y con esto terminaría el carácter nacional de la educación); pero hasta allá no llega el Secretario Nuño Mayer. Si alguna vez hemos tenido un gobierno con un (pretendido) férreo control homogeneizador sobre el sistema educativo, es el actual; el monopolio autoritario es de Mayer.

Ahora bien, poner a competir a las normales sería también una aberración, porque no son empresas privadas y porque deben cumplir con el encargo constitucional, arriba señalado.

Sin embargo, las normales sí debieran gozar de cierta autonomía, para poder adecuarse a las condiciones y necesidades de las comunidades en donde se asientan.

Otro principio básico del Artículo Tercero (que no cambió con la reforma) sigue siendo el de la democracia, que “no solamente (ha de entenderse) como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

El cumplimiento cabal de este principio y de los demás, antes mencionados, resolvería buena parte de los problemas de nuestro sistema educativo (no la subordinación al imperio que ahora tenemos). ¿Por qué nuestros políticos no buscaron primero garantizar su cumplimiento, antes de reformar el artículo?

La democracia implica un auténtico diálogo, discusión o debate entre maestros y estudiantes, entre escuelas y comunidades, entre autoridades educativas y profesores; un diálogo entre pasado, presente y futuro, entre las localidades y la nación; entre ésta y otras naciones con historias, condiciones y culturas, similares o distintas.

Si, por el contrario, los problemas se agravan, es porque quienes toman las decisiones no están dispuestos a escuchar a quien no sea su espejo.

En ese diálogo con la historia y las culturas locales, las autoridades podrían reconocer la enorme riqueza de experiencias de educación popular (mexicanas, latinoamericanas o internacionales) estupendas y pertinentes para sus contextos específicos. Ejemplo por varios años fue el PACAEP, Plan de Actividades Culturales de Apoyo a la Educación Primaria, quizás lo mejor que la SEP haya concebido.

Este plan, promovía que los maestros, estudiantes (y también padres de familia), organizados en equipos solidarios, participaran en el diseño de sus propios proyectos de aprendizaje, dirigidos no sólo a comprender mejor el mundo concreto en que vivían, sino a transformarlo, en la medida de sus posibilidades.

Pero eso no interesa a la autoritaria clase gobernante de México, que arrasa con todo, sin distinción.

La absurda idea de que “cualquiera puede suplir a los profesores” será tema de la siguiente entrega.

 

 

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