Opinión

Ayotzinapa y la criminalización de la protesta

Por: Ángel Balderas Puga

El pasado 20 de noviembre, cientos de miles de mexicanos volvimos a marchar en aproximadamente 50 ciudades del país para seguir exigiendo justicia sobre los jóvenes secuestrados por el Estado en Ayotzinapa, Guerrero. Pero esta magna movilización no sólo se dio en varias partes del país sino que hubo muestras de solidaridad en unas 60 ciudades de 33 países del mundo: se protestó en Estados Unidos, en España, en Francia, en Canadá, en Italia, en Ecuador, en Alemania, en Suiza, en Perú, etc. En nuestra ciudad hubo incluso cuatro marchas que partieron en horarios y de lugares distintos.

La intimidación

 

Hechos graves se sucedieron en el Zócalo del Distrito Federal, luego de una magna concentración derivada de tres marchas que partieron del Ángel de la Independencia, del Monumento a la Revolución y de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco. El esquema es el mismo que vimos aplicar el 1º de diciembre de 2012 y del cual ya había indicio también en esta ocasión el pasado 8 de noviembre, cuando un grupo de encapuchados incendiaron parte de una puerta de Palacio Nacional.

Hay varias cosas que llaman la atención sobre este tipo de hechos. La primera de ellas es que los grupos de provocadores aparentan ser manifestantes radicales y actúan prácticamente impunes frente a la pasividad de la policía, se les deja actuar para después, en un momento determinado, agredir a manifestantes pacíficos que nada tienen que ver con los hechos. Es un esquema que viene de más atrás; a nivel mundial, se estrena en la reunión de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, Estados Unidos, en diciembre de 1999, y que se repitió durante la reunión del Grupo de los Ocho (G8) en Génova, Italia, en julio de 2001.

Este esquema permite, después, arrestar a gente inocente y no a los causantes de los desmanes, con el fin de intimidar a las personas que marchan de manera pacífica.

El 20 de noviembre, en el Distrito Federal, actuaron de manera conjunta la Policía Federal con la policía capitalina, tal como lo hicieron el 1° de diciembre de 2012. Esto es una verdadera vergüenza para el gobierno de dizque “izquierda” de Miguel Ángel Mancera, gobierno al que ya se le está haciendo costumbre colaborar con las fuerzas federales para agredir a manifestantes pacíficos. En ese contexto, indignan las declaraciones de Jesús Rodríguez Almeida, secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, quien incluso felicitó a los policías capitalinos: “Felicito a mi personal por el trabajo demostrado, por el gran valor, gallardía, responsabilidad y sobre todo porque restablecieron el orden público, le guste a quien le guste” (La Jornada, 25/11/14).

Al leer este tipo de declaraciones, uno se pregunta: ¿valor?, ¿gallardía?, ¿responsabilidad? ¿Se tienen este tipo de atributos cuando se golpea de manera indiscriminada a civiles desarmados, incluyendo a mujeres, niños y personas de la tercera edad? ¿Por qué la policía no actúa con tal celeridad y eficacia para enfrentar a la delincuencia organizada?

La marcha del 20 de noviembre en el Distrito Federal terminó con 11 detenidos, lo más probable es que todos inocentes.

Cual si fueran peligrosos delincuentes, fueron enviados fuera del Distrito Federal a penales de alta seguridad, conviviendo con delincuentes, esos sí, verdaderamente peligrosos. ¿Cuál es la lógica de todo esto? Una sola: reprimir, amedrentar, infundir miedo, detener las manifestaciones de indignación por el crimen de Estado de Ayotzinapa.

El descrédito

El gobierno de Enrique Peña Nieto sigue cayendo en un gran descrédito a nivel internacional. El presidente de Uruguay, José Mujica, señaló que, desde la distancia, México se asemeja mucho a un “Estado fallido”. Inmediatamente, el gobierno de Peña Nieto reaccionó “indignado” ante tales declaraciones e incluso mandó llamar al embajador de Uruguay en México. ¿De qué se indigna el gobierno de Peña Nieto, si millones de mexicanos pensamos exactamente lo mismo que José Mujica? Y no lo vemos a la distancia como él, sino que lo vemos de cerca en nuestra realidad cotidiana. ¿Por qué el gobierno de México reacciona de manera airada ante Uruguay y mantiene silencio ante lo que publicó el periódico francés Le Monde? Este periódico, de amplia circulación en Francia, tituló su nota principal del 22 de noviembre “Revuelta contra el Estado-Mafia en México”. El calificativo es mucho más duro que el usado por Mujica, pero el gobierno mexicano ya no puede tapar el sol con un dedo, el caso Ayotzinapa ha mostrado a los ojos del mundo que México se está convirtiendo en un Estado fallido por culpa de una clase política corrupta, indolente e irresponsable, más preocupada por presentar sus “informes” maquillados y aumentar sus salarios y sus prerrogativas que por afrontar verdaderamente los grandes problemas nacionales.

A mí, como mexicano, no me ofenden las declaraciones de Mujica o el titular de Le Monde, pues tienen razón, la crítica no es contra el pueblo de México, la víctima, sino contra el Estado mexicano, el victimario.

anbapu05@yahoo.com.mx

 

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