Opinión

Batalla campal por el estacionamiento en la UAQ

Por: Rafael Vázquez Díaz

 

PARA DESTACAR: Creo que el problema de fondo lo podemos analizar en dos vertientes; por un lado la falta de una cultura de movilidad responsable, pero por otro lado, el uso (y goce) del espacio público es un tema que sí nos debería de importar al interior de la Universidad.

Un día aparece en pleno estacionamiento una camioneta de grandes proporciones que ocupa tres lugares de estacionamiento. La molestia que sentí fue latente; recientemente la discusión por los espacios en la Universidad ha encendido las redes sociales y cuando llegué a mi oficina, al menos tres compañeras ya habían puesto en redes sociales una fotografía de la camioneta infractora. La compartí señalando a quién pertenecía y el motivo por el cuál había sido estacionada de esa manera.

 

Recibo una llamada un par de horas después que transcribo casi literalmente:

– Mira Rafael, te voy a decir algo, ese estacionamiento es mío, yo lo construí…

– Disculpe doctor, usted lo construyó, pero con recursos públicos y…

– ¡No! ¡Yo lo construí con mi dinero, y al menos tengo derecho a apartar lugares cuando yo quiera! Voy a recibir a funcionarios del municipio de Corregidora, así que te digo algo, bájale a tus pendejadas porque si no ya sabes a lo que te atienes.
Esta conversación, que parece ficticia y sacada de algún libro negro de crónica gansteril, la tuve el 8 de septiembre con el doctor Eusebio Ventura Ramos, director de Vinculación Tecnológica, que me llamó para reclamarme por mi queja en redes sociales respecto a la camioneta abusiva que estaba ocupando el espacio que nos pertenece a todos.

Más allá del acoso laboral –tema no menor pero que no compete tampoco directamente con el presente artículo- la cultura vial al interior de la Universidad persiste debido a incidentes de esta naturaleza ¿Cuántos doctores creen que merecen un espacio solo por su grado académico? ¿Cuántos alumnos y alumnas creen que pueden subirse sobre los camellones y tapar las vías de tránsito? ¿Cuántas personas creen que pueden ocupar los espacios ubicados para personas con discapacidad sólo porque llegaron tarde y no encontraron un sitio más cercano?

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociales se encuentra a la vanguardia de esta problemática y ha decidido abordarla frontalmente. La campaña en redes sociales “Uaqtúa, la UAQ es tuya” hace un seguimiento diario de las personas que no respetan los lugares asignados y deciden estacionarse en el lugar que les place. Con una interesante propuesta de calcomanías y presión social a los dueños de los vehículos se les conmina a entender que los espacios designados le pertenecen a la colectividad y a nadie en particular, por lo cual es menester comprender cuando los espacios están llenos y para evitar obstruir el paso de otros vehículos o de dañar la naturaleza, hace falta buscar otro sitio dónde aparcar el auto.
Creo que el problema de fondo lo podemos analizar en dos vertientes; por un lado la falta de una cultura de movilidad responsable en la que se incentive el uso del transporte público y el uso de bicicleta, longboard o cualquier tipo de vehículo no motorizado, evidentemente en ese sentido la problemática no se encuentra en la Universidad, dado que si de algo adolece nuestra ciudad es de una eficiencia en este sentido, por lo cual abandonar el auto no parece una solución cercana para los miles de usuarios que todos los días circulamos por las calles.

Pero por otro lado, el uso (y goce) del espacio público es un tema que sí nos debería de importar al interior de la Universidad y que podemos abordar a corto plazo; ¿qué tanta urgencia tienen los infractores por estacionarse? ¡la misma que el resto! Solamente hay una actitud de desidia y desprecio a las reglas comunitarias a las que nos apegamos y que parecieran ser fruto del privilegio con el que se sienten algunos miembros de nuestra comunidad para transgredirlos.

¿Qué tipo de cultura política y de respeto a las leyes estamos fomentando? ¿Qué tipo de Universidad somos? El repetir los vicios del resto de las instituciones, privilegios de los funcionarios, amenazas a los que critican las actitudes negativas, ciudadanía/alumnado que busca la aplicación de la ley en el resto, pero que busca para sí la excepción de la norma.

Y si bien creo que es una minoría la que cree que está por sobre la comunidad, la actitud del resto de los usuarios regulares del espacio público es de una pasividad cómplice ¿Sale caro? ¡Por supuesto! En mi caso no sé en qué consiste la amenaza… “a lo que me atengo” en palabras del doctor Ventura.

Pero algo si me queda claro, allá afuera cuando los funcionarios remodelan las plazas dándoles contratos a sus amigos y familiares (“¡ES MI DINERO!” seguro también querrá decir nuestra élite gobernante cínica),  los que salen perdiendo son las personas en las comunidades periféricas que no tienen servicios públicos o una adecuada infraestructura de salud, educación y seguridad, quizá a lo que me atenga aquí en la Universidad es a perder mi empleo, pero en la realidad, afuera del Cerro de las Campanas, mi silencio cuesta vidas, cuesta seguridad, cuesta desapariciones, cuesta muertes por atenciones deficientes en clínicas sin equipo suficiente, allá afuera el silencio cuesta vidas.

 

Es terrible por los que no comprenden que el espacio es de todos y todas y que tenemos el mismo derecho a utilizarlo, nefasto también que no se comprenda que los recursos gestionados a nombre de una institución (Sedesol, UAQ, etc) son públicos y que deben ser puestos al servicio de los demás… esos no son ni 1% UAQ.

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