Bebidas energéticas y salud cardiovascular: una preocupación creciente

El sistema cardiovascular está formado por el corazón y los vasos sanguíneos, su adecuada función es indispensable para mantener la vida. Sin embargo, diversos factores pueden afectar su funcionamiento y favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Entre ellos se encuentran el tabaquismo, el sedentarismo, una alimentación con exceso de grasas y productos ultraprocesados, así como la exposición a diferentes sustancias presentes en nuestro entorno.
Entre los productos que han despertado interés por sus posibles efectos sobre la salud cardiovascular se encuentran las bebidas energéticas. El problema no radica únicamente en su consumo ocasional, sino en el consumo frecuente o excesivo y, particularmente, en su uso por niños y adolescentes, quienes todavía se encuentran en una etapa de desarrollo.
El consumo de estas bebidas varía entre países. En Alemania, un estudio representativo encontró que 8.9% de los adolescentes de 12 a 17 años había consumido bebidas energéticas durante las cuatro semanas previas. En el Reino Unido, diferentes estudios han estimado que entre 5 y 11% de los jóvenes de 11 a 17 años las consume diariamente. Estas cifras muestran que se trata de un producto con una presencia importante entre la población joven.
¿Qué ocurre con el corazón?
Uno de los principales componentes de las bebidas energéticas es la cafeína. En adultos sanos, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) considera que una ingesta de hasta 400 miligramos de cafeína al día, distribuida a lo largo del día, no representa un problema de seguridad para la población general. Para una dosis única, el límite considerado sin preocupación para un adulto sano es de hasta 200 miligramos, aproximadamente 3 miligramos por kilogramo de peso corporal.
En niños y adolescentes, la situación merece mayor precaución. La EFSA señala que una ingesta de hasta 3 miligramos por kilogramo de peso corporal puede utilizarse como referencia de seguridad, aunque reconoce que la información disponible en estas edades es más limitada. Por su parte, la American Academy of Pediatrics desaconseja las bebidas energéticas en niños y adolescentes debido a la presencia de cafeína y otros estimulantes.
La razón de esta preocupación es que estas bebidas pueden producir cambios medibles en el sistema cardiovascular. En un estudio clínico realizado en niños y adolescentes sanos, una bebida energética produjo un incremento de hasta 5.23 cifras en la presión arterial sistólica y de 3.29 en la presión arterial diastólica en comparación con una bebida sin cafeína. Otro estudio encontró un aumento significativo de la presión arterial durante las 24 horas posteriores al consumo.
Además de la cafeína, muchas bebidas energéticas contienen cantidades importantes de azúcar y otros ingredientes estimulantes. Su consumo frecuente puede contribuir a un patrón alimentario poco saludable y, a largo plazo, favorecer factores de riesgo cardiometabólico. La evidencia actual también señala que todavía necesitamos más estudios para conocer con precisión las consecuencias del consumo elevado y prolongado durante la adolescencia.
Por ello, la pregunta que debemos hacernos como sociedad es sencilla: ¿estamos suficientemente informados sobre lo que consumen nuestros niños y adolescentes?
La prevención de las enfermedades cardiovasculares comienza mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Informar a nuestros jóvenes sobre los productos que consumen, promover hábitos saludables y fortalecer las estrategias de prevención puede contribuir a proteger su salud presente y futura.
Trabajemos con determinación para lograr lo más importante, hagámoslo por la vida y la salud.
*Docente y Coordinador de la Licenciatura en Medicina General
Universidad Autónoma de Querétaro


