Opinión

Bungeanas

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Como ya lo anunció el flamante nuevo Presidente Peña Nieto, un cambio, lo que se dice un cambio, en la política de Estado respecto a la seguridad de los mexicanos, habrá de esperar. El nuevo gobierno ha empezado con mucho empuje en otros ámbitos levantando los ánimos de algunos críticos y analistas. Sin embargo observo rostros de gente común: cuando se refieren a la política y a los políticos, percibo una especie de fatalidad escéptica.

Con ello decidí entregar en este número de Tribuna algunas reflexiones de Mario Bunge. El escepticismo que comparto con Bunge me permite, con mayor certeza, desearles lo mejor al gran equipo de Tribuna y a todos sus lectores.

Industria del delito

Viven del delito no sólo los rateros, asaltantes, estafadores, falsificadores, extorsionistas, fulleros, coimeros, narcotraficantes, contrabandistas, alcahuetes, pederastas, tratantes de niños y de blancas, estupradores, curanderos, brujos, adivinos, vendedores de aceite de culebra, terroristas y asesinos profesionales, incluidos los matones. (En realidad tendría que agregar a los asesinos al por mayor, en particular conquistadores, genocidas y dictadores. No los incluyo porque suelen actuar dentro de la ley, sobre todo cuando son ellos mismos quienes la escriben) También viven del delito policías, delatores, detectives, abogados, procuradores (“coyotes”, en mexicano –sic–), jueces, empleados de tribunales, guardiacárceles (sic), torturadores, verdugos, constructores y proveedores de cárceles, y políticos que exageran el peligro de la delincuencia para conseguir votos. Incluso los autores, editores e impresores de novelas policiales la pasarían mal si no hubiera delincuentes profesionales, ya que la gente común sólo roba para comer y sólo mata por error o por pasión, nada de lo cual ocurre con frecuencia.

Causas de la delictuosidad

La criminalidad es un hecho social, no puramente biológico. Tampoco se le puede explicar en términos puramente psicológicos, ya que, en una sociedad bien constituida, el hogar y la escuela enseñan a controlar los impulsos antisociales. En cuanto a las explicaciones míticas (maldición divina, complejo de Edipo y similares), son puras fantasías que no ayudan a prevenir el delito.

O sea, para disminuir la delictuosidad y rehabilitar al delincuente hay que empezar por averiguar las causas de la delictuosidad y las maneras de manipular esas causas. Sólo así se podrán disminuir apreciablemente sus efectos. Pero, ¿quién apoyaría semejantes estudios y deliberaciones? ¿Los que viven del delito propio o ajeno? ¡No seamos ingenuos!

Moralejas escépticas

1. Confundir deliberadamente es estafar. No se deje estafar.

2. Errar es humano, pero persistir en el error es estúpido o criminal. Corrija sus errores antes de que lo tomen por tonto o por canalla.

3. En política, exagerar para cualquiera de los dos lados es peligroso. No arriesgue el pellejo subestimando, ni haga el ridículo exagerando.

4. Las predicciones políticas son azarosas porque no conocemos leyes históricas. Desconfíe de quien le ofrezca venderle el futuro, sobre todo en cuotas de sangre.

5. En política las palabras sirven, ya para informar, ya para engañar. No sea ingenuo: tome con pinzas y examine todo lo que le digan, y recuerde que el mentiroso mayorista suele ser premiado y recordado, ya injustamente como gran hombre, ya justamente como gran rufián.

6. Antes de aceptar un pagaré político averigüe si el firmante es solvente y si su pasado inspira confianza.

7. Desenmascare el maquiavelismo: contribuya a moralizar la política. A buenos fines, buenos medios.

8. Recuerde que la agresión armada, por justificada que parezca, es un crimen. Y que este crimen se da en dos variedades: de abajo y de arriba (o terrorismo de Estado). El terrorista de abajo puede caer bajo el Código Penal, mientras que al de arriba le cabe el Código de Nüremberg. En resumen, cuando oiga la palabra ‘guerra’, desconfíe: acuda al diccionario y averigüe quién es el auténtico enemigo y cómo combatirlo sin cometer crímenes de guerra.

Metamoraleja: Desconfíe de todas las moralejas, incluso las que acaba de leer, pero no se deje paralizar por la desconfianza. La duda sacude y la crítica quiebra, pero para que haya algo que sacudir o quebrar es preciso empezar por construirlo. (En inglés queda más bonito: Doubt shakes and criticism breaks: Neither makes, and making is what counts.) Para que sirva, el escepticismo no debe ser una doctrina sino una fase de la investigación.

rivonrl@gmail.com

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