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¿Burócratas, profesionales o militantes de la vida otros mundos posibles?

Los fines de año sirven para revisar los acontecimientos y tratar de entender los dramas que nos afectan: ¿Cómo llegamos hasta acá y por qué no nos dimos cuenta de lo que se venía gestando desde hacía décadas y ahora nos explota en la cara?

Pareciera que estamos asentados sobre una zona volcánica con múltiples cráteres eructando turbulencias y que, a fuerza de tratar de ocultarlas, estallan al unísono, precisamente cuando el gran movimiento popular de regeneración logra asumir el poder formal en México, e intenta impulsar la 4T, para dar un giro y evitar el desastre.

La 4T, desde sus muchas grietas internas y frentes abiertos, se enfrenta a lo que los zapatistas llamaron Hidra Capitalista, ese monstruo milenario de 100 cabezas, que al cortarle una, le crecen dos más.

Una mirada fuera de México lleva a reconocer que no estamos simplemente en medio de un pleito entre partidos políticos o grupos tribales de derecha e izquierda. Estamos siendo arrastrados por una fuerza mucho más compleja: un “cambio de modo de producción”, que surge con la última crisis del capitalismo. El sistema parece vomitar todas las contradicciones que ha acumulado y, al hacerlo, devela todo lo que venía ocultando o normalizando.

Tardamos 500 años para reconocer que el capitalismo, que prometió progreso, democracia, libertad, bienestar, un mundo libre y feliz para todos, terminaría en lo que hoy tenemos: Datos duros revelan la obscena concentración de la riqueza en unas cuantas micro élites (Según Forbes, cinco ricos acumulan más de un billón de dólares y con cada crisis aumentan sus ganancias). Tal acumulación, además de haber provocado una crisis climática sin precedente, sume en la pobreza a 5 mil millones de personas y divide al mundo en “ganadores” y “perdedores”, generando (en países, sectores e individuos), además de individualismo y desigualdad extrema, inestabilidad financiera; inseguridad; desconfianza en el sistema, descontento generalizado, que lleva a la sensación de vulnerabilidad, soledad o abandono frente al Leviatán, y la urgencia de hacerse justicia por propia mano,

Andrea Rizzi, periodista de “El País” advierte: “Hay un gran vacío entre el Estado y los individuos; las instituciones mediadoras están fallando”: sindicatos, partidos políticos, escuelas, familias, etc. Rizzi llama a nuestro tiempo: “La era de la revancha” (Anagrama). La gente ha caído en la cuenta de que: “Las élites se han movido bajo impulsos depredadores, con una avidez desaforada…”. Si ellas lo hacen y no pasa nada, ¿qué espero yo?

Su análisis permite reconocer que buena parte de los desafíos que enfrentamos las personas dedicadas a la educación tienen mucho más que ver con esta condición geopolítica global y menos con deficiencias personales propias o del prójimo. Aquí y ahora nos tocó vivir.

En este revoltijo de mundo, cuando todo es confuso y no sabemos en quien confiar, es común que la ansiedad invada el ánimo, en especial, en especial de las responsables de educar. ¿Como gente adulta habremos de fungir cual pararrayos que recoge y recrea la descarga eléctrica, antes que destruya la casa del corazón infantil?, pero ¿cómo contagiar ánimos y alegría de vivir, cuando el alma y el intelecto están rotos y semi perdidos?

Siguen vigentes las preguntas que también toca responder a la NEM o 4T: ¿Qué clase de docentes quiere tener?: ¿burócratas que pierden dignidad y sentido al alegar: “hacen como que me pagan, hago como que trabajo”?; ¿profesionales apasionados por la tarea educativa de modo autónomo, más allá de lo que marquen los programas oficiales, para luego abandonar la carrera pues les resultó “poca cosa”?, o ¿militantes?, no de partidos políticos, ni de izquierda, ni de derecha, ni de centro, sino personas comprometidos con la emancipación humana y el cuidado de la naturaleza; creyentes de que otro mundo posible y dispuestas a participaren su construcción ahí donde estén, a pesar de las condiciones adversas, como aquella comunidad que huyó de la ciudad en “Fahrenheit 451” para reconstruir su historia y su comunidad.

La NEM le debe mucho al magisterio nacional en especial al de las escuelas públicas.

¿Qué hará para recuperarlo?

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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