Buzón del lector

El Gran Bate de las Nalgas Frías

La realidad de la actual Secretaría de Cultura del Estado, cuya titular es Paulina Aguado, ha venido a menos comparada con las tres anteriores administraciones en todas las áreas que le competen. No existe un programa editorial, no hay personal capacitado contratado para desarrollar uno, no hay apoyos a proyectos de ninguna índole, han cerrado los festivales de música y las propuestas de formación son cada vez menos frecuentes en las diversas instituciones a su cargo.

Aunado a ello, los criterios que se ejercen para otorgar becas y premios se ven afectados por la irregularidad de las decisiones, la forma intrépida con la cual para la institución es más importante un papel que acredite la región en la cual nació y vive el aspirante que la obra misma, cuyo contenido y forma estoy seguro ni siquiera aprecian, y, sobre todo, por otorgar premios a quienes visiblemente han conformado un grupo que sólo trabaja para su causa con el mayor descaro sin que la institución tenga a bien poner un freno a sus abusos.

Me refiero al grupo conformado por Federico de la Vega, Miguel Aguilar Carrillo, Diana Rodríguez y Carla Patricia Quintanar, quienes de antaño se vienen colocando coludidos en ser juez y parte de los programas de apoyo que se brindan y que se reparten entre ellos sin el menor recato de exhibirse como parte de una misma editorial. Calygramma es una editorial excluyente, que pretende, con favores de publicación, posicionar a quienes la dirigen en un medio donde no basta decirse escritor, comprar becas, o repartir el premio para que el trabajo sea realmente una obra.

La mediocridad del grupo de Miguel Aguilar Carrillo es absoluta no sólo en el asunto literario, también es absoluta hasta para coludirse. Conocido por su imperante necesidad de no trabajar, de pedir dinero prestado, de auparse a las farras sin pagar un solo cinco, de tener su mejor oficio atendiendo una salchichonería, de la cual salió creyendo que era un poeta, y de aspirar, como mecanismo de justificación, a todas y cada una de las becas que el sistema ofrece mostrándose capaz de todo para conseguirlas, su desfachatez no tiene límites.

Su grupo ha avanzado ostentando la ridiculez de poder poner a los jurados que premian y en resultar ellos los premiados. Con todo, sus aspiraciones no terminan en su actual trabajo y derrotero como dueños de las publicaciones de la UAQ, donde el sello editorial no es el sello editorial de la Universidad, sino un sello editorial particular y propio que utiliza los recursos de la Universidad para, nuevamente, posicionarse.

Por supuesto que estamos hablando de vicios de compadrazgo. De un abuso absoluto por parte de un grupo que apenas cumple la mayoría de edad literaria si ponemos sus propios trabajos en el cadalso y evaluamos sus pobres decires con la realidad de lo que es una literatura. En realidad, no buscan la literatura: buscan los beneficios de dineros que el sistema brinda ocupando espacios para los cuales no están capacitados.

Hoy, nuevamente, no sé ya por cuántas ocasiones, otra vez Miguel Aguilar Carrillo es premiado por el programa APOYARTE, y sin duda que es un asunto lamentable pensar que tal premio, dada su conducta, y la conducta de su gran grupo de farsantes, de recomendados, de gente buena y queretana que siempre tiene apoyo en la tradición de una buena familia, de guerrerazos del progreso y de la meritita verdad, lo juro por Dios aquí frente a San Francisco porque soy bien catolicote, se lo otorgaron porque, como les es natural, se coludieron.

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