Buzón del lector

¿Quién ganó el primer debate presidencial?

Nuestra opinión puede ser negativa o positiva según el grado en el que el candidato coincida con los valores políticos del elector. Lo que escuchamos en el debate nos da información que afianza la imagen que ya teníamos de los candidatos.

El pasado 22 de abril se llevó a cabo el primer debate presidencial rumbo a la elección del 1 de julio y durante dos horas los mexicanos pudimos ver y escuchar a los cinco aspirantes a gobernar el país. Después de un par de propuestas, ataques entre candidatos y algunos comentarios controversiales, la pregunta generalizada es: ¿quién ganó?, ¿qué candidato logró vencer al resto y probablemente subir en las encuestas? La respuesta va más allá del nombre de algún candidato.

No todos vimos el mismo debate; procesamos la información recibida de formas distintas, analizamos lo que escuchamos a partir de nuestra posición en la estructura social, de lo que consideramos bueno y malo, de lo que aprendimos en la escuela o con nuestras familias y amigos. Estos son valores políticos y son nuestra principal herramienta mental para interpretar lo que vemos y escuchamos, con base en ellos construimos preferencias y decidimos nuestro voto.

La mayoría del electorado que vio el debate ya conocía a los candidatos, a sus partidos, había escuchado algo de ellos o tenían algún tipo de información al respecto, es decir, ya tenían una opinión previa al debate. Dicha opinión puede ser negativa o positiva según el grado en el que el candidato coincida con los valores políticos del elector.

En este sentido, aunque no se haya decidido por quién votar, ya se tiene una idea de quién gusta o disgusta. Las opiniones que tiene el ciudadano sobre temas como religión, partidos de izquierda y de derecha o el papel del Estado influyen en la información que recibe, desde con quien conversa, qué periódicos lee, qué información le parece relevante, a qué medios de comunicación accede y en términos más generales, lo que le interesa y lo que no. Si invertiste dos horas de tu domingo para ver el debate presidencial lo más probable es que te interesa el tema de las elecciones y que has recibido información que hace que tu posición no sea completamente neutral. Lo que escuchamos en el debate nos da información que afianza la imagen que ya teníamos de los candidatos.

En enero, ‘El Financiero’ realizó una encuesta nacional que denominó “taxonomía del electorado”, en la cual pretendía conocer los porcentajes de electores leales, cambiantes e indecisos en México. Los resultados arrojaron que el 36 por ciento del electorado se considera leal, con un fuerte sentido partidista, de identificación o de costumbre; representan el voto duro de cada partido. En cuanto a los votantes cambiantes, el 40 por ciento de los encuestados se ubicó en este grupo al decir que a veces votan por un partido y a veces por otro. Por último se encuentran los indecisos, a este grupo pertenecen quienes expresaron dificultad para elegir a alguno de los candidatos, mostraron más apatía o menos interés en las elecciones y representan el 17 por ciento del electorado encuestado. Lo que esto nos dice es que sólo el 17 por ciento de los mexicanos realmente desconoce las opciones y si lo aplicamos al debate, este sería el porcentaje de mexicanos que vería el debate sin una opinión clara de los candidatos.

Si cada quien vio su debate con opiniones previas de los candidatos y el porcentaje de indecisos es mínimo, cada candidato ganó o perdió según sus términos. ‘El Bronco’ obtuvo popularidad con sus declaraciones controversiales, podemos decir que ganó y probablemente suba en las encuestas; Andrés Manuel López Obrador (AMLO) “nadó de muertito” y a sus simpatizantes les ha parecido buena estrategia, ya que ganó al no perder su ventaja; Anaya seguramente se vio bien para el sector que lo apoyaba, también ganó. Lo cierto es que difícilmente las posiciones en las encuestas tendrán cambios drásticos.

Probablemente la participación de Anaya le haga subir algunos puntos sin que esto signifique una amenaza a la delantera tan amplia que tiene López Obrador. Estamos hablando de más de 20 puntos de distancia entre uno y otro candidato, aunado a ello está hartazgo social que ha sabido capitalizar AMLO, la crisis de legitimidad del gobierno de Enrique Peña Nieto, los escándalos de corrupción de gobernadores priistas, la inseguridad que se vive en el país, entre otros muchos factores que pueden mover la balanza. En otras palabras, son muchos los temas que conciernen a la política mexicana actualmente y son estos más complejos, antiguos y profundos que lo que dejó ver de forma superficial el debate del domingo pasado.

 

*Estudiante de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Autónoma de Querétaro

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