Buzón del lector

Una perspectiva del proceso electoral para la Rectoría 2018-2021

En un programa grabado el 27 de septiembre de 2017 del Sindicato de académicos de la UAQ denominado “La Voz del SUPAUAQ”, que yo esperaba que saliera al ciberespacio el día 4 de octubre de 2017, pero que por prudencia política el Comité Ejecutivo del SUPAUAQ, presidido Saúl García Guerrero, decidió esperar una mejor oportunidad, en esa ocasión, yo señalaba, contestando las preguntas de su conductor Juan Pablo Mendoza (“despedido político”, no acosador) acerca de la democracia en la UAQ, que la participación de todos los universitarios era muy importante, pues la Universidad era un espejo de lo que ocurría en la sociedad, con todos los vaivenes que se dan en los procesos electorales.

Por ejemplo, yo insistía, en la entrevista citada, que la UAQ, a diferencia de la UNAM (que elige rector por integrantes de una “Junta de Notables”), entre otras universidades, gracias a la Ley Orgánica y al Estatuto Orgánico, se da un proceso de auscultación en las facultades que afortunadamente, gracias a las reglas complementarias que se han venido implementando han generado una participación de estudiantes y maestros, quienes eligen con voto directo y secreto, en urnas separadas, que son representativas, cada una, al equivalente al 50 por ciento, sumando entre ambos sectores el 100 por ciento de los votos, mismos que tienen una característica vinculante en el resultado electoral de cada dependencia académica universitaria, pudiendo ocurrir que el voto mayoritario de cada sector pueda ser diferenciado, es decir, en un sector puede ganar un candidato y en el otro, un candidato diferente. Lo cual se expresaría en el hecho de que cada facultad cuenta con cuatro consejeros universitarios, dos estudiantes y dos maestros, que llevarían esos resultados de la votación, a la sesión electoral del Consejo Universitario correspondiente, en la que se requeriría del 66 por ciento de los votos de los consejeros universitarios para que se declarara oficialmente un ganador: el inquilino o inquilina mayor del Cerro de Las Campanas.

De no ocurrir así en la primera ronda de votación, se tendría que ir a una segunda ronda, con los dos contendientes mayoritarios, y nuevamente desarrollar la votación correspondiente en las diferentes unidades académicas y realizar una nueva sesión extraordinaria del Consejo Universitario para efectuar la votación de los consejeros universitarios, con los nuevos resultados de ese ejercicio electoral, requiriéndose el 66 por ciento de los votos de los consejeros alumnos y maestros. De no obtener ese porcentaje necesario, la comunidad universitaria iría a una tercera ronda, hasta lograr esa mayoría del 66 por ciento. Antes de ello, pueden darse una serie de negociaciones entre los candidatos, para poder conjuntar los sufragios necesarios según la normatividad universitaria.

En el mismo tenor, Juan Pablo Mendoza me inquiría sobre si había avances o retrocesos en la vida democrática de la UAQ. Yo le comentaba que me parecía que en el panorama general había avances significativos, pues ahora no eran los consejeros universitarios, a título personal, quienes elegían sin tomar en cuenta las elecciones internas en las facultades y en la Escuela de Bachilleres.

Sin embargo, en algunos aspectos había retrocesos como en la Facultad de Psicología, en la que se había perdido el voto universal, se había excluido a los trabajadores administrativos del proceso y la votación se había hecho por voto ponderado, con el 50 por ciento por cada sector. Ahora, fuera de la citada entrevista “inédita”, los trabajadores administrativos pedían en la sesión del Consejo Universitario del 28 de septiembre de 2017 una participación como votantes simbólicos o como observadores electorales acreditados, cuestión que al parecer no aceptó la Comisión Electoral.

En lo que se refiere al proceso electoral en curso en el que participan Blanca Gutiérrez Grageda, Teresa García Gasca y Arturo Castañeda Olalde, es decir dos mujeres candidatas y un varón, lo que no significa, de por sí, que sea un avance de género (pues no aparecen en sus programas las reivindicaciones de una universidad en proceso de feminización, ni la transversalización del género en los planes y programas de estudio).

Por otra parte, como ya ocurrió en procesos electorales anteriores, las presentaciones son muy acartonadas, rígidas y para nada se prestan a la crítica, mucho menos para el debate abierto entre los universitarios. Ni Teresa García Gasca, ni Blanca Gutiérrez Grageda, se desmarcan de la actual administración, con lo que aparecen como parte de las jugadas del ajedrez político de la continuidad. La Comisión Electoral fue de “carro completo” para estas dos candidatas, mientras que Arturo Castañeda Olalde, abre el terreno para la negociación del conflicto sindical.

El aplausómetro está como el oleaje, sube y baja según las facultades y audiencias. La moneda está en el aire y el voto universitario se caza hasta en los aviones. El primer vuelo arranca el 24 y el segundo el 27 de octubre de 2017.

 

BGG. “Me han pedido que de señales claras de ruptura con esta administración (de Gilberto Herrera Ruiz, Rector de la UAQ), que de un mensaje claro y que en la medida en que yo rompa, se vienen conmigo. No lo voy a hacer, porque soy institucional y tengo un compromiso con los universitarios…”.

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