Buzón del lector

Y que retiembla en septiembre la tierra

Buzón de lector

Háblenme montes y valles, grítenme piedras del campo.

José del Refugio “Cuco” Sánchez Saldaña

La alerta tardó en llegar

Íbamos con tiempo al zócalo de la Ciudad de México, sobre la calle José María Izazaga cuando vemos una turba de gente salir de la puerta de un edificio alto con las manos en alto, y todo se detuvo, los autos, los camiones, la gente en la calle, los vuelos de los aviones, todo era un caos, bueno… la ciudad de por si es un caos.

Pero ahora la tierra se movía, crujía con un rechinar de dientes de coloso gigante, los postes de luz bailaban como candelabros, la tierra era el cielo y un par de cuadras atrás la polvareda de un edificio derruido, la ciudad se estremecía una vez más, en 19 de septiembre, pero 32 años y cuatro horas más tarde. La alerta sísmica tardo en llegar en una ciudad que había tenido una alerta sísmica conmemorativa un par de horas antes, hubo quien dudo de una segunda alerta poco tiempo después.

Un niño dijo que su escuela se derrumbó, una señora lloraba, un trío de ancianos se abrazaban a media calle, era un crujir de temores, un ulular de patrullas, helicópteros revoloteaban y el cielo se limpió de aviones, cosa muy rara para la ciudad, una metrópoli sin aviones, vislumbra el tamaño del caos.

Asaltantes oportunos

Un tipo raro como de 40 años, barba crecida y camisa formal pero arrugada, nos pedía un aventón a las cercanías. Una amable señora en motoneta se ofreció a llevarlo, pero él no quiso. Por la tarde me entero que eran asaltantes inoportunos que lograron sorprender a varios automovilistas en el centro de la ciudad. Salvamos el temblor y el asalto esa mañana de septiembre, esto está por quebrarse y la tierra lo sabe.

Y ahora ¿cómo salimos de la aquí?

La policía sabía, y bien que sabía, que nada sabía. Varios de ellos no pudieron decir ¡cómo se sale de ahí!, rumbo a Querétaro, así hasta que un policía uniformado nos dijo que podíamos usar circuito interior, que estaba fluyendo. Era un decir porque había mucho tráfico y nuestras esperanzas más que en periférico estaban puestas en el circuito exterior mexiquense que fue el que nos permitió salir victoriosos de la ciudad caótica, el cielo seguía limpio de aviones, lo que le daba una sensación de cielo limpio y claro, de cielo de México.

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