Opinión

Café Tacvba y lo aleatorio del azar

Catálogo Público

Por: Carlos A. García C.

@cgarca_a

La vida es un negocio, sin importar si ella cubre gastos o no. (M. Heidegger)

Después de algunos, quizá bastantes años de no pisar el Hipódromo de las Américas, desde aquella confusión cuando no sabía qué hacer con la apuesta, en la carrera súper-especial donde corría DILIK , la yegua más preciada de la década de los ochenta, quizá tenía más fans que Isabelle Adjani, Brooke Shields, Madonna, Cindy Crawford, Leticia Perdigón,  Gabriela Goldsmith, Julieta Rosen, Elizabeth Dupeyrón, Felicia Mercado, Adela Noriega pero a diferencia de ellas, DILIK  poseía unas trancas cortas, una cresta fascinante (sin tratamientos capilares) , la pura sangre se olfateaba en su trote, ella era la Reyna de cualquier Derby en América, su maternidad hizo que postergara su fama en Europa. DILIK tenía un porte cercano al de Rebeca de Alba o de una perra Afgana, DILIK, la portentosa que recuerda a Abjar el caballo de Antar, pero ella no era guerrera solamente era una yegua, especialista casi en todas las distancias, aunque su fuerte era el cuarto de milla Tenía un record impresionante en pista con lodo, en pista rápida y hasta en pista semi-mojada, toda una yegua.

Siempre tenía los momios a su favor, aunque los coyotes le jugaban la contra,  porque si  DILIK perdía, los coyotes o apostadores de oficio podrían llevar un poco más de despensa a casa, de las miserias acostumbradas, cabe recalcar que los coyotes se juegan la quincena, a veces en un par de carreras e ilusionados siempre esperan pegarle, esto quiere decir ganar al menos una carrera. La incertidumbre en apostar a favor de  DILIK, sólo ocurría si un colombiano hijo de la chingada llamado César Mora la montaba, el cabrón era de esos jockeys que arreglaban las apuestas y el muy hijo de la chingada en ocasiones frenaba ya en la recta final a los caballos que montaba, todo un hijo de puta, el público de la sección popular del hipódromo se lo madreo varias veces por ser tan hijo de puta.

Mi pregunta casi  pre-cartesiana era ¿Qué hacer con la apuesta? Apuesto, luego soy; entonces deje de ser cartesiano y me transforme en un apostador, que no sabía que apostar. Mi perplejidad reincidía en el formato de la apuesta. Si meterla exacta- sencilla  por ejemplo:

4 5

Como su nombre lo dice estos números y entre tanto caballos deben ser exactos primero 4, segundo 5.

O exacta-candado o  trifecta especial:

4 5 9

Este formato tiene la ventaja que no importa el orden, solamente que sean estos tres caballos los tres primeros lugares.

Nunca pensé el formato exacta-llave, no lo pensé, ya que esta última consistía en  poner al primer lugar y los otros tres como arribarán a la meta, por ejemplo:

4  5 9 10

Mi perplejidad era inminente, si en las primarias de los ochentas, noventas y dos miles hubieran enseñado a Baudrillard, quizá no hubiera pasado por esa incertidumbre de no saber que apostar y de no saber qué hacer con el dinero. Baudrillard replica: “Si el juego es este intento de seducción del azar, vinculándose a concatenaciones obligadas de signo a signo que no son las de causa a efecto pero tampoco aquella aleatorias, de serie en serie, si el juego tiende a abolir la neutralidad objetiva del azar y su libertad estadística captándola bajo la forma de duelo, de desafío y de puja regulada, es un contra sentido imaginar, como lo hace Deleuze en la Logique du Sens un juego ideal que consistiría en el desencadenamiento del azar en un aumento de indeterminación que dejaría sitio al juego simultaneo de las series, y en consecuencia a la expresión radical del devenir y del destino”. Si al menos hubiera conocido esas palabras: ALEATORIO y AZAR como El fin de la infancia. Lo aleatorio que hoy es un acto cotidiano con el i-pod y la reproducción del sonido.

Esa noche en el in-field del Hipódromo me acompañaron: María, la Rarotonga y la Ingrata. Atisbado ya en el concierto  con las susodichas y bebiendo nieves de Malta, hacían su aparición cuerpos cadenciosos, porras sugerentes y emotivas como:

¡¡¡ Calderoooón chingas a tu madre!!!

O el chavo banda extraviado, buscando a su Chica Banda pero eso sí; lúcido con respecto a sus gustos musicales:

Killers, killeeers ya discútete!!!!

En el hipódromo se pueden jugar todas las clases sociales, así en los conciertos del cafeta. En una diferencia radical para los ilusos post-mos que sugieren la existencia del confort y la caída de los grandes discursos, que no es el caso de América Latina. La música de Café Tacvba contiene esas cualidades, la disolución comunitaria, al menos durante el concierto, azarosamente el sonido del Tacvbita juega con los géneros musicales, entre tanto con las identidades, recuérdese el death-metal que impregna El Borrego.

La noche seguía atrapando a los asistentes que seguían bailando con la Banda Tacvbitas, la María se dejaba escuchar Sale sola de noche María (sin –loops) la Rarotonga Celosa y la Ingrata habitando su valemadrismo tácito y etílico.

Ojala que llueva café y Flor de Capomo sonaban cuando de repente una lluvia torrencial,  incalculable, como lo  es la naturaleza, inundo el in-field del hipódromo, de repente la masa muto y parecíamos caballitos de mar.

Los más aventados muy al estilo como lo han mostrado los devedés con imágenes disueltas con los sonidos de  Glastonbury y Lollapalloza se desprendieron de sus playeras para mostrar la engorda de estos años cerveceros, al unísono se escuchaba ¡Chichis, chichis, chichis! Las tetonas y no tetonas Mendoza, Gómez, Ibarrola, Rodríguez, se hicieron presentes.

Las playeras mojadas fueron gratis, pezones erectos al por mayor y el juego de seducción había comenzado con la lluvia.  Cuerpos mojados tratando de sacudir el agua mientras sonaba la Chilanga Banda y la Ingrata.

Así, los Tacvbos (Albarrán, Del Real y los Rangel)   se mostraron generosos y divertidos, arriesgados estéticamente, entre tanto musicalmente. Los asistentes en el estacionamiento se desnudaban y seguían coreando El Baile y el Salón como si la noche no hubiese terminado, la María , la Rarotonga y hasta la Ingrata venían mojadísimas  y contentas, y yo me preguntaba Oye Carlos por qué tuviste que decirle que la amabas a Mariana.

 

 

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