Opinión

Calzada y la construcción del kitsch

Por: Daniel Muñoz

Calzada Rovirosa va de salida. El gobernador socialmente mejor aceptado (en época reciente) del que se tenga memoria. Aceptado por las élites y por los núcleos más conservadores de la sociedad queretana, a los que yo llamo  “la queretaneidad”,  este es el sector para el que gobierna, y partiendo desde ahí,  es para los que gobierna bien: para los no excluidos, para los que no pretenden cambiar el status quo, para los organismos empresariales, para los medios de comunicación tradicionales, para el ideal queretano basado en los principios morales que impulsa la iglesia, para las apellidos políticos de antaño, donde el apellido Calzada va entre la bola. Calzada ha gobernado para ellos, creando nuevas expectativas sobre la ciudad y sobre su crecimiento, haciendo creer que Querétaro es un “paraíso” dentro del inframundo llamado México que es azotado por el crimen y la inmensa corrupción, pero donde Querétaro, es la excepción.

En el Querétaro de Calzada, no pasa gran cosa más que buenas noticias; las únicas correctamente aceptadas, son las que salen en la prensa oficial, la que se paga. Calzada ha creado una burbuja de Querétaro, Calzada es el gran publicista de esta entidad, vendedor nato de sueños. Es el estereotipo ideal para una sociedad donde impera el Kitsch, concepto explicado de forma impecable por Milán Kundera en su novela La insoportable levedad del ser.  Kundera afirma, palabras textuales, que el ideal estético del acuerdo categórico con el ser, es un mundo en que la mierda es negada y todos se comportan como si no existiese. Este ideal estético se llama Kitsch.

Explica  que en sentido literal y figurado: el kitsch  elimina de su punto de vista todo lo que en la existencia humana es esencialmente inaceptable….  Afirma también: Nadie lo sabe mejor que los políticos. Cuando hay una cámara fotográfica cerca, corren en seguida hacia el niño más próximo para levantarlo y besarle la mejilla. El Kitsch es el ideal estético de todos los políticos, de todos los partidos políticos y de todos sus movimientos, escribe Kundera.

Esto ha sido el gobierno de Calzada, un gobierno donde no se puede hablar de lo malo, porque lo malo, ha sido como la mierda que explica Kundera, escondido por el inmenso derroche de dinero que se paga a los medios y en enaltecer la imagen del gobernador. Da lo mismo, si se ocupa como pretexto a los Gallos Blancos, algún partido de la selección mexicana, una corrida de toros, la peregrinación o un evento social para mantener la idea de que Calzada es omnipresente. Calzada ha pasado cuatro años construyendo su propio Kitsch, que ha dado como resultado, un percepción sobrevalorada de los queretanos sobre su propia entidad, algunos so pretexto de que ya no cabemos, o que se está perdiendo la “inmensa” calidad de vida con la que se vive aquí, manifiestan su rechazo a que la gente siga viniendo a establecerse en Querétaro.

El Querétaro de Calzada no es el de las periferias, donde la erosión social se traduce en exclusión. El Querétaro de Calzada no es el de la pobreza lacerante, manifestada en los semáforos de la ciudad. El Querétaro de Calzada es aquel donde no pasa nada, no es el Querétaro de las desaparecidas ni el del narcomenudeos. El Querétaro de Calzada no es el del crecimiento desordenado. El Querétaro de Calzada no es aquel donde la economía familiar es precaria, sino el de los grandes desarrollos como Central Park y Antea, centro comercial que será el más grande de américa latina. En términos reales, el Querétaro de Calzada es el de la tremenda simulación y no el de un Querétaro progresistas acorde al discurso. No es el Querétaro que se imagina cuando Barack Obama menciona a nuestro estado; es la construcción de un Kitsch, como lo explica Kundera, donde la mierda es inevitable pero inaceptable, de la cual, no se tiene que informar.

Calzada va de salida. Aspiraciones legítimas tendrá para el futuro. Sus fans, que son muchos, lo hacen presidenciable. La gran diferencia del Calzada de hace cinco años que aspiraba a ser gobernador al que quizá quisiera ser presidente, es que ahora se tendrá que sujetar a la disciplina partidista; pienso que Calzada perdió una oportunidad histórica de cambiar la forma de hacer política al interior de su partido, el poder lo puso en un muy apetecible estado de confort. Siendo gobernante, prefirió administrar que transformar. Un par de puentes y una que otra avenida son las grandes obras de Calzada. Más allá de eso, lo que Calzada ha hecho bien, ha sido explotar su imagen y la de su familia, ha sabido encajar perfectamente en las percepciones políticas de los queretanos; es todo, menos un transformador. La sociedad queretana, tendrá que pagar a futuro, el hecho de no construir una plataforma sustentable en todos sus ámbitos, porque hasta la sustentabilidad, ha sido materia hueca de discurso en los cuatro años de gobierno de Calzada. Su última gran apuesta, es la implementación del sistema de transporte RedQ, a la que habrá que darle el beneficio de la duda a un corto plazo, no más de años para ver sus beneficios.

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