Opinión

Carmen Aristegui: una voz que clama en el desierto

Por: Francisco Ríos Ágreda

Quisiera hoy elevar una oración y traer cerca de nuestro corazón al pueblo mexicano que sufre la desaparición de sus (43) estudiantes y por tantos problemas parecidos”.

Papa Francisco

En México, el periodismo ha estado muy cercano al ejercicio del poder. Se puede contar con los dedos de la mano los medios radiofónicos y televisivos, la prensa escrita y las publicaciones independientes. Prácticamente, los boletines de prensa elaborados en los escritorios oficiales de las secretarías de comunicación de los poderes federal, estatal y municipal son la materia prima única que homogeneíza la información, desde la óptica del poder. Por otra parte, son conocidas las prácticas de “estimulo” (también nominadas “chayote”) a los medios alineados y a los reporteros que cubren las fuentes gubernamentales.

La contraparte es que los interlocutores independientes que son críticos de las acciones de los políticos de distinto nivel son castigados con la negativa a las peticiones de información, con la exclusión de invitaciones a cubrir los actos oficiales, la suspensión de la propaganda gubernamental en las páginas de la prensa escrita y, en momentos más radicales, con la no entrega de papel. También se niegan las concesiones de las ondas radiales o televisivas al periodismo crítico y a los medios independientes.

Las dos ediciones de la llamada “Ley Televisa” (que también incluye a TV Azteca) nos muestran el trato preferencial para quienes son voceros gubernamentales o que, como decía Jacobo Zabludovsky: “somos soldados del régimen”. Es decir, la pinza se va cerrando de manera progresiva, gradual o veloz, según las coyunturas políticas. Las historias del golpe de Luis Echeverría a la cooperativa periodística de El Excélsior, y posteriormente al UNOmásUNO, o el intento de control del semanario Proceso a lo largo de sus casi 40 años de existencia, apuntan claramente en esa dirección. Tal vez sea igual o peor de bárbara la forma de dominio y control de los medios de provincia, dónde los gobernadores y presidentes municipales se mueven como verdaderos señores feudales o como caciques regionales, en donde nada se mueve sino es con la voluntad expresa y aprobada del círculo del poder y de las clases dominantes locales.

Para muestra basta un botón. Mientras la oficina de comunicación de la presidencia de la Rrepública trata de ofrecer una versión humana, solidaria y paciente de Enrique Peña Nieto, como un presidente que escucha con atención la queja, el dolor y sufrimiento de los padres y familiares de los muertos, heridos y de los cuarenta y tres desaparecidos de la Normal Rural de Ayotzinapa, el periódico La Jornada y Carmen Aristegui, desde MVS Noticias, presentan la otra cara de la moneda. Los padres de las víctimas claman justicia, exigen una respuesta seria y fuentes de información verídica y la aparición con vida de los estudiantes normalistas atacados, secuestrados y desaparecidos por la policía de Iguala, Guerrero. Los familiares ya no tienen confianza en las instituciones y mucho menos en la figura presidencial. Ya lo decía el Movimiento por la Paz, encabezado por el poeta Javier Sicilia: “Ya estamos hasta la madre”.

En este contexto, me parece muy loable la propuesta que formuló Verónica Núñez, directora de la Facultad de Lenguas y Letras, al Consejo Universitario para otorgar el Doctorado “Honoris Causa” a Carmen Aristegui, por su indudable contribución a la apertura de la sociedad a la información y conocimiento de la realidad nacional y queretana —con todas su implicaciones—, que cuestionan, con base en la veracidad y objetividad de sus notas, comentarios, entrevistas y reflexiones, tanto al poder establecido como a los poderes fácticos. Cómo no recordar, por ejemplo, sus programas sobre la situación de encarcelamiento ilegal, por un supuesto secuestro de seis miembros de la extinta AFI, en el 2006, a las indígenas hñähñus de Santiago Mexquititlán, Amealco: Jacinta Francisco Marcial, Teresa González Cornelio y Alberta Alcántara Juan; mismas que, gracias a la presión nacional e internacional, fueron liberadas tres años después.

También está su trabajo de investigación periodística sobre el padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, y su secuela de delitos sexuales contra menores, incluyendo a sus propios vástagos; entre otras muchas cuestiones que cada día nos muestran su tenacidad y perseverancia en el quehacer informativo, desde las entrañas de la sociedad civil, de los pobres, de los olvidados y de las víctimas del poder del Supremo Gobierno y de los grupos dominantes.

Lamentablemente, hace una semana que la frecuencia radiofónica en la que se escuchaba a Carmen Aristegui en Querétaro suspendió sus transmisiones. ¿Tendrá alguna relación esta situación con la información alterna que la destacada periodista nos ha estado brindando sobre el proyecto del tren rápido del DF a Querétaro y ha cuestionado las prisas políticas para hacerlo ya, en tiempos electorales para Querétaro?

Carmen Aristegui, en un programa reciente, lamentaba esta suspensión, más ahora que salía a luz pública información sobre Querétaro y pedía que ojalá alguna estación radiofónica retomara la continuidad de su programa. A mi juicio, sería muy importante que ahora que va a recibir esta merecida distinción académica, la UAQ dispusiera su enlace radiofónico de Radio UAQ o de la Tv universitaria con MVS Noticias, en un formato y tiempos acordados, sea en vivo o en repetición. Sería un reconocimiento paralelo a Carmen Aristegui y a la libertad de expresión. ¿Cómo la ven los lectores y universitarios?

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