Opinión

Carta abierta a los universitarios

Por Agustín Escobar Ledesma


Honorable Consejo Universitario de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), respetables candidatos César García, Marco Carrillo, Gilberto Herrera y Fernando Valencia:

 

En los primeros días de agosto publiqué el texto de mi autoría intitulado “Renuncias en la UAQ” (Ver Tribuna de Querétaro, 08/08/2011), donde planteaba que, mientras Roberto González García se iba por la puerta trasera de la Secretaría de Extensión Universitaria, sin que las autoridades universitarias lo hicieran del dominio público, en contraste, en esos mismos días, la renuncia del doctor Marco Carrillo a la Secretaría Particular de la UAQ fue anunciada con bombos y platillos en diversos medios electrónicos e impresos. Esta situación, en los hechos, marcaba el arranque de una intensa precampaña mediática del doctor Carrillo con la finalidad de posicionarse como candidato en el proceso electoral universitario a Rectoría en puerta, en aquel momento.

 

Días después, el jueves 25 de agosto recibí una llamada telefónica del director teatral Román García quien, palabras más, palabras menos, me dijo que el doctor Marco Carrillo estaba muy interesado en apoyar alguno de mis proyectos editoriales, con la condición de que ya no lo “raspara” con textos como el citado líneas arriba. “Ya no le pegues a Marco, para que te apoye para la publicación de tus libros cuando sea Rector”, dijo mi interlocutor. Le pregunté que si él había hablado con el doctor Marco Carrillo, a lo que contestó que no, que el ofrecimiento venía de “alguien muy cercano a Marco Carrillo, de su equipo de campaña”.

 

La verdad es que ante tal ofrecimiento me sentí indignado, confundido, abatido porque me visualicé como mercancía; al principio creí que se trataba de una broma de muy mal gusto porque jamás en mi vida he recibido, ni mucho menos pedido, un centavo por escribir o por dejar de escribir por consigna o comisión.

 

Honorable Consejo Universitario, respetables candidatos César García, Marco Carrillo, Gilberto Herrera y Fernando Valencia, pienso que ahora, a la luz de la guerra sucia que se ha desatado en el actual proceso electoral universitario, cobra sentido el deshonroso ofrecimiento que me hicieran. Por esta razón me atrevo a dirigirles estas líneas públicas que tienen el afán de evitar tan deleznable práctica en un proceso electoral que debería regirse por el honor y la verdad.

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