Opinión

Cinco billones base cero

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Tan absortos estamos en la elección de gobernador, que la elección federal no está recibiendo el énfasis que le corresponde. Entre otras razones, como mar de fondo, están el centralismo y el presidencialismo que caracterizan la política mexicana. Como una aportación al necesario equilibrio, conjuntamente el Instituto Nacional Electoral y la Universidad Autónoma de Querétaro reunieron a los candidatos de todas las fuerzas políticas en los cuatro distritos federales para que contrastaran sus planteamientos en torno a un tema que en general se mantiene en la penumbra: el presupuesto base cero.

Como bien ha advertido el doctor Enrique Kato, economista de nuestra Universidad, es necesario no olvidar que “la aprobación del decreto de presupuesto es, sin duda, la decisión regular más importante que un gobierno adopta año con año, y es facultad exclusiva de los diputados federales. En el presupuesto se manifiesta con absoluta claridad la orientación de las políticas públicas y sus auténticos objetivos. Es el instrumento con el que se hace la verdadera política y donde mejor queda plasmado el plan de nación”. La auténtica visión del país no hay que desprenderla de los discursos y las plataformas, sino del reparto del dinero. Si existe un argumento irrefutable en materia de gobierno, es precisamente ese.

La nueva Cámara de Diputados, la que resultará del 7 de junio, se instalará el 1 de septiembre, y apenas estarán estrenando curules cuando se enterarán de que hay que tomar la más grave decisión de sus vidas: el destino de casi 5 billones de pesos, que es lo que dispondrá el gobierno de la República para el año 2016. Encontrarán el proyecto de presupuesto muy encaminado pues todo el proceso para su elaboración empezó desde el primero de abril. Se encontrarán los diputados con un hecho novedoso: el presupuesto procederá de un auténtico borrón y cuenta nueva, algo equivalente a la creación del mundo en esta materia, y que fue elaborado en la penumbra de la Secretaría de Hacienda no sólo de espaldas al interés ciudadano sino siguiendo obediente –y obstinadamente– las líneas del Banco Mundial.

Tras seguir los cuatro debates quedó evidente la necesidad de tocar el tema, pues la prensa se ha ocupado de él muy lateralmente, además de que la mayoría de los candidatos mostraron ignorancia y poca profundidad. Algunos llegaron al facilón extremo de declararse a favor o en contra. La única intervención lúcida e informada la escuché en Arnulfo Moya, abogado de las causas de los derrotados. Y es que a la casta gobernante, por supuesto, no sólo no le interesa abrir el tema, sino que han creado candados para que el dinero no lo toque la gente común. Véase, por ejemplo, el artículo 11 de la Ley Federal de Consulta Popular, en cuya fracción IV establece expresamente que bajo ninguna circunstancia podrán ser objeto de consulta “los ingresos y gastos del Estado”. ¿Así o más claro?

La gente en lo general no se detiene ante el tema porque en ningún espacio, ni en la familia ni en la empresa ni en ninguna parte, el que parte el queso nos pregunta si así como parte el queso está bien. Parte el queso y se acabó. El tema del rediseño presupuestal se ha manejado en los subsuelos. ¿A quién consultaron para decidir los montos del gasto en armamento? ¿A quién consultaron para decidir las limosnas del Estado a los ancianos? ¿A quién consultaron para perdonar impuestos al 1 por ciento y aplicar terrorismo fiscal al 99? Es lamentable pero antes de que caiga el último minuto del 15 de noviembre, como una noticia venida de quién sabe qué olimpo, como cuando se nos anuncian mil huracanes, conoceremos el presupuesto de 2016, el primero de la era “base cero”, armado desde la opacidad. Dirán que la administración será más esbelta y que cancelarán duplicidades y demás maravillas. Lo cierto es que los torrentes de dinero que van a la usura internacional quedarán intactos. Lo mismo que los torrentes de dinero que van a la panza del antiguo Fobaproa. O a las cuentas de zopilotes y especuladores. Y quedarán igualmente intactas las toneladas de dinero que se dedican a cubrir los saqueos eufemísticamente denominados rescates del pasado reciente, auténticos asaltos en despoblado.

Habremos perdido este momento. Los señores del mundo entregados al reparto del mundo. Mientras, los electores entretenidos con audios o con resbalones de candidatos que ignoran el año en que se fundó Querétaro. Y el respetable, que confunde la contienda electoral con la arena Coliseo, sigue lista para aplaudir o para abuchear. Es penoso, pero mucha gente sólo sabe teclear “me gusta” o “ya no me gusta”, siempre con las vísceras, nunca con el pensamiento. Otra vez, como tantas veces, ocupándonos de la cáscara y arrojando al suelo la sustancia.

Da pena, pero eso sucederá con el presupuesto de 2016, que en este momento se está cocinando en la cocina del silencio. Si, como Camus cree, sólo hay un tema importante en la vida personal (oh, el suicidio), en la vida pública sólo un tema tendría que importar: el tema del dinero, el tema madre, el tema de temas.

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