Opinión

Cinco imágenes

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Me referiré a cinco minucias de estos días. Sueltas, podrían caber en el cajón de las anécdotas; juntas, metidas en una licuadora, producirían un jugo venenoso que en nada alimenta esperanzas ni optimismo alguno. Son cinco imágenes reveladoras del desarreglo institucional que estamos presenciando.

La primera tiene que ver con una demencial invocación de la violencia. Sí, algo así como apagar el fuego con más gasolina. Aunque pronto reculó, el secretario de organización nacional del Frente Juvenil Revolucionario del PRI, Luis Adrián Ramírez Ortiz, sacó desde el fondo de su corazón dinosáurico este mantra: “Hoy más que nunca aclamo el regreso de alguien como don Gustavo Díaz Ordaz (porque) no debemos de permitir… bla bla bla”. En su perfil de Facebook pudo leerse una advertencia ante la que nadie podría decir que estaba desprevenido: “Somos la nueva cara del PRI… Jóvenes transformando a México”. Es una opinión personal, podría justificarse, pero no pasemos por alto que se trata del dirigente del partido del que emanó el presidente de la República que, dicho sea de paso, es el comandante en jefe de las f.uerzas armadas.

Es penoso, pero este joven refleja muy bien lo que una franja de mexicanos piensa a propósito de la ruta que han tomado las protestas por la explosión social que vive el estado de Guerrero, y que amenaza con extenderse. Más allá de la pena, es inadmisible que eso pida el dirigente de un partido político sostenido con recursos públicos, que tendría que estar formulando soluciones políticas y de concordia. Más allá de que su lenguaje sea propio de una cantina, en el mensaje completo está la condensación de un pensamiento cargado de desprecio por los otros. Ahí está la tentación de olvidarnos de la violencia originaria, la que desató las protestas… Ahí está la promesa de futuro que el PRI vendió en 2012, ahí está nítida: su horizonte de futuro es el pasado represor, el anhelo por ver de regreso a los gorilas del diazordacismo. No es poca cosa clamar, justo en este momento, por los métodos de aquel presidente que ordenó la matanza de jóvenes desobedientes en 1968. La gran fantasía de los gobernantes es gobernar súbditos obedientes y llenos de miedo.

La segunda imagen es la de los encapuchados prendiéndole fuego a la puerta principal del Palacio Nacional. Se trata de una acción que pareciera estar inspirada en el pensamiento del líder de las juventudes priístas. ¿De qué oscuro sótano viene esa provocación? Es difícil saber si efectivamente viene del extremismo anarquista o de los sótanos del CISEN. Pareciera estar más claro hacia dónde va. Pareciera buscar que el gran público haga suyo el pensamiento de aquel líder juvenil y que la gente común clame por una solución de fuerza, la solución que tanto anhelan los duros del régimen. Generar expresiones como, por ejemplo: ¡qué quieren, si ya los mataron, pues ya ni modo, además, no los mató el gobierno!, o bien, que parezca que las protestas ya se están pasando de la raya y es necesario soltar al Ejército.

Estas dos estampas constituyen la absoluta negación de la política.

La tercera imagen es la declaración del sacerdote Alejandro Solalinde, en el sentido de que el alcalde de Iguala y su esposa en realidad fueron detenidos en Veracruz y el gobierno federal los “sembró” en Iztapalapa, con turbios fines electorales. Pues sí, todos vimos cómo los policías esperaban con paciencia escénica que la señora Pineda guardara sus delineadores y cerrara su polvera. Habrá que recordar que el mismo día de esa detención, mientras el gobierno federal explicaba que el hallazgo fue producto de la eficaz inteligencia desplegada durante un mes, el secretario de Gobierno del Distrito Federal dijo que la ubicación de esos señores fue luego de una denuncia ciudadana. No soy de creencias, pero aquí le creo a Solalinde.

Y hablando de creencias, por cierto, la cuarta imagen tiene que ver con la sorprendente conducta del gobernador interino de Guerrero. Sorprendente por tratarse de un académico formado en la ciencia social y en las filas de la disidencia política. Incapaz de contener el enojo de los enojados de Guerrero, que han quemado dos veces el palacio de gobierno y que se han desquitado con la sede de varios partidos políticos en Chilpancingo; incapaz de gobernar, el gobernante declaró, en los hechos, la desaparición de las instituciones y, para sorpresa de todos, pidió al pueblo se pusieran a rezar para pedir a Dios un milagro. Creíamos haber visto todo. Parece que no.

La quinta imagen es la imagen demolida de México ante el mundo. No hay que confundirnos, se trata de una imagen perdida por la incapacidad de las instituciones para arreglar los problemas que desataron las varias violencias que azotan buena parte del país. Publicó ayer Los Ángeles Times, refiriéndose al presidente de la República: “Su palacio está en llamas, las calles de su capital repletas de manifestantes enojados, su gobierno envuelto en su más grave crisis social… y el presidente hizo lo que muchos jefes ejecutivos acosados desean hacer: se salió del país”. Esta situación llevó a The Wall Street Journal y New York Times a recordar los pecados ancestrales del PRI, que ni se renovó ni se convirtió a la democracia. Nunca un pontífice se había ocupado de un conflicto local como lo ha hecho el papa Francisco, como antier lo volvió hacer, ahora ante la Estudiantina Femenil de la UAQ, por cierto.

Absoluta desmemoria. Eso hay en esas cinco estampas. Absoluta irresponsabilidad. Absoluta intolerancia. La desconfianza llevada a niveles extremos. Es lamentable, pero a los gobernantes nadie les cree, aunque estuvieran diciendo la verdad.

De pronto se nos olvida cómo empezó todo esto. Empezó por el abuso de poder, por la disolución de las instituciones, por la cohabitación de servidores públicos y criminales…

Quemar palacios y autobuses, es cierto, complica más las cosas, pero no fueron los estudiantes quienes prostituyeron las instituciones, que no se nos olvide. Es cierto, y también lo es que el desahogo emocional en las redes sociales tampoco es suficiente. Es una fuga y todo se queda en chistes y memes. Más sangre sólo saciará a los vampiros, que son esos oscuros beneficiarios del desorden. Habría que pasar a otro nivel: asomarse a los trasfondos, vigilar a los políticos, presionar a las instituciones, usar la legalidad institucional y mezclarla con las utopías. En suma, defender la política como la única posibilidad de que el incendio no acabe con todo.

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