Opinión

Ciro Gómez Leyva y su mirada simplona sobre el problema de las pensiones en las universidades (1ª parte)

Por: Ángel Balderas Puga *

El pasado 26 de marzo, el periodista Ciro Gómez Leyva escribió un artículo en Milenio titulado “La Universidad de Querétaro está matando a los viejos”.

De entrada, es importante señalar que Ciro Gómez no sabe nada de las universidades públicas y mucho menos de los problemas asociados con las pensiones, y el contenido de su artículo lo demuestra.

Su artículo comienza señalando que se trata de una “historia de horror” que achaca exclusivamente a nuestra Universidad como si fuera un problema de una sola universidad y no un problema estructural por el que atraviesan todas las universidades públicas en México, pero también es un problema general que no es exclusivo de las universidades.

Por otro lado, hay una evidente exageración y amarillismo en el título, pues para que fuera cierto, Ciro debería describir cómo es que nuestra Universidad ha matado a alguien. Pero como además usa el plural “viejos” quiere decir que hay más de uno, aunque en su artículo no se señalan varios nombres.

La falta de un sistema universal

Aunque le suene odioso a algunos, pero aquí lo hemos señalado en diferentes ocasiones: las universidades europeas no tienen el tipo de problemas que describe Ciro por la simple razón que allá los profesores universitarios tienen derecho a una pensión universal que paga el Estado. En Europa no existe la diferencia que hay en México entre pensión y jubilación, sólo existe el primer concepto.

En cambio, en México, el concepto de jubilación se refiere a la pensión que otorga el patrón mientras que la pensión se refiere a la pensión que paga el Estado por medio de diferentes entes, como el Seguro Social o el ISSSTE.

La complementariedad

Cuando se habla de que existen cientos de demandas en contra de nuestra Universidad por jubilaciones, no se señala que, en gran medida, se debe al problema de la complementariedad.

En el contrato colectivo del Sindicato Único del Personal Académico de la UAQ la cláusula 77 sobre la jubilación señala textualmente: “La/el trabajador(a) académico(a) que por así convenir a sus intereses, después de cierto número de años de servicio a la Universidad, quisiera retirarse o jubilarse, tendrá derecho a una compensación según los años de servicio y la edad, que deberá ser como mínimo de 55 (cincuenta y cinco) años, de acuerdo al último salario devengado, la Universidad complementará o suplirá lo que aporte el IMSS…”.

Algunos profesores creen, erróneamente, que se trata de una cláusula reciente. Sin embargo, no es así. Esta cláusula aparece desde el primer contrato colectivo de 1979. Es una cláusula tan longeva como nuestro sindicato, es decir, ha tenido vigencia durante 40 años.

Es lógico que se discuta de esta cláusula ahora porque hace 30-40 años no se tenía el problema de profesores jubilados. Sin embargo, ahora que son más de 400 profesores jubilados, el problema cobra relevancia, pues la jubilación de los profesores de nuestra Universidad es dinámica, no estática. Esto significa que los profesores jubilados reciben los mismos aumentos salariales que los profesores en activo y esto, lógicamente, cuesta más que cualquier jubilación estática, que es aquella en la que un profesor se jubila con un monto fijo que puede ser su último salario (en el mejor de los casos) o un tope, como en el caso de la UNAM, en donde al jubilarse con el ISSSTE el monto de la pensión se fija en 10 salarios mínimos, es decir, actualmente, unos 20 mil pesos mensuales, mucho menos de lo que recibe un profesor jubilado de la UAQ. Basta revisar la nómina de nuestra universidad para observar que muchos profesores que se jubilaron estando en la categoría VII de tiempo completo reciben poco más de 40 mil pesos mensuales, el doble que lo que reciben los jubilados de la UNAM. En el estándar de México, esto no significa una mala jubilación, al contrario.

Y no se trata sólo de exfuncionarios o de familiares de exfuncionarios o de la “casta dorada” de nuestra universidad, que son aquellos trabajadores que se jubilaron con la categoría de “analista”. No, se trata incluso de profesores universitarios ordinarios que nunca fueron funcionarios, pues la jubilación no depende de que hayan sido funcionarios sino de su tipo de contratación (tiempo completo o tiempo libre) y de su nivel (existen diferentes niveles por cada categoría).

El problema de la complementariedad nace de que muchos abogados consideran que la pensión y la jubilación son cosas diferentes y que el profesor, al terminar su vida académica, debe recibir ambas. Lo que conduce al siguiente absurdo que implicaría que todos correrían a la jubilación lo más rápido posible: que la Universidad pagara 40 mil pesos de jubilación y el Seguro Social otro tanto por pensión. ¿Qué país podría soportar una cosa de ese tipo? ¿Es lógico que mientras un profesor activo gane 40 mil pesos, al jubilarse gane el doble?

El sentido de la complementariedad es precisamente este: que el profesor tenga garantizado el monto de su jubilación: una parte la paga el Seguro Social y la otra nuestra universidad.

Creo que va siendo el tiempo que los universitarios comencemos a discutir seriamente sobre este tema.

* Las opiniones del autor son personales y no reflejan la posición del SUPAUAQ.

anbapu05@yahoo.com.mx

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