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Claudia Sheinbaum vs los enemigos del pueblo

Estamos viviendo un momento histórico en el país, no solo por el gran acontecimiento de que la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo es la primera mujer presidenta de México en 200 años de la República, sino por la certeza de que la izquierda continuará gobernando este país por muchos años, gracias a la aceptación y voluntad del pueblo de México. Como consecuencia, la derecha partidista, los poderes fácticos y la oligarquía mexicana no volverán a gobernar en mucho tiempo. Así lo espero. Así lo creo.

No obstante, el primer desafío es precisamente ese: ¿cómo contener a las fuerzas oscurantistas de la derecha que, ocultas en esta coyuntura política, comienzan a mostrar sus fauces hambrientas por derrocar al nuevo gobierno de la 4T? Y no me refiero a la oposición partidista, que está moral y electoralmente derrotada, y que solo atina a dar palos de ciego, emitiendo gritos agudos de desesperación y frustración incontenibles. Me refiero a las auténticas fuerzas de la derecha: la oligarquía, la clase empresarial, la Iglesia católica y una clase media aspiracionista que busca recuperar los privilegios del pasado neoliberal.

Es un momento crucial para la actual presidenta, pues llenar el vacío que deja Andrés Manuel López Obrador no es tarea sencilla. Sin embargo, en poco más de 15 días al frente del gobierno federal, ha demostrado ser una mujer decidida, firme, congruente y con un proyecto de nación propio, en perfecta sintonía con los principios de la Cuarta Transformación. El reto es enorme, pero ya hemos sido testigos de la adopción de un estilo propio y de decisiones bien fundamentadas que desmienten las acusaciones de que Sheinbaum sería un títere de AMLO, carente de personalidad. El tiempo le dará la razón.

Sin embargo, han sucedido recientemente una serie de hechos lamentables que reflejan el odio ciego de una derecha furiosa. Uno de ellos fue la declaración del actor Rafael Inclán, quien afirmó que «en los próximos seis años estaremos gobernados por un ama de casa». Otro ejemplo es la caricatura publicada por el periódico alemán Stuttgarter Zeitung, en la que se ve a una mujer (Claudia) avanzando hacia la silla presidencial, ocupada por un hombre gigantesco con un letrero que dice “cártel de la droga”.

Lo anterior podría parecer un drama menor, pero no lo es. Los signos que se comunican reflejan el pensar y sentir de quienes los emiten. Estos símbolos están codificados de manera que, al circular mediáticamente, se instalan en el imaginario colectivo. Aunque son rechazados por un amplio sector de la audiencia, también representan a una franja significativa de la sociedad que se identifica con estos mensajes misóginos y clasistas propios de la derecha. Un ejemplo adicional es el caso del caricaturista Garci de El Financiero, quien manipuló la imagen de la diputada Andrea Chávez para mostrar falsas representaciones de tipo erótico. Ellos solos se describen de cuerpo entero.

Por otro lado, las reformas constitucionales avanzan a toda velocidad, especialmente la que más dolió a la oposición: la aprobación de la Reforma Judicial. Esto ha generado un gran sentimiento de impotencia en la derecha, ya que se sienten arrollados por la mayoría calificada de Morena e incapaces de detenerla. Esto confirma la continuidad del proyecto de la 4T de AMLO, gracias a que el denominado Plan C se puso en marcha con gran efectividad.

Los retos están claros, en particular el relacionado con la seguridad pública. Al inicio del gobierno de Claudia, se presentaron dos trágicos sucesos que evidencian la grave situación de violencia en el país: la ejecución de seis migrantes extranjeros a manos del ejército y el asesinato del presidente municipal de Chilpancingo, Guerrero, a pocos días de asumir el cargo.

Estos actos bárbaros ilustran el nivel de violencia que enfrenta el país. No obstante, Claudia ya ha planteado la estrategia de seguridad para su sexenio, reafirmando su compromiso de atacar las causas de la violencia, como la pobreza, con la esperanza de obtener resultados a mediano plazo. No se trata de perpetuar la estrategia de “abrazos, no balazos”, sino de implementar su propio enfoque. A pesar de que los enemigos del pueblo exigen sangre, muerte y destrucción para combatir al crimen organizado, ella se mantendrá firme en su postura. Tiempo al tiempo.

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