Opinión

Cliserio Gaeta Jara, recuerdos de la guerrilla

Por: Kevyn Simón Delgado

Cuatro horas y media permanecimos platicando con Cliserio Gaeta Jara. Recordar una vida en el movimiento armado socialista, popularmente conocido como guerrilla, no es para menos. “Don Gaeta”, como le decían en el municipio de Tolimán, participó activamente en una lucha campesina en la Huasteca de San Luis Potosí, tomando tierras y robando vacas para repartir su carne entre la hambrienta población, organizó a la gente contra la explotación de los terratenientes; al movimiento se le conoció como “Tierra y Libertad”, en honor a la bandera zapatista.

Originario de Jalisco, vivió varios años en Guanajuato, donde tuvo preparación como militar, por lo que conocía el manejo de las armas, el cual enseñaría a su grupo más cercano; la ideología socialista, de corte marxista-maoísta, les fue instruida por estudiantes de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, algunos de ellos pertenecientes a la Liga Comunista 23 de Septiembre, quienes se trasladaban a la Huasteca a hacer proselitismo, donde soñaban con hacer la revolución.

Con una narración muy rústica, Gaeta reconstruía cada conservación importante, frase a frase, desde cómo fue liberándose del yugo del catolicismo y adoptando a Mao Tse-Tung, a Lenin y a Ho Chi Minh; cómo fueron organizando decenas de ejidos; cómo se reunieron con Luis Echeverría en Los Pinos, donde supuestamente lloró cuando le contaron sobre la pobre situación de la Huasteca.

También sobre cómo, tres días después de dicha reunión, fueron rodeados por el ejército, apresados, torturados y les fueron confiscadas sus armas que las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP) les habían conseguido y donado para la causa.

Poco después, mientras se reorganizaban, Gaeta, con un estudiante, estaba pegando propaganda con el rostro del Che Guevara, ambos iban armados. “Como a las 5 de la mañana salimos y llenamos las paredes del Che y ya pa’ irnos nos salen dos cabrones, ‘¡Qué hubo! ¿Qué chingados andan haciendo?’ y a puras señas se pusieron de acuerdo sobre quien atacaría a quien ‘andamos dándole publicidad aquí a un nuevo conjunto’ dijo el estudiante, dice el policía.

“‘Ya viendo la efigie del Che Guevara, dice ‘no, qué conjunto ni qué la chingada, ¡ustedes son revoltosos, cabrones!’ y saca la pistola, ‘¡caminen, hijos de su chingada madre!’. El estudiante intentó disuadirlo, ‘esto que andamos haciendo es en contra de los poderosos, tú no eres poderoso, te vamos a dar 500 pesos y aquí no pasó nada’, este no aceptó, ‘yo no recibo limosnas de nadie’ dijo”.

“Le ofrecieron mil pesos y tampoco aceptó”. El estudiante corrió “patas pa’ qué las quiero”, le jalé el pinche repercutor [sic] y ahora sí jijo de la…”, se echaron a correr, el policía los persigue “¡Párate porque te voy a matar!”. “Fue su sentencia de muerte, me di la vuelta y ¡pum!”, “lo sacudí a balazos”, “no cayó”, regresó para quitarle el arma, “estaba agonizando, pero aún me estaba apuntando”, “me tiró el sombrero a balazos” quedando bastante herido de varios tiros, huyó por la sierra donde le pagó a un par de indígenas para que le ayudaran.

Fue entonces cuando los de las FRAP, conectados con el Partido Proletario Unido de América (PPUA) de Florencio Medrano Mederos, lo sacaron de la región.

Entre Puebla y Morelos, Gaeta le pidió apoyo a Medrano, “güero, alto, fácil de palabra”, para conseguir armas y hacer un levantamiento en la Huasteca, sin embargo, entre un efusivo llanto, recordó que todo el cargamento de armas fue interceptado por el ejército cuando lo estaban intentando llevar a San Luis Potosí, “me puse a llorar… ¡duele, duele!, qué feo se siente, esa camioneta era para nosotros en la Huasteca. Otro hombre como el güero, no he conocido en mi vida, créanme, le tenía mucha estimación, se me vuelven a salir las lágrimas de recordar ese pinche golpe que nos dio el gobierno”.

No transcurrió mucho tiempo cuando, en una casa de seguridad en Cuernavaca, donde había integrantes del PPUA y del Partido de los Pobres, la Dirección Federal de Seguridad los rodeó y, tras un tiroteo, fueron apresados el 29 de noviembre de 1975. Siguieron varios días de torturas para todos ellos, donde Gaeta afirmó que el propio Miguel Nazar Haro interrogó y torturó a los guerrilleros. Finalmente, se le sentenció con 9 años de prisión, de los cuales pasó 7 entre las cárceles de Cuernavaca y San Luis Potosí, tras los cuales fue liberado con la Ley de Amnistía y el apoyo del obispo Sergio Méndez Arceo.

Tras ser liberado en 1982, Cliserio Gaeta Jara se trasladó a Querétaro, donde trabajó como mecánico en Lomas de Casablanca durante cuatro o cinco años, para después trasladarse a Tolimán, donde vivían sus suegros.

En la entrada de su casa puso un letrero que dice “Aquí vive Mao, el viejo tonto”. Reconoció Gaeta Jara: “Cuando llegué aquí busqué gente a ver si formaba un comando, pero aquí no hay gente, aquí en Querétaro no hay gente disponible a formar un comando, no he podido, no he encontrado. Todos los que andan aquí creen en Dios, yo no creo en eso, yo soy marxista-leninista y maoísta y hochiminsta, ¡hueso colorao! [sic], ¿cómo la ves? Así de ese tamaño. Y mi pensamiento es, sigo repitiendo, mi deseo más grande es manejar un comando armado pero ya vi que no se puede aquí en Querétaro, ¿tú quieres formar parte de él? (risas) ¡Ah, verdad! Hablar sí es bonito, pero el hecho es distinto.”

En recuerdo de Don Gaeta (1937-2016).

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba