Fosfo, fosfo, va de nuevo

El principal activo de la campaña de Samuel García es Mariana Rodríguez. Los aportes de contenido, identidad y simpatía vienen de ella. Rodríguez es una influencer experta que conoce perfectamente bien las claves de las redes sociales y las preferencias de su audiencia; tan sólo en Instagram cuenta con 3.5 millones de seguidores.
Los contenidos que publica son altamente efectivos, como el último video donde nos cuenta de manera muy breve como saca los tenis del closet para lanzarse nuevamente a la campaña de su marido con un ‘va de nuevo’. Hay elementos clásicos y tremendamente familiares en el video, recuperaciones de la campaña de Nuevo León de la identidad visual y auditiva de Movimiento Ciudadano: “¿Quieren ver mis tenis?”, fosfo, fosfo, y el jingle interpretado por Yuawi López, niño wixarika que tuvo tanto éxito en el 2018.
Los contenidos de la campaña de Samuel García y Mariana Rodríguez resultan atractivos para los jóvenes porque mantienen un discurso y estética propios de las redes sociales y porque permiten entrar en la intimidad de su casa y de su vida cotidiana. El fosfo fosfo es ya una marca política basada en la anécdota, los colores y la personalidad fresca y juvenil de Mariana Rodríguez. Ella no sólo no es la ‘dama de compañía’ como tan groseramente Vicente Fox afirmó, es de hecho lo contrario, es una presencia con valor y brillo propio y de cuyo capital digital se beneficia su esposo, quien, por cierto, sí tiene severas limitaciones.
Si bien es cierto que la campaña de Samuel no tiene problema alguno en términos de marketing político, sí los tiene en cuanto a su legitimidad, su legalidad y su propósito. Es evidente que García no tiene posibilidades de ganar, pero sí de complicar aún más las cosas a Xóchitl Gálvez. Al entrar como un tercer participante en la elección Samuel García no sólo roba voto a Gálvez, también contenido simbólico y posicionamiento. De entrada, Xóchitl ya no es la candidata más disruptiva, ni la más ocurrente, tampoco es la de la campaña más entretenida ni original. Todas estas características están siendo copadas por Samuel García, quien se ha embarcado en una campaña al servicio de Morena y en contra de la coalición Fuerza y Corazón por México. Su candidatura es vista con buen agrado por AMLO, pues divide el voto y complica el camino a la candidata de la oposición. Se trata de un juego perverso donde García se muestra como un auténtico esquirol y donde el camino cuesta arriba para la oposición es cada vez más complejo.
La mancuerna García-Rodríguez, es creadora de un modelo de marketing político basado en contenidos digitales tipo influencer e inversión en publicidad digital. Por su edad se inscriben en una generación de políticos y servidores públicos marcada por el intensivo uso de redes sociales y la comunicación directa y coloquial. Los electorados actuales no premian ni la inteligencia, ni la experiencia, se mueven emocionalmente premiando a candidatos que no lucen como políticos convencionales, ni como parte del sistema.
El fosfo fosfo está de regreso intentando captar atención, voto y seguidores. Resulta evidente que García no ganará la elección, pero si infringirá daño a la campaña de Xóchilt Gálvez, cumpliendo con la tarea que se le encomendó.



