Danza, baile y slam

Querétaro moviendo el esqueleto

Bailar y danzar como medios de expresión de nuestras emociones, pensamientos, impulsos del cuerpo sin palabra, como exploraciones de lo que somos y podemos ser. En tiempos donde cabe la pregunta por desaparecer, el baile y la danza regresan al acto concreto de estar, de ser en el presente donde todo puede ser un escenario, reconocer el espacio, el tiempo, explota la memoria del cuerpo, las dudas e inseguridades también, las expectativas y los esfuerzos.

Para algunos la forma en que se baila dice mucho de lo que somos, de las formas de expresión y comunicación y la manera de vivir el cuerpo, la ‘queretanidad’ también está inscrita en nuestras formas de bailar y danzar, de movernos en compañía o solitario, en parejas o grandes grupos.  

Parecerá raro, pero es de las pocas ciudades que desde finales del siglo XX tiene presencia de la danza contemporánea, muchas historias nos enlazan a Guillermina Bravo, sus experiencias y enseñanzas, aunque no solo se trata de Guillermina y el Colegio Nacional de Danza Contemporánea; el huapango huasteco, la danza conchera, el danzón de los domingos en el jardín Zenea, son parte de nuestro ¿ADN de la danza? Una especie de resonancia de lo ancestral que se vuelve contemporáneo por su forma de seguir vivo y cambiante.

Danza, baile y Slam, es una suerte de espacio escrito para hablar de diferentes tradiciones de mover el cuerpo a distintos ritmos, que van de las mojigangas a los festivales de artes escénicas, de la educación formal sobre el cuerpo a los inventos callejeros y científicos, en el baile también cabe el reggaeton y el slam, como una forma que cambia históricamente.

En el tema del baile caben muchas harinas en el mismo costal, el vals de quince años y las coreografías que denuncian, los talleres de iniciación y los danzantes concheros de las fiestas de la Cruz ¿acaso habrá alguna sociedad donde no haya danza y baile?

Algo ocurre en nuestra ciudad entre danzón, cumbia, africano, k pop, tectonic, jazz, folclórico, pastoras, nuestra forma de bailar es una forma de interrogarnos por lo que somos y hacemos, como bailarines, bailadores, danzantes, espectadores, coreógrafas, investigadoras.

Así que expresiones que van del “se lo llevaron al baile” “bailar con la más fea” “¿me concede esta pieza?” “al son que me toquen bailo” nos dan cuenta de como entendemos la relación entre los cuerpos en un momento bien público, a los ojos de todos, pero también en la sensación de quien lo realiza, cada quien sabe como se siente el cansancio, la pena, el gusto, la fuerza, la duda, al momento de poner el cuerpo en movimiento que sigue un ritmo.

Este espacio se trata de hablar del movimiento de los cuerpos desde todos los ángulos posibles, porque esta ciudad tiene su forma de mover el cuerpo, de hacer vibrar el esqueleto, se trata de mirarnos y sentirnos, de echar brincos, palabras y maromas, de decir que sociedad somos por como bailamos y danzamos, ese espiral siempre abierto a ser y no ser, a las posibilidades que van de lo comunitario, con toda la colonia echando fiesta, a eso personal de tocar la mejilla de otro en el tango, de salir corriendo de los camerinos a cambiarse en la vía publica para salir sonriente a bailar.

Querétaro, alberga muchas formas de baile y danza, para todos y todas, desde la escultura del conchero que nos habla de nuestra tradición, a los grupos de danza independiente esforzándose por hacer de su trabajo una forma digna de vivir y decir algo, pasando por los talleres universitarios y en centros culturales.  

Dicen que dijo Goldman que si no se puede bailar no era su revolución, que la danza es una locura que cura, que no hay forma más colectiva que un baile donde se presenta a una niña en sociedad como mujer, dicen también que se sabe lo que es una sociedad si miramos como baila. Conchero, punketo, cumbiero, reggaetonero, bailarín, bailador, todos se mueven para decir algo mediante su hacer, todos y todas cabemos en esos rituales iniciativos y de paso.

En tiempos donde pareciera que el contacto físico puede ser peligroso, donde hay una inercia de aislamiento, duda, separación, puede que el baile y la danza nos recuerde que aun tenemos espacios para estar juntos y juntas, para encontrar la manera de tocarnos la piel, de acompañarnos sin hostilidades, sin violencias ni venganzas, de hacer posible encontrarse con otros y otras, en parejas, en grupo, en masa.

Bailar y danzar como medios de expresión de nuestras emociones, pensamientos, impulsos del cuerpo sin palabra, como exploraciones de lo que somos y podemos ser. En tiempos donde cabe la pregunta por desaparecer, el baile y la danza regresan al acto concreto de estar, de ser en el presente donde todo puede ser un escenario, reconocer el espacio, el tiempo, explota la memoria del cuerpo, las dudas e inseguridades también, las expectativas y los esfuerzos.

Bailar nos regresa a sonreír y sudar, la ilusión de lo simple y lo complicado, para danzar se necesitan ganas, perseverancia por la vida y el encuentro, hasta donde alcanza el cuerpo, hoy sabemos que el baile contribuye a procesos de aprendizaje, que puede tener efectos terapéuticos, ser difusor de ideas, trasmisor de la historia y las esperanzas, denuncia de la injusticia, y sobre todo el placer de sentirse y saberse. Cada quince días estaremos aquí contando sobre la danza y el baile en Querétaro, de la practica y la obra, del arte y de la vida.

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