ColumnistasSe dice en el barrio

En reunión abierta

Huimilpan, Qro.

Un grupo de vecinos convocó a una reunión abierta de jubilados para darnos una conferencia a hablar. Lo de abierta quería decir que no importaba la ocupación que los conferencistas hubieran tenido antes de jubilarse. Algunos de los organizadores añadieron, respecto a este punto, que no les interesaba oír a jubilados de la misma profesión, sino que, más bien, intentaban oír reflexiones diferentes y hasta contrapuestas. Así, se organizó la reunión o el Encuentro de jubilados diversos.

Para hacer esta breve reseña, tomé al azar tres participaciones diferentes, cuyo único punto en común es que recogían la voz de jubilados; por lo mismo, tampoco importaba si no eran ponencias que se hubieran presentado de manera secuencial una tras de otra.

El encuentro inició con Josefo. En resumen, dijo: “

Me gusta ir a platicar con Nicanor; pero no me malentiendan. Como ya estoy pensionado, tengo tiempo para mis ocurrencias. De Nicanor lo que más me gusta es que, aunque tiene arriba de ochenta años, sigue en su carnicería cortando la carne y despachando personalmente; a todos nos atiende como si fuésemos el más importante cliente o el único. Nos convence de que nos da la mejor carne de la región y siempre atendiendo, precisamente, a nuestros gustos y deseos. Justo voy regresando de allá. Y sí: estuve platicando con él cerca de dos horas. Antes de venir a la reunión, estuve en la carnicería, para comprarle la costilla que les serviré a mis nietos, en la comida que les voy a hacer mañana. Estoy convencido de que ellos nunca han probado una carne más jugosa y rica que las que les voy a servir”.

Más tarde, tomó la palabra el contador Alberto: 

“En otra época, me despertaba por los pendientes del día anterior y, muchas veces, ya tenía planeado cómo resolvería los del día siguiente. Ahora no; a veces diría que vivo más cada minuto. Lo que pasa es que me hago cargo de todo con más sinceridad. No lo hago por fastidiarme a mí mismo ni porque -en mi jubilación- no tenga de qué ocuparme. Desde que dejé mis actividades, he estado volteando para examinar mi vida y he descubierto que, con más frecuencia de lo que mis sentimientos lo puedan disculpar, sólo estuve buscando qué hacer para ganar más dinero y justificar mi existencia. Así, quise engañarme a mí mismo y a los demás, haciéndoles pensar que yo era una persona honorable. En la reunión a la que ustedes nos invitaron nos han pedido quehagamos una valoración de la importancia del trabajo que tuvimos. Los colegas anteriores han hablado de sacrificios que hicieron desde su época de estudiantes hasta hoy para responder a las necesidades de sus clientes. A los que pidieron mis servicios debo solicitarles, más bien, que me perdonen por haberles hecho creer que su vida de producción y servicios fue valiosa para la sociedad. ¡Bah!; pensar así significa que seguimos ciegos”.

Después de otros jubilados que hablaron, le tocó la palabra a Lulio, un campesino. Él dijo, aproximadamente: 

“Reconozco que tengo muchos defectos. Pero debo decir que nunca he sido una persona mala. Mis papás siempre me dijeron: ‘el único orgullo que podemos tener, como pobres que somos, es que lo poco que tenemos lo hemos logrado con nuestros propios esfuerzos y nuestro trabajo’. Todavía recuerdo que, cuando niño, algunas veces regresé de casa de algún amiguito, y llevaba en el bolsillo un carrito de madera, un trompo o, a veces, tan sólo una canica; en cuanto lo veía mi papá, me preguntaba: ‘¿de dónde sacaste eso?’ o, bien, ‘¿dónde lo compraste?’, y yo, entonces, no me podía hacer el loco; me veía descubierto y tenía que confesar que me lo había traído de la casa de mi amigo Rolando, o de la de Jorgito o de la del niño con el que me había reunido ese día. Entonces, mi pa’ me enviaba directamente a la casa del amiguito para regresarle lo que me había traído sin su permiso, y que le pidiera perdón”. Me moría de vergüenza hacer lo que me pedía mi pa’, pero fue mejor para mí y mis hermanos. Todo el tiempo he trabajado como campesino y ya me pagaron mi pensión de retiro. Se me está acabando la vida, pero la educación que me dieron mis mayores me enseñó que es lo único que tenemos frente a los demás y para poder tener un país al servicio de todos”.

Al acabar el encuentro, todos nos regresamos a casa.

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