Familias, género y cuidados

Familias, género y cuidados

La emancipación de las mujeres puso al descubierto el problema de los cuidados, pero la pandemia recrudeció y agudizó esta crisis. En este contexto es necesario entender que los cuidados no son asunto de la familia (“puertas adentro”), recayendo la obligación en una de las mujeres de la familia (madre, hija, nueras, abuelas, esposas) o asumiendo el alto costo de los cuidados al servicio particular al cual muy pocos pueden acceder. Hoy más que nunca el Estado debe brindar soluciones mediante políticas públicas para la conformación del llamado cuarto pilar del bienestar social.

En México estamos avanzando, se reconoció la necesidad de un Sistema Nacional de Cuidados, pero todavía falta mucho camino por recorrer (si no se destinan recursos económicos suficientes será en vano esta iniciativa. En Uruguay, referente para la región por ser el primer país en donde se implementó, el sistema se está “desmoronando” por la crisis económica derivada de la pandemia y por el cambio de gobierno que recientemente se dio).

Para entender la crisis de los cuidados que hoy enfrentamos es necesario remontarnos brevemente a lo sucedido durante las últimas décadas:

  • Cambios sociales derivados de la intensiva incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, lo que generó las dobles y triples jornadas laborales.

Cambios demográficos, que se observan en:

  • Un aumento de la población de 60 años y más (por el aumento de la esperanza de vida), lo que conlleva más cuidados
  • Una baja de las tasas de natalidad (lo que conlleva la reducción del tamaño de las familias lo que reduce a su vez el número de cuidadoras/es).
  • La migración, dando lugar a cadenas globales de cuidado.
  • Cambios económicos y políticos que llevaron a un profundo debilitamiento del Estado de bienestar lo que redujo sus atribuciones al tiempo que se mercantilizaron importantes servicios, entre ellos: la salud, las guarderías, etcétera, que dieron pie a un nicho de mercado de alto costo en torno a los cuidados.

Todos estos cambios dieron pie para que los movimientos feministas visibilizaran las grandes desigualdades, al tiempo que propusieron una profunda revisión sobre el trabajo no remunerado y dentro de este los cuidados.

Los cuidados no remunerados contribuyen al bienestar personal y familiar, el desarrollo social y el crecimiento económico, aunque es frecuente que los encargados de la formulación de las políticas no los reconozcan, los infravaloren y no tengan en cuenta el hecho de que sus costos y cargas son diferentes en función del género y de la clase.

Se calcula que, si se diera un valor monetario a estos trabajos, representarían entre un 10% y un 39% del PIB de los países. El cálculo para México en 2019 fue de 22.8 %, según el INEGI.

Los cuidados en México están principalmente en manos de las familias, y en menor medida del Estado y el mercado. La corresponsabilidad en los cuidados se ha dado en términos generacionales (abuelas o madres que ayudan a sus hijas o nietas), pero no de género. En este sentido debemos apostar por la deconstrucción de la masculinidad hegemónica y el modelo patriarcal dado que persisten fuertes estereotipos de género, lo que favorece (y legitima socialmente) que los hombres tengan poco o nulo acercamiento al cuidado de otros y de sí mismos.

Es necesario también un cambio para comprender que los cuidados parten desde lo colectivo y lo comunitario (a la par de la concepción como “derecho” que debe ser promovido por y desde el Estado). El cuidado como derecho nace del reconocimiento de que todas y todos precisamos de cuidados (dependiendo de la etapa de vida en la que estemos). Este derecho tiene implícitas dos dimensiones:

  1. desde los y las receptoras de cuidados este derecho implica acceder a cuidados sin que esto se vea afectado por lógicas de mercado, por la disposición de ingresos o la presencia o ausencia de redes vinculares (familiares básicamente en el caso de México);
  2. y desde las personas cuidadoras, este derecho implica que se debe garantizar que las personas puedan decidir si sí o no cuidar, que las condiciones en que se realicen los cuidados sean seguras y dignas, y que estas actividades se valoricen tanto social como económicamente.

Finalmente, el confinamiento exacerbó la violencia de género y la crisis de cuidados, en la etapa de post pandemia ambos temas deben ser tratados al mismo nivel de importancia que la recuperación económica del país: deben ser políticas de Estado.

Dudas o comentarios:

Especialidad en Familias y Prevención de la Violencia, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales especialidadenfamilias@gmail.com

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