Familias, género y cuidados

“Interseccionalidad: la lesbofobia como la articulación entre la misoginia y la homofobia”

El concepto de interseccionalidad surge en 1989 por la académica Kimberle Crenshaw tras un caso jurídico en el cual despiden a un grupo de mujeres afroamericanas en una reconocida empresa americana. La académica percibe que este grupo estaba viviendo una doble opresión al mismo tiempo: por un lado, por cuestiones de género, o sea por ser mujeres, y por el otro, por cuestiones de raza o, mejor dicho, por ser afroamericanas. Esto ocasionaba la vivencia de una constante discriminación y violencia que no era ni visible ni nombrada.

A partir de este caso, hablar de interseccionalidad es hablar de cuando dos condiciones de opresión coinciden llevando a los sujetos a una posición más vulnerable. Estas posiciones, a su vez, suelen ser las mismas que las definen o que crean sus propias identidades sociales. Por lo tanto, la interseccionalidad habla de aquellas personas que sufren dos o más tipos de injusticias, ya sea violencia, discriminación y/u opresión.

Hay que recordar que las mujeres somos un grupo muy diverso que estamos atravesadas por diferentes condiciones y cada una de ellas debe ser tomada en cuenta en su particularidad. En este caso, la lesbofobia es una expresión de la misma interseccionalidad ya que se les violenta tanto por ser mujeres como por no ser heterosexuales, esto es si es que no existen otras condiciones adicionales como la etnia, la clase social, la edad, etc.

A pesar de que existe la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y también existe una Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) para proteger los derechos de los homosexuales y evitar la discriminación, no existen leyes suficientes que aborden la interseccionalidad de ambas. Hay problemas específicos que viven únicamente las mujeres lesbianas, por ser mujeres y por ser lesbianas, como lo son las violaciones colectivas de conversión, o el simple hostigamiento constante de hombres tratándolas como objeto de fantasía sexual para usos como tríos u orgias.

El sesgo de información respecto a esta interseccionalidad de misoginia, machismo y homofobia afecta directamente la vida de las mujeres lesbianas. Kimberle Crenshaw dice que lo que no se ve, no se nombra y si no se nombra, no se soluciona. Hay que abordar la lesbofobia como un problema único y no solo como un caso de discriminación por orientación sexual o un caso de violencia por cuestiones de género, sino por la articulación de ambas opresiones.

Abordar la lesbofobia en su particularidad y darle nombre posibilita dar espacios para ser vistas. Necesitamos tratar las desigualdades especificas con soluciones específicas. La lesbofobia no es cuestión de una suma de violencias y discriminaciones, sino de una violencia en particular, la cual debe ser tratada de manera particular. Se requieren más categorías jurídicas que eviten las omisiones y eliminen nuestro miedo a denunciar estas violencias simultáneas como lo que son. Necesitamos respuestas y para ello, necesitamos primero poderlo hablar.

*Dudas o comentarios favor de dirigirse a la Especialidad en Familias y Prevención de la Violencia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, al correo electrónico:

especialidadenfamilias@gmail.com

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