Familias, género y cuidados

Posibilidades y retos de la autonomía económica

En algunas ocasiones he escuchado que se quiere utilizar el trabajo remunerado económicamente como una estrategia para empoderar a las mujeres, y pienso que quién propone esto, solo ve las potenciales oportunidades que puede traer el obtener un ingreso y/o recursos propios, porque ¿de qué sirve que la mujer tenga ingresos y recursos si hay un hombre en casa o alguien con la función de autoridad que no le deja disponer de ellos?

Ese tipo de propuestas apuntan a una autonomía económica, la cual no podemos afirmar que se obtiene de manera automática por tener un empleo asalariado, a pesar de que el acceso al trabajo y el ingreso económico se haya dado en igualdad de condiciones con los hombres. El verdadero ejercicio de la autonomía económica implica que las mujeres puedan decidir sobre su propia vida, para que tengan la libertad de integrarse al mercado laboral cuando lo deseen, para así decidir sobre el uso de sus ingresos y para gastarlo o adquirir las cosas o bienes que deseen, también es necesario que puedan participar en la toma de decisiones familiares y comunitarias.

En mi paso por la Especialidad en Familias y Prevención de la Violencia, apliqué un diagnóstico a un grupo de mujeres queretanas de 20 a 28 años que viven en casa de sus padres, en el que se identificaron varias limitantes a su autonomía económica. Por ejemplo, en algunas familias el padre es quien tiene todo el poder y autoridad, lo que imposibilita la participación de las hijas en la toma de decisiones familiares. En otros casos, la opinión de las chicas se limitaba a aquello en lo que aportaban económicamente; algunas otras no podían decidir cuánto tiempo estar fuera de casa; en el caso de una joven, el padre se sentía con la facultad para decirle en qué debía gastar su sueldo, y si no lo hacía así, le recriminaba. Con otra joven, el padre daba poca validez a su trabajo remunerado económicamente al interrumpirla en sus reuniones virtuales, justificando que por estar en su casa él podía hacer lo que quisiera, a pesar de que ella avisaba cuando tenía que conectarse a una videollamada y les pedía que no la interrumpieran.

Todos estos aspectos se pueden considerar como retos para la autonomía económica y que son necesarios de afrontar desde relaciones simétricas de poder por género, generación y en la reconfiguración de los roles tradicionales de género.

En cambio, en los casos en los que si existieron las posibilidades de autonomía económica, al momento que la mayoría de las mujeres empezaron a trabajar de forma remunerada económicamente, tuvieron la oportunidad de participar en algunas decisiones de la casa (como usar los carros, el diseño de la casa, adquisición de productos para el hogar y la convivencia con otros familiares), pudiendo gastar su sueldo como lo deseaban.  

Finalmente, quiero manifestar que me preocupan dos aspectos, el primero, es que la autonomía económica, que debería ser inherente a cualquier persona, tiene varias limitantes en las mujeres, lo que imposibilita su ejercicio; y el segundo, que se utilice como estrategia o mecanismo al empleo remunerado económicamente para empoderar a las mujeres, cuando ni siquiera hay un acceso a la autonomía económica.

Dudas o comentarios favor de dirigirse a la Especialidad en Familias y Prevención de la Violencia de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, al correo electrónico:  especialidadenfamilias@gmail.com

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