Jicotes

Orgasmos y muerte, Obrador oximorón y epitafios.

LÓPEZ OBRADOR OXÍMORON

Lo malo no es tanto que la consulta sea una farsa sin sustento jurídico, sin muestra representativa, sin reglas válidas, sin vigilancia ni control. Lo peor es que López Obrador todo ese cúmulo de irregularidades las tratara con desdén. Le deberíamos de aplicar su consigna: voto por voto, casilla por casilla. La desgracia es que su secretario de Comunicaciones ha quedado totalmente desautorizado, pues ha dado testimonio de ser ignorante, tendencioso, mentiroso y prepotente. ¿Cómo puede sostener a Jiménez Espriú como secretario? Pero digamos que lo “más pior” es que López Obrador se ha erigido como Yahvé tropical, arremetiendo contra sus críticos con un discurso flamígero, descalificador, burlón y hasta poco elegante para un presidente de la República. Oxímoron es una figura retórica que une dos palabras con significado opuesto. Ejemplo: instante eterno. López Obrador tolerancia es ya un oxímoron.

DE EPITAFIOS

Todas las frases son importantes, pero la última, la que pronunciamos agónicos, antes de entrar como decían los aztecas a la región sin puertas ni ventanas, es la que más debemos de cuidar y preparar. Ya Shakespeare escribía: “Dícese que la lengua de los moribundos reclama nuestra atención como una intensa armonía: cuando ya quedan pocas palabras, no suelen gastarse en vano, y los que alientan sus palabras con dolor, hablan siempre con la verdad”.

Rius: “Me deprimen tanto los entierros que de buena gana no iría al mío”.

ORGASMO Y MUERTE

La UAQ me acaba de publicar un libro: De erotixmo, Para animarlos a comprarlo, aprovecho el día para seguir rizando el rizo. El orgasmo y la muerte son lo mismo y no lo afirmo dogmáticamente porque nunca me he muerto. Los dos son ruptura; no se tiene conciencia ni inconsciencia; no está uno en las cosas ni sin ellas, no es cuestión de pasado, ni presente ni futuro, pues simplemente el tiempo desaparece. Muerte y orgasmo: «flashazos» de la vida que nos deslumbran, quizá porque son demasiado radicales; quizá porque no tienen parangón. Experiencias cósmicas que nos llevan a otra realidad, a la sensación total, a la revelación absoluta. El orgasmo con fugacidad, la muerte con la verdad de lo que no tiene regreso. No quisiera terminar en forma deprimente y recuerdo al Eclesiastés: «El día de muerte es mejor que aquel del nacimiento», En verdad quisiera creerlo, pero se los advierto,  me parece que es lema de campaña de la muerte para que no tomemos tan en serio la vida.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba