Jicotes

LA SIMULACIÓN NACIONAL

LOS CANDIDATOS Y LA CORRUPCIÓN

Anaya dijo: “combatiré a los políticos corruptos…no me temblará la mano para acabar con la impunidad”. López Obrador: “actuaré con terquedad, con necedad, con perseverancia rayando en la locura para acabar con la corrupción”. Meade: “seré implacable en el combate contra la corrupción”.

De Anaya diría Margarita Zavala: “representa la política sin escrúpulos, de los moches y de los departamentos mal habidos”. López Obrador impulsa al Senado a Napoleón Gómez Urrutia, ejemplo de líder corrupto, acusado de hacer de chivo los tamales 55 millones de dólares, y a Félix Salgado Macedonio, denunciado por propiciar los carteles en Acapulco. A la toma de posesión de Meade asistieron Romero Deschamps y el secretario Ruíz Esparza, responsable del socavón. Sujetos verdaderamente impresentables. ¿Podrán los electores creer en estos juramentos de los candidatos con acusaciones y compañeros de viaje que son ejemplo de la corrupción?

LA SIMULACIÓN NACIONAL

No entremos en la polémica de que si los culpables fueron los españoles, si es nuestra raíz indígena o ya lo traemos en el genoma producto de nuestro mestizaje, pero la característica nacional de nuestro temperamento es la simulación. Recuérdese el “obedézcase pero no se cumpla” de las cortes españolas.

Téngase presente que somos el país con más fiestas en el mundo, hay una fiesta todos los días en la República mexicana. Y la fiesta es la consagración del “como si”. Como si fuéramos ricos, como si nada nos faltara, como si tuviéramos para derrochar. Ahora la simulación la llevamos a nuestras prácticas electorales.

Las precampañas, que son campañas; los candidatos independientes que no son independientes; las intercampañas que siguen siendo campañas; las autoridades electorales que no tienen ninguna autoridad. ¿Quiénes son simuladores en la lucha política? Tú y yo ya sabemos quiénes: todos son simuladores.

LOS CANDIDATOS SE DESGARRAN LAS VESTIDURAS

El origen de la frase “rasgarse las vestiduras” se remonta a los tiempos bíblicos cuando los judíos se desgarraban la ropa, cuando se sentían indignados y furiosos ante una ofensa a sí mismos o a la colectividad. El hecho derivó en una acción dramática y teatral que no tenía mayor sinceridad.

Los tres candidatos presidenciales han ofrecido luchar contra la corrupción, pero no necesitan llegar a la presidencia para mostrar la veracidad de su compromiso. Los diputados y los senadores derogaron en diciembre pasado la Constitución para evitar que el procurador general pasara en automático a ser el fiscal general, el fiscal carnal.

El problema es que para que esa reforma se cumpla es necesario que los congresos locales, al menos 17, aprueben la reforma, hasta el momento sólo uno lo ha hecho. Si el compromiso de los candidatos es verdadero deben impulsar a sus partidos a aprobarla. De no hacerlo, solamente se rasgaron las vestiduras.

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