Jicotes

Los presidentes municipales y la crítica

Jicotes

En la división el PRI es el beneficiado

Era de esas pocas leyes de la política: los partidos identificados con la izquierda tienen en su genoma el divisionismo, todo es motivo para desgreñarse entre los grupos. En cambio, los partidos supuestamente de derecha, se distinguen por su cohesión y su capacidad para resolver internamente sus diferencias. Aparentemente las ideologías eran más fuente de pulverización que los intereses económicos. El PAN acaba de romper esta ley.

Algunos senadores se suman al PRI en su iniciativa por designar al procurador general como fiscal, mientras que la mayoría del PAN y su presidente Ricardo Anaya, rechazan la propuesta. Esta división encubre otra bandera más prosaica, su impulso a diferentes candidatos presidenciales. Los rebeldes con Margarita Zavala y Anaya para su santo. Con partidos desgarrados internamente, el soñado Frente Opositor se reduce a una simple ocurrencia. El PRI aumenta sus posibilidades de triunfo.

Los presidentes municipales y la crítica

La crítica se convirtió en la palabra favorita en los informes de los presidentes municipales, afirman que les fascina que los critiquen, gozan y disfrutan cuando la ciudadanía no está de acuerdo con ellos. Lo cierto es que se aplica el dicho de dime de qué presumes para decirte de qué careces. Si reconocieran los beneficios de la crítica, lo que deberían de hacer los presidentes sería informar previamente de sus acciones, invitar al diálogo público y asumir una actitud de apertura en la que haya posibilidad de convencer a la autoridad de rectificar o corregir sus acciones.

Nada de eso, las decisiones son tiránicas y no emergen de un diálogo previo. Dirían los clásicos: no están planchadas con la gente. Ciertamente Querétaro ha avanzado políticamente, la conseja de que ni los veo ni los oigo, ha cambiado, sí los veo y sí los oigo, pero lástima Margarito, la decisión está tomada. En Querétaro no hay derecho a la crítica sino al pataleo inútil ante los hechos consumados.

Democracia paralizada

Los que inventaron la democracia moderna en los siglos XVII y XVIII tenían la pesadilla histórica de la concentración y el abuso del poder, por ello su gran obsesión fue la creación de un sistema de pesos y contrapesos que permitiera a las instituciones controlarse a sí mismas. La gran interrogante es que si esa vigilancia recíproca no podría conducir a la parálisis del gobierno.

Montesquieu con desenfado sostuvo que eso no sería posible por la dinámica misma de la democracia. Lo cierto es que en México estamos viviendo esa posibilidad y la Cámara de Diputados está detenida, pues no se ha podido instalar la Mesa Directiva. La condición para hacerlo, afirman los opositores, es la eliminación del pase automático del procurador a fiscal general.

La realidad es que el presidente Peña no necesita ni la petición, sería absurdo designar a un evasor de impuestos de su automóvil Ferrari, como investigador de la corrupción. Ni así toma la decisión de correrlo.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba