Jicotes

VAMOS A BUSCARLOS. NO ES POSIBLE

No vamos tener que abrir cajones, ni roperos, ni debajo de las camas, es una epidemia de incredulidad que debemos de detener. Aunque lo único que van a lograr es que el pueblo sabio le demande precisamente eso: que se reelija AMLO.

LÓPEZ OBRADOR Y LA FELICIDAD

El tema está de moda, las librerías están saturadas de libros sobre la cuestión; hay coaching, psicología positiva; gurús para cumplir nuestros sueños, sin importar que sean guajiros. Todo parece tan fácil, de lo que se trata es simplemente de cambiar nuestro canal cerebral y con una nueva actitud y una sonrisa podemos romper nuestros límites, y todo en siete lecciones. El veinte de marzo se le conmemoró; el ‘Día Internacional de la Felicidad’.

El presidente López Obrador, quien aborda todo tipo de temas, imposible que éste se le pudiera escapar de su discurso, pues en ocasiones es un líder populista, en otras un predicador new age o, como dice Augusto Isla, se convierte en “un párroco gruñón”. Con gran sentido propagandístico aprovecha la oscuridad de la época y se declara; “Rayo de esperanza”. Especie de Deepak Chopra tropical, quien con su palabra lenta, relajada, introduce a periodistas, televidentes y radio escuchas en técnicas profundas de relajamiento. Si Usted no se duerme es difícil que no caiga ante el poderoso psicofármaco de su palabra, donde puede combinar información de física cuántica con lecciones del catecismo del Padre Ripalda.

Nos ha dicho en qué consiste la felicidad y cómo alcanzarla. En un párrafo que recuerda a Fromm, “Ser o tener”, nuestro presidente afirma: «La felicidad no solo es acumular bienes materiales, las alhajas, la ‘troca’, ni el lujo barato. La verdadera felicidad es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia y estar bien con el prójimo, esa es la verdadera felicidad».

En fin, todos estamos para ayudar al presidente para que lo haga siempre mejor, e independientemente que esté de acuerdo con su idea de felicidad, mi sugerencia es que procure alejarse de este tipo de consejos. homilías o sermones, que en ayunas de los pobres asistentes les debe caer pesadísimo y que sirve para abonar la acusación de su mesianismo tropical.

Mi sugerencia al presidente se deriva de la convicción de que todo poder público debe limitarse a crear las condiciones económicas, educativas, sociales y ecológicas, en suma todas las circunstancias materiales, legales e institucionales para que cada quien se desarrolle y sea feliz como le venga en gana.

CIEN O MÁS DÍAS. EL GOBIERNO DE LOS SOBRESALTOS (IV)

El Estado Providencia es un permanente primer impulso de los gobiernos, pues nada es más gratificante que en forma inmediata y concreta entregar dinero contante y sonante. ¿Quién en la vida no le gustaría ser Santa Claus? Además de esta hinchazón de la vanidad que produce ser distribuidor de felicidad, también tiene beneficios muy tangibles en las elecciones, pues los beneficiados están prestos a pagar en las urnas semejante esplendidez de la providencia laica. El presidente López Obrador ha dedicado 191 mil millones de pesos a programas sociales y se estima que con este dinero tendrá 23 millones de electores agradecidos, pues además los beneficios no tendrán intermediarios y se entregarán directamente. Para que no haya duda de quién es Santa Claus.

Lo más fácil es, apoltronado en un sillón y comiendo palomitas, condenar con dedo flamígero esta política y, para no especular mucho, simplemente recordar la consigna oriental: no dar el pescado sino enseñar a pescar. El problema es que a los sectores a quienes se les otorga la asistencia pública tienen urgencias de primera necesidad, solicitarles paciencia hasta que las políticas económicas, siempre tardadas, les salpiquen bienestar, es también poner en riesgo la paz social. También esto debemos reconocer.

El mecanismo de redistribución gratuita de la riqueza, es justicia fast track, pero sin crecimiento económico la crisis está a la vuelta de la esquina. López Obrador sostiene que ese no es problema, pues la austeridad y la lucha contra la corrupción darán el financiamiento correspondiente. Me parece una hermosa ilusión. Independientemente de ello, lo real es que un gobierno benefactor está divorciado del liberalismo. Su decreto de que ya se acabó sin modificar las estructuras de producción y ganancia, es decir, sin una profunda reforma fiscal, al liberalismo ni lo despeina.

Finalmente, no se sabe si por la inercia del gobierno de Peña Nieto o por las políticas erráticas del actual, pero hoy por hoy, el país está económicamente parado. ¿Y cómo es posible que el gobierno tenga tan altos índices de popularidad? Creo que la popularidad se mantendrá mientras la contracción y la inflación no se chupen los beneficios de los regalos de Santa Claus.

VAMOS A BUSCARLOS. NO ES POSIBLE

Hagamos una tregua en el análisis de los cien días para desmontar una campaña negra contra un compromiso que hizo López Obrador. Tomemos como referencia el siguiente hecho histórico. Manuel González ocupó la presidencia de la República en medio del largo lapso de Porfirismo. En una ocasión el dictador fue a una audiencia con quien momentáneamente le había prestado la silla presidencial. Porfirio Díaz le dijo:

Señor presidente, se aproxima el fin de su período y las elecciones se acercan. El motivo de mi visita es para informarle que no estoy interesado en participar en la contienda electoral y que no ocuparé la presidencia de la República.

Después de escucharlo el General González se puso afanosamente a levantar papeles y a abrir cajones. Porfirio Díaz, sorprendido ante reacción tan inusitada, le dijo;

General, ¿qué hace? ¿No me ha escuchado lo que le dije?

González respondió:

¡Claro! Lo escuché. Dijo que ya no quiere ser presidente de la República, y yo ando buscando al pendejo que se lo crea.

López Obrador ha prometido que no quiere reelegirse, nuestra actitud patriótica es buscar a los que ponen en duda su compromiso y recuerdan que durante su gobierno en el Distrito Federal también afirmó que lo dieran por muerto, que él no quería ser candidato a la presidencia de la República. Busquemos también a los que se indignan porque quiere que su nombre y fotografía aparezcan en las boletas de las próximas elecciones federales, en lo que consideran es prueba de su intención de reelección. No es posible tanta desconfianza. Busquémoslos y acusémoslos de algo. ¿De qué? De “sospechosismo”. No vamos tener que abrir cajones, ni roperos, ni debajo de las camas, es una epidemia de incredulidad que debemos de detener. Aunque lo único que van a lograr es que el pueblo sabio le demande precisamente eso: que se reelija.

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