Jicotes

¡VIVA MÉXICO!

Jicotes

BAJO LOS ESCOMBROS

Bajo los escombros de la opinión pública, entre varillas del clamor popular, el polvo de la desconfianza y el cemento de las redes sociales, boqueando como en estado agónico se encuentran los diputados, los senadores, los partidos políticos, la clase política en general; el gasto en propaganda, el aparato electoral y, por supuesto, Televisa. Lo que antes de los temblores era desestima se ha convertido en un desprecio y odio absoluto.

Todos los personajes públicos se encuentran en el peor de los mundos posibles: si no hacen nada ni dan de sus recursos, son irresponsables e insensibles, si tratan de hacer algo para atenuar la tragedia y compartir de sus ingresos, son oportunistas que no les importa la gente sino sus intereses partidistas o empresariales. Antes vieron temblar y no se hincaron, el pueblo no los considera aptos para resolver la tragedia, no los quiere ni de intermediarios de su ayuda. El edificio de la vida política se ha colapsado.

LA CRISIS POLÍTICA

Impresiona el rechazo y el odio a los diputados, a los senadores y a los partidos políticos. No es que el Congreso y los partidos no sean necesarios en una democracia, simplemente la gente considera que no cumplen con las finalidades con las que fueron creados. La crisis política es la crisis de la representatividad. Las elecciones es el procedimiento técnico jurídico clave en toda la democracia, no es que no se necesiten elecciones, es que los ciudadanos afirman que gane quien gane todos son iguales.

La crisis política es la crisis de la alternancia en el poder. No es que el aparato electoral no sea necesario para legalizar quien gana y quien pierde. Pero de qué sirve gastar tanto dinero si al final de todos modos habrá protestas. La crisis política es la crisis de la aceptación de los resultados electorales. La crisis general es la convicción que no merecemos esta clase política y que los procesos institucionales son inútiles y demasiado costosos.

¡VIVA MÉXICO!

El mayor bien que nos dejó el temblor fue recuperar la idea y el sentimiento de que somos una nación. La desmoralización que poco a poco ha provocado la convicción generalizada de que somos gobernados por una clase política incapaz y deshonesta se ha revertido en una elevación de la autoestima nacional, resultado de la toma de conciencia de que somos un pueblo solidario, que puede en un momento de crisis, o cuando así lo quiera, hacer a un lado al poder político y tomar en sus manos la salvación y el destino del país.

Sin ninguna discriminación social, ni económica, ni ideológica, cada quien en lo que pudo sumó su trabajo, su ayuda en dinero o en especie. El temblor nos hizo conscientes de que compartimos un pasado, una cultura, un proyecto de porvenir, pero sobre todo, una moral y una ética ciudadana, aquí nadie se raja y estamos comprometidos todos con todos. ¡Viva México!

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