Minotauro

Avándaro: mito fundacional de una fallida patria rockera

A 50 años de la efímera nación de Avándaro, ¿qué polvos quedan de aquellos lodos de ese septiembre de 1971? ¿Del mito fundacional del Festival de Rock y Ruedas surgió una patria rockera mexicana como lámpara de inagotable aceite, como diría Sabines? ¿O acaso es un accidente en la historia cultural mexicana?

El Festival de Avándaro, en el Valle de Bravo, Estado de México, nace como un oxímoron más de la cultura mexicana, como lo son la revolución institucionalizada o el desarrollo estabilizador; dados esos antecedentes culturales, ¿por qué no hacer un festival que incluya rock y carreras de autos?

Avándaro es la culminación de las contradicciones del rock and roll hecho en México. Si en Estados Unidos nace como una música de la población afroamericana que está cargada de protesta y rebeldía con fuerte pulsión sexual; en México se importa como un producto más de moda del vecino país del norte y en un proceso más de sustitución de importaciones, la industria cultural mexicana lo presenta tropicalizado para el consumo local. 

Así, el primer rock mexicano no nace de la voz de los jóvenes marginados como los olvidados de Buñuel, sino de un aséptico estudio de televisión donde adaptan la hoy clásica canción de Bill Halley Rock Around the Clock y es Gloria Ríos quien pasa a la historia como la primera intérprete con El Relojito, versión adaptada para sonar en los salones de baile después del mambo y el cha cha cha imperantes.  

Si en Estados Unidos el rock es la expresión musical donde todo un movimiento cultural va a encontrar un reflejo en los 60, en México da sus primeros pasos carente de contenido original: las primeras canciones serán adaptaciones de lo más popular en el mundo anglosajón. 

El rock en México es proscrito. Pese a su inocuidad inicial y su escasez ideológica, es rechazado por la izquierda clandestina al considerarlo un instrumento de dominación cultural capitalista y la derecha lo condena al infierno por, según, pervertir a la católica juventud mexicana. Huérfano y sin referentes ideológicos, el rock local tiene que buscar su propio sentido y es en la segunda mitad de los 60 cuando empieza a generar algo propio con la llamada Onda Chicana, con grupos de Tijuana que buscan una identidad musical nacional, pero, nuevamente, la contradicción: cantan en inglés y son considerados extranjeros en su tierra. 

Avándaro es el espejo negro de Tezcatlipoca que muestra las contradicciones del naciente rock mexicano, donde chocan todas las fuerzas culturales y políticas y el resultado es la prohibición y orfandad de un movimiento musical que ve nuevamente interrumpida su evolución y tiene que esperar hasta los años 80 para volver a comenzar: Avándaro, el mito fundacional de una fallida patria rockera

A 50 años de la efímera nación de Avándaro, ¿qué polvos quedan de aquellos lodos de ese septiembre de 1971? ¿Del mito fundacional del Festival de Rock y Ruedas surgió una patria rockera mexicana como lámpara de inagotable aceite, como diría Sabines? ¿O acaso es un accidente en la historia cultural mexicana?

El Festival de Avándaro, en el Valle de Bravo, Estado de México, nace como un oxímoron más de la cultura mexicana, como lo son la revolución institucionalizada o el desarrollo estabilizador; dados esos antecedentes culturales, ¿por qué no hacer un festival que incluya rock y carreras de autos?

Avándaro es la culminación de las contradicciones del rock and roll hecho en México. Si en Estados Unidos nace como una música de la población afroamericana que está cargada de protesta y rebeldía con fuerte pulsión sexual; en México se importa como un producto más de moda del vecino país del norte y en un proceso más de sustitución de importaciones, la industria cultural mexicana lo presenta tropicalizado para el consumo local. 

Así, el primer rock mexicano no nace de la voz de los jóvenes marginados como los olvidados de Buñuel, sino de un aséptico estudio de televisión donde adaptan la hoy clásica canción de Bill Halley Rock Around the Clock y es Gloria Ríos quien pasa a la historia como la primera intérprete con El Relojito, versión adaptada para sonar en los salones de baile después del mambo y el cha cha cha imperantes.  

Si en Estados Unidos el rock es la expresión musical donde todo un movimiento cultural va a encontrar un reflejo en los 60, en México da sus primeros pasos carente de contenido original: las primeras canciones serán adaptaciones de lo más popular en el mundo anglosajón. 

El rock en México es proscrito. Pese a su inocuidad inicial y su escasez ideológica, es rechazado por la izquierda clandestina al considerarlo un instrumento de dominación cultural capitalista y la derecha lo condena al infierno por, según, pervertir a la católica juventud mexicana. Huérfano y sin referentes ideológicos, el rock local tiene que buscar su propio sentido y es en la segunda mitad de los 60 cuando empieza a generar algo propio con la llamada Onda Chicana, con grupos de Tijuana que buscan una identidad musical nacional, pero, nuevamente, la contradicción: cantan en inglés y son considerados extranjeros en su tierra. 

Avándaro es el espejo negro de Tezcatlipoca que muestra las contradicciones del naciente rock mexicano, donde chocan todas las fuerzas culturales y políticas y el resultado es la prohibición y orfandad de un movimiento musical que ve nuevamente interrumpida su evolución y tiene que esperar hasta los años 80 para volver a comenzar: Avándaro, el mito fundacional de una fallida patria rockera

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