Minotauro

En la búsqueda de identidad del México del siglo XXI

Los hechos suceden solo una vez, pero en nuestra memoria resuenan como un loop infinito y toman en cada repetición un matiz diferente que depende de cuál sea nuestra situación personal en ese instante que ataca el recuerdo. No vemos nuestro pasado como fuimos sino cómo somos en la actualidad.

Lo mismo sucede con los hechos históricos, suceden una vez y se reinterpretan y se reescriben según la sociedad de cada época. No vemos la historia cómo fue, sino como la sociedad que somos actualmente.

Los humanos somos animales sociales que dotamos de símbolos nuestra existencia para darle un sentido y encajar en ella, por eso usamos los ciclos y dotamos a las fechas de cierto ritual como para sentir que repetimos el tiempo y que la vida es circular, ese es el papel que sirven las conmemoraciones: seguir el rito y dotar de nuevos inicios.

Es aquí donde encajan los festejos de efemérides y más si son en números cerrados. ¿Hay alguna diferencia entre conmemorar 199 o 200 años? En realidad, solo es sumar tiempo, pero en el sentido del rito, los números cerrados dotan de sentido: es más simbólico conmemorar 500 años que 499.

Y en ese búsqueda de sentido y ante la doble conmemoración de los CINCO siglos de la Caída de Tenochtitlán y el Bicentenario de la consumación de la Independencia buscamos un nuevo sentido a esos momentos históricos.

Vemos la historia como somos en el presente; por ello, la reubicación de la estatua de Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma, el cambiarle el nombre a la famosa Noche Triste de Cortés, rebautizar avenidas quitándole el nombre de los conquistadores españoles, entre otros actos simbólicos, responden a esta inquietud de reinterpretar nuestra historia.

Muchos historiadores actualmente dicen que es un error llamar conquista de México a lo sucedido hace 500 años y Federico Navarrete, autor de el libro Historias Mexicas, afirma que podemos considerar Hernán Cortés “tal vez solo fue un instrumento usado por los indígenas para ganar su propia guerra”, lo cual cobra sentido si consideramos que la Mesoamérica era un sociedad de guerra endémica.

Que a nadie espante ni sorprenda la reinterpretación de la historia pues incluso el investigador Esteban Mira Caballos,  afirma que en el siglo XVII es el siglo de Hernán Cortés, cuando se le ensalzó como figura arquetípica, pero a partir del siglo XIX, con la creación del Estado mexicano, pasó al lado contrario.

Reinterpretamos nuestra historia desde nuestro presente; actualmente estamos en la discusión sobre cómo comprender lo sucedido hace cinco siglos y parece que la discusión no ha dejado espacio para otro tema igual de importante: ¿cómo reinterpretamos el proceso de Independencia? ¿Agustín de Iturbide seguirá en el limbo de la historia mexicana o algún día ascenderá a los altares de la patria?

Estamos justo en el momento de redefinición de la identidad del México del siglo XXI, que será muy distinto al del XX y el XIX.

Los hechos suceden solo una vez, pero en nuestra memoria resuenan como un loop infinito y toman en cada repetición un matiz diferente que depende de cuál sea nuestra situación personal en ese instante que ataca el recuerdo. No vemos nuestro pasado como fuimos sino cómo somos en la actualidad.

Lo mismo sucede con los hechos históricos, suceden una vez y se reinterpretan y se reescriben según la sociedad de cada época. No vemos la historia cómo fue, sino como la sociedad que somos actualmente.

Los humanos somos animales sociales que dotamos de símbolos nuestra existencia para darle un sentido y encajar en ella, por eso usamos los ciclos y dotamos a las fechas de cierto ritual como para sentir que repetimos el tiempo y que la vida es circular, ese es el papel que sirven las conmemoraciones: seguir el rito y dotar de nuevos inicios.

Es aquí donde encajan los festejos de efemérides y más si son en números cerrados. ¿Hay alguna diferencia entre conmemorar 199 o 200 años? En realidad, solo es sumar tiempo, pero en el sentido del rito, los números cerrados dotan de sentido: es más simbólico conmemorar 500 años que 499.

Y en ese búsqueda de sentido y ante la doble conmemoración de los CINCO siglos de la Caída de Tenochtitlán y el Bicentenario de la consumación de la Independencia buscamos un nuevo sentido a esos momentos históricos.

Vemos la historia como somos en el presente; por ello, la reubicación de la estatua de Cristóbal Colón de Paseo de la Reforma, el cambiarle el nombre a la famosa Noche Triste de Cortés, rebautizar avenidas quitándole el nombre de los conquistadores españoles, entre otros actos simbólicos, responden a esta inquietud de reinterpretar nuestra historia.

Muchos historiadores actualmente dicen que es un error llamar conquista de México a lo sucedido hace 500 años y Federico Navarrete, autor de el libro Historias Mexicas, afirma que podemos considerar Hernán Cortés “tal vez solo fue un instrumento usado por los indígenas para ganar su propia guerra”, lo cual cobra sentido si consideramos que la Mesoamérica era un sociedad de guerra endémica.

Que a nadie espante ni sorprenda la reinterpretación de la historia pues incluso el investigador Esteban Mira Caballos,  afirma que en el siglo XVII es el siglo de Hernán Cortés, cuando se le ensalzó como figura arquetípica, pero a partir del siglo XIX, con la creación del Estado mexicano, pasó al lado contrario.

Reinterpretamos nuestra historia desde nuestro presente; actualmente estamos en la discusión sobre cómo comprender lo sucedido hace cinco siglos y parece que la discusión no ha dejado espacio para otro tema igual de importante: ¿cómo reinterpretamos el proceso de Independencia? ¿Agustín de Iturbide seguirá en el limbo de la historia mexicana o algún día ascenderá a los altares de la patria?

Estamos justo en el momento de redefinición de la identidad del México del siglo XXI, que será muy distinto al del XX y el XIX.

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