Minotauro

Tiempo de concordia

Creo que es momento de la concordia, quien para los antiguos romanos era una diosa para la paz, donde todos los actores den una tregua a sus ambiciones políticas en lo que pasa la primera fase de la pandemia porque después vendrán los duros efectos económicos que afectarán a todos los mexicanos.

Una situación crítica como la de la pandemia del COVID-19 por la que está pasando actualmente la humanidad, termina por sacar lo peor y lo mejor de las personas. En el caso de México, nos ha mostrado la mezquindad y pequeñez de la nuestra clase política en todo su extenso abanico.

Según datos oficiales, al momento del corte del domingo 22 de marzo, en nuestro país se contabilizaban 316 casos confirmados con el coronavirus COVID-19; en tanto, hay 794 sospechosos de tener el virus y se han descartado mil 667 casos. Hasta el momento, en México suman dos muertes por la pandemia y una polémica generada por la información de una presunta muerte que luego fue desmentida por el gobierno federal.

Como lo escribió este domingo en su columna el historiador Lorenzo Meyer, coincide con el presidente francés Macron al definir la situación de la pandemia del COVID-19 como una situación de guerra. Para ello, Meyer agrega que además de la pandemia, México enfrenta al mismo tiempo otras dos guerras: una contra el crimen organizado, una política entre el gobierno y el antiguo régimen y una económica entre el intento de cambio de modelo y los poderes que se resisten a perder sus privilegios. En esa encrucijada se encuentra nuestro país.

Y ninguno de los actores políticos abona para lograr un escenario donde se pueda hacer frente a la pandemia que ha llegado a México y que, hasta el momento, no nos ha castigado como a otros países.

Y, sin embargo, ningún actor político abona para poder hacer frente de manera conjunta ante el nuevo virus, por el contrario, toman esta coyuntura para jalar agua para su molino y desacreditar a su opositor. Entiendo que los políticos politizan todo, pero también los buenos políticos saben cuándo hay que enfrentar al rival y cuándo hacer causa común.

La oposición hace un papel lamentable encendiendo las alarmas y dibujando un escenario apocalíptico. Son mezquinos apostando al fracaso del gobierno federal en esta circunstancia. Desde los partidos políticos que regalan gel antibacterial con el nombre de diputados hasta el expresidente Felipe Calderón, que incluso ya se llevó un zape en Twitter del embajador de Estados Unidos en nuestro país por querer usar un discurso de Joe Biden contra Trump con jiribilla dirigida al presidente López Obrador.  

La comentocracia corre en ese mismo carril, no escuchan la información oficial y anhelan por ver el apocalipsis en México, prueba de ello es el borrego (así se le llamaba a las ‘fake news’ antes) de que había muerto un importante empresario víctima de COVID-19 para después ser desmentido por el gobierno federal.

Del lado presidencial tampoco las cosas se muestran bien; la actitud del presidente Andrés Manuel de comportarse como un Enfant Terrible de la política al seguir organizando mítines y saludando a multitudes lanza un mal mensaje de como se está gestionando la crisis aunque su gabinete de salud esté informando de manera transparente todos los días a las 7 de la noche. ¿De qué sirve que el gabinete de salud haga campañas de sana distancia creando un personaje cuando el presidente parece no respetarla? A eso, hay que sumarle la imagen de las estampitas protectoras que lleva en su cartera. El presidente se olvida que ya no está en un debate y no tiene rival para ridiculizar. Tampoco añoro la falsa solemnidad con se trataba a la investidura presidencial pero en este momento, un poco de serenidad le caería bien al presidente.

Y, por último, penoso el actuar de la clase empresarial mexicana; primero una poderosa corporación que para no perder márgenes de ganancia durante la contingencia, manda a sus empleados sin goce de sueldo a sus hogares. Para ellos, la empatía no existe, sólo el ganar más dinero sin importar quien muera de hambre. Y este fin de semana, la Coparmex lanzó una nueva andanada contra el presidente al sugerir su destitución por una presunta inacción durante esta crisis de la pandemia.

Creo que es momento de la concordia, quien para los antiguos romanos era una diosa para la paz, donde todos los actores den una tregua a sus ambiciones políticas en lo que pasa la primera fase de la pandemia porque después vendrán los duros efectos económicos que afectarán a todos los mexicanos, unos más que otros, aunque los empresarios no quieran perder un ápice.

No espero un pacto por México como en el peñanietismo, el cual resultó ser todo un fiasco, sino un franco diálogo de unidad nacional, muy a la manera del presidente Manuel Ávila Camacho cuando ante la entrada de México convocó a todos los actores -expresidentes incluidos- a cerrar filas. Pero como dijo Juan Gabriel en la canción «Se me olvidó otra vez», sé que estoy pidiendo demasiado.

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