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Verdad en Vilo: El Desafío del Periodismo Ante la Desinformación Electoral en 2024

La primera víctima de la guerra es la verdad, proclamó Esquilo hace casi 2 mil 500 años, una frase que resuena con perturbadora actualidad en el México de 2024, en medio del fervor de su proceso electoral.
Las campañas electorales se despliegan como campos de batalla, en los que el premio supremo es la conquista del poder político y, en esta lucha —desafortunadamente—, la verdad se convierte en el primer rehén.

Este fenómeno, antiguo como la propia historia, revela una vez más su sombría silueta en el teatro de la política moderna, donde las estrategias para ganar no rara vez se alejan de la integridad y la sinceridad.

No está de más recordar el caso de Donald Trump, cuya «realidad alterna» sedujo a millones y lo llevó a la presidencia. Aquel evento marcó un punto de inflexión para medios y redes sociales, impulsándolos a reconsiderar su rol en una era dominada por conceptos como la postverdad y el postmodernismo. Sin embargo, una era de postperiodismo es inconcebible, ya que éste siempre debe volver a sus raíces.
Frente a la distorsión de la realidad en las campañas, surge la pregunta: ¿cuál es el papel del periodismo?

La respuesta es inequívoca: perseguir la verdad. Si los métodos tradicionales ya no son suficientes, entonces es imperativo reinventarlos. Aquí es donde el concepto del fact-checking entra en escena, no como una novedad, sino como un retorno a los fundamentos del periodismo ejecutado con precisión metódica. Iniciativas como Verificado o El Sabueso son ejemplos de esta práctica, y que marcan el camino a seguir.

Así, en este contexto electoral y en todos los aspectos de la sociedad, el periodismo debe sostener la lámpara que ilumina la verdad, desentrañar hechos, desmentir falsedades y ofrecer a la ciudadanía una base sólida para la toma de decisiones informadas.

La era de la información instantánea nos desafía a ser aún más diligentes en nuestra búsqueda de la verdad, reconociendo que en la precisión y el rigor de la verificación de hechos (fact-checking) recae no sólo el futuro del periodismo, sino el de la democracia misma.

Mientras la puesta en escena electoral prosigue, nos enfrentamos a una encrucijada no solo como sociedad, sino como guardianes de la palabra escrita y hablada. La tarea que tenemos ante nosotros es compleja, pero no imposible. La verificación de la información y el fact-checking no son meras técnicas periodísticas; son el alma de un compromiso renovado con la verdad en una era de incertidumbre.

Que este momento de la era digital no sea recordado como el inicio de la postverdad, sino como el un reinicio del periodismo comprometido con desentrañar la realidad.

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