Punto y Seguido

AMLO y la superficialidad

La necia y mala educación positivista se nos impone una y otra vez y el espectro del PIB y sus terríficos tentáculos; el PIB por persona, la tasa de inversión o los movimientos comerciales externos retoman su influjo y nos llevan del lado lúgubre de esta historia.

En aquel tiempo le llamábamos voluntarismo. La filosofía del lopezobradorismo no es una filosofía del desarrollo, sino de la transferencia de recursos destinada a perpetuar el subdesarrollo mientras, “siesque”, se atenúa la pobreza y, sobre todo, se hacen malabares con las dificultades de la Hacienda, es decir, de los dirigentes de la pobreza.

Pregunta J. F. Revel: “¿la suerte que tenemos de disponer de un número de conocimientos y de informaciones incomparablemente mayor que hace solo tres siglos, dos años, seis meses, nos conduce a tomar mejores decisiones?” De momento, la respuesta es: no.

El profesor -desde la educación básica hasta la universitaria- puede enseñar o adoctrinar. Cuando la enseñanza prima sobre el adoctrinamiento, la educación cumple su función principal, en el interés de los que la reciben y en el interés de la democracia bien entendida. cambio, cuando es el adoctrinamiento el que se impone, se convierte en nefasta, abusa de los estudiantes y sustituye la cultura por la impostura.

Cortázar no deja dudas de su identificación con la patafísica: Jarry, dijo una vez, que lo que a él le interesaba verdaderamente no eran las leyes, sino las excepciones de las leyes; cuando había una excepción, para él había una realidad misteriosa y fantástica que valía la pena explorar, y toda su obra, toda su poesía, todo su trabajo interior, estuvo siempre encaminado a buscar, no las tres cosas legisladas por la lógica aristotélica, sino las excepciones por las cuales podía pasar, podía colarse lo misterioso, lo fantástico…

Todos los dictadores han sido -y esto es casi un pleonasmo-, raptores de la educación, así como de la prensa, y por la misma razón. “Que la escuela, en todos sus grados y en todas sus enseñanzas -proclamó Benito Mussolini en 1925-, eduque a la juventud italiana para hacerle comprender el clima histórico de la Revolución.” Se trata de la Revolución fascista, por supuesto, porque fue una revolución.

En nombre de otra revolución, un pedagogo del partido comunista italiano decía exactamente lo mismo en 1972: “Hay en el mundo y en nuestro país un conjunto de ideas que representan lo más avanzado que el movimiento progresista y revolucionario ha producido desde hace medio siglo: queremos que estas ideas se afirmen en la escuela.”

Propone R. Cordera que la necia y mala educación positivista se nos impone una y otra vez y el espectro del PIB y sus terríficos tentáculos; el PIB por persona, la tasa de inversión o los movimientos comerciales externos retoman su influjo y nos llevan del lado lúgubre de esta historia. Y de esta pretenciosa ciencia económica que el gran historiador Thomas Carlyle bautizó precisamente como ciencia lúgubre.

Acertijo

Cuando uno se pregunta cómo y por qué una civilización nacida del conocimiento y que depende del mismo se ensaña en combatirla o en abstenerse de utilizarla, se siente, en buena lógica, obligado a reflexionar muy particularmente sobre el papel de los intelectuales en esta civilización.

Según la visión canónica de nuestro mundo, estarían, a un lado, los intelectuales, los artistas, los escritores, los periodistas, los profesores, las autoridades religiosas, los sabios, que defenderían desde siempre, ante y contra todos, la justicia y la verdad; luego, en el otro lado, las potencias del mal: los poderes, el dinero, los promotores de guerras, los acaparadores y los explotadores, la policía, los racistas, fascistas y dictadores, la opresión y las desigualdades, la derecha en general y un poco la izquierda, en un pequeño número de sus desviaciones eminentemente pasajeras y atípicas. Esta visión prevalece tanto más fácilmente cuanto que los medios de comunicación, en las democracias, están, por definición, en manos de los que ella halaga.

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