Punto y Seguido

Convivencia fallida

Punto y seguido

Ricardo Rivón Lazcano

PARA DESTACAR: La verdad no sueña nunca, dijo un filósofo oriental. Por eso no nos importa. ¿Qué íbamos a hacer con su fútil realidad? Ella únicamente existe en mentes de sabios, en prejuicios escolásticos, en la mediocridad de todas las enseñanzas.

No veo el sentido de reflexionar largo y tendido sobre la convivencia humana, sobre las interacciones sociales y las pasiones involucradas, tanto en general, como en particular, es decir, de lo cercano en la Universidad, Alma Mater queretana.

La convivencia ha fracasado frente al uso del poder a secas.

Revisitando a E. M. Cioran

Algunos tienen desgracias; otros, obsesiones. ¿Quiénes son más dignos de lástima?

La historia de las ideas es la historia del rencor de los solitarios.

La sociedad no es una enfermedad, sino un desastre. Es un milagro estúpido que consigamos vivir en ella.

El paraíso no era un lugar soportable, de lo contrario el primer hombre se hubiera adaptado a él; este mundo tampoco lo es, ya que en él se añora el paraíso o se da otro por seguro. ¿Qué hacer? ¿Dónde ir? No hagamos nada, no vayamos a ningún sitio, así, sin más.

Tal y como la Nada se vuelve Dios mediante la oración, de igual forma la apariencia se torna naturaleza gracias a la expresión.

Gracias a la melancolía —ese alpinismo de los perezosos— escalamos desde nuestro lecho todas las cumbres y soñamos en lo alto de todos los precipicios.

Mi misión es matar el tiempo, y la del tiempo es matarme a mí. ¡Qué cómodo se encuentra uno entre asesinos!

Nunca se dice de un perro o de una rata que es mortal. ¿Con qué derecho se ha arrogado el hombre ese privilegio? Después de todo, la muerte no es un descubrimiento suyo. ¡Qué fatuidad creerse su beneficiario exclusivo!

¿Qué te queda de todo cuanto has vivido? Las alegras y los sufrimientos anónimos pero a los que les has encontrado un nombre.

El nirvana estético del mundo: alcanzar lo supremo en medio de supremas apariencias. Ser nada y todo en la espuma de lo inmediato. Y elevarse a los límites del yo, en lo inmediato y en lo pasajero.

Hay un latido asesino que destroza los lazos terrenales, una sed de felicidad fuera de las felicidades.

Estás inmóvil y esperas. Te estás esperando. Pero, ¿qué vas a hacer contigo?

El hombre no ha inventado un error más precioso ni una ilusión más sustancial que el yo. Respira y se imagina que es único; el corazón le late porque es Él.

Si la existencia individual es de una atracción tan brutal se debe a que nací de un desequilibrio, de una desigualdad del fondo original de la vida.

Soñaba que había muerto, buscaba mis huesos por los astros y me encontré a los pies del Yo plañendo mi identidad.

La verdad no sueña nunca, dijo un filósofo oriental. Por eso no nos importa. ¿Qué íbamos a hacer con su fútil realidad? Ella únicamente existe en mentes de sabios, en prejuicios escolásticos, en la mediocridad de todas las enseñanzas.

Las pasiones según Jorge W.

La convivencia humana depende de dos conceptos (y de sus contrarios): la alegría (y la tristeza) de lo propio (y de lo ajeno).

Las pasiones de la convivencia humana son ocho: la compasión, la envidia, el morbo, la alegría empática, la autoestima, la autocompasión, la melancolía y la nostalgia.

La compasión es la tristeza propia por la tristeza ajena (pena me da tu pena).

La envidia es la tristeza propia por la alegría ajena (pena me da tu contento).

El morbo (no en sentido sexual, sino más como enfermedad de la moral personal) es la alegría propia por la tristeza ajena (contento me da tu pena).

La alegría empática es la alegría propia por la alegría ajena (contento me da tu contento).

La autoestima es la alegría propia por la alegría propia (¡qué contento me da mi contento!).

La autocompasión es la tristeza propia por la tristeza propia (¡qué pena me da mi pena!)

La tristeza propia por la alegría propia es la contradicción del melancólico (pena me da mi contento).

La alegría propia por la tristeza propia es la contradicción del nostálgico (contento me da mi pena).

Dos altas pasiones (la compasión y la alegría empática) son las luces, y dos bajas pasiones (el morbo y la envidia) son las sombras de la convivencia humana.

Cuatro pasiones íntimas (la autoestima, la autocompasión, la melancolía y la nostalgia) matizan las altas y las bajas pasiones de la convivencia.

La compasión es el motor del progreso moral.

La alegría empática es el motor del progreso social.

La envidia es la resistencia al progreso social.

El morbo es la resistencia al progreso moral.

La autoestima es el motor del progreso creativo.

La autocompasión es la resistencia al progreso creativo.

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