Punto y Seguido

El cuento más corto y otros cuantos

 

Uno

Todo mundo sabe el cuento más corto de todos los tiempos. Sin embargo, hay que aclarar dos cosas: a) ni es el cuento más corto de todos los tiempos, y b) no todo mundo sabe del cuento más corto de todos los tiempos.

De acuerdo a mi estadística, solamente el ¡uno por ciento! de los estudiantes de la Universidad Autónoma de Querétaro tienen alguna noticia respecto del cuento, y de ese uno por ciento, apenas una fracción lo sabe de memoria y lo repite fluidamente.

Ahora bien, no es fácil comprender el significado total del cuento. Hay, diríamos, por lo menos tres niveles de comprensión: el burdo, el sutil y el extremadamente sutil. Corresponde a cada nivel un método de lectura específico.

Se diría que, visto desde fuera, es el mismo método para los tres niveles. Falso. La práctica hace la diferencia.

Dos

Historia real queretana contemporánea

– Ven, te mostraré a mis gemelitas. – ¡Gracias! ¡Oh, están preciosas! ¿Puedo cargarlas? -Por supuesto amiga, a pesar del formol no pesan tanto.

Tres

Huxley

– Es bastante vergonzoso –decía-, haber estado ocupado durante toda la vida por el problema del ser humano y haber descubierto que uno no tiene mucho más que ofrecer, a modo de consejo, que el consabido “intenta ser un poco más amable”. El chiste de todo es tratar de obtener la libertad a partir de la fundamental incapacidad humana que es el egoísmo.

Cuatro

– Me definieron las generalizaciones sociológicas, los estereotipos históricos o religiosos, todo lo acepté. Hoy descubro que el hombre no sabe definirse a sí mismo.

Cinco

El espejo chino.

Anónimo

– Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine.

Después de vender su arroz en la ciudad, el campesino se reunió con unos compañeros, y bebieron y lo celebraron largamente. Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo podía recordar. Entonces compró en una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y regresó.

Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.

La mujer le dio el espejo y le dijo:

-Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.

La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:

-No tienes de qué preocuparte, es una vieja.

Seis

Fábula

Franz Kafka

– ¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.

-Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato… y se lo comió.

Siete

Las advertencias

Anónimo

– Una joven se arrodilló a orillas de un río. Vio reflejada la imagen de la muerte.

Preguntó: ¿qué quieres? ¡Soy joven! ¿Por qué vienes a buscarme sin previo aviso?

–No vengo a buscarte. Tranquilízate, estoy esperando a otra persona. Solo vendré a buscarte con previo aviso.

La joven acumuló años, se casó, tuvo hijos y una vida diríamos tranquila.

Un verano, en el mismo río, volvió a ver el rostro de la muerte. La saludó y, diciendo adiós, quiso levantarse. Una fuerza la mantuvo arrodillada junto al agua: –Pero ¿qué quieres?–Es a ti a quien quiero. Hoy he venido a buscarte. –¡Me habías prometido avisarme antes! –¡Te he prevenido! –¿Me has prevenido? –De mil maneras. Cada vez que te mirabas a un espejo, veías aparecer tus arrugas, tu pelo se volvía blanco. Sentías que te faltaba el aliento y que tus articulaciones se endurecían. ¿Cómo puedes decir que no te he prevenido?

Ocho

Más o menos Koestler.

– Luego de años y años de disciplinada práctica, el verdugo logró dominar la técnica de sus afanes: cortar el cuello y que la cabeza siguiese pegada al cuerpo. Un día, cuando el sentenciado subía al patíbulo se realizó el prodigio. El decapitado siguió subiendo. Ya frente a su ejecutor, reclamó ¿Por qué prolongas mi agonía? ¿Por qué la falta de misericordia? Con serena sonrisa el verdugo respondió: – Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor.

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