Punto y Seguido

El hierro de la oligarquía.

Aunque los sociólogos se extravíen en la justificación ideológica, la sociología no ha perdido fuerza explicativa. Hace poco más de cien años, Robert Michels publicó su libro sobre los partidos políticos. Los párrafos que siguen provienen de la introducción realizada por Seymour Lipset.

1. La abrumadora mayoría de todas las organizaciones del hombre a través de la historia ha sido manejada por gobiernos de partido único. La mayor parte del tiempo, en casi todos los lugares del mundo, todas las organizaciones han estado bajo el dominio de un partido único. En algunos momentos de la historia, y en determinados lugares del mundo, han existido unas pocas organizaciones de dos partidos (o de partidos múltiples), pero el gobierno de partido único es lo normal y poco menos que universal. Los gremios no son una excepción … Aun en los democráticos Estados Unidos, las corporaciones, los partidos políticos, las fraternidades, las sectas religiosas, las organizaciones de granjeros, los grupos adinerados o los gobiernos estudiantiles son todas organizaciones de partido único.

2. En la masa – aun la masa organizada de los partidos de trabajadores – existe una necesidad inmensa de dirección y guía… Esto… es explicable por la división del trabajo tanto más amplia en la sociedad civilizada moderna, que hace cada vez más imposible abarcar en una única mirada la totalidad de la organización política del Estado y su mecanismo, cada vez más complicado. A esta despersonalización se suma – especialmente en los partidos populares – una diferencia profunda de cultura y educación entre los miembros. Esta diferencia imprime una tendencia dinámica siempre creciente a la necesidad de liderazgo que sienten las masas.

3. Las hipótesis de Michels relativas a la “incompetencia de las masas” coinciden bastante con las de Lenin, quien justificaba su convicción de la necesidad de un partido elitista de revolucionarios profesionales que condujera a las masas hacia el socialismo, al describirlas como “adormecidas, apáticas, obstinadas, inertes e inactivas”.

4. Las exigencias del trabajo, la familia, las actividades ociosas y otros compromisos semejantes, limitan mucho el tiempo real y la energía psíquica que el término medio de las personas puede dedicar a un grupo de miembros o a la política. El poco interés y la escasa participación obedecen también al hecho de que los miembros de toda organización de masa tienen, por fuerza, menos educación e ilustración general que los líderes.

5. Michels rechazó específicamente la suposición de que existiera un liderazgo representativo. Sostenía que quienes llegaban a ser funcionarios de los gremios o de los partidos políticos con dedicación exclusiva, o quienes actuaban como representantes parlamentarios, “aunque pertenecían por su posición social a la clase de los gobernados, habían llegado a formar parte, en realidad, de la oligarquía gobernante”. Es decir, los líderes de las masas son en sí mismos parte de la “élite de poder”, y elaboran propósitos y desarrollan intereses derivados de su posición entre los elementos más privilegiados.

6. ¿Hay una respuesta a la ley de hierro de la oligarquía? Si lo miramos desde la perspectiva interesada en una sociedad más democrática y más igualitaria, Los partidos políticos es un libro pesimista. El propio Michels nos dice, en el último capítulo, que el estudio histórico nos obliga a “insistir en el aspecto pesimista de la democracia…” ¿Entonces la democracia es un ideal utópico? ¿Los esfuerzos por crear sociedades socialistas libres desembocarán inevitablemente en una nueva tiranía?

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