Punto y Seguido

El mundo como supermercado

Punto y seguido

Esta es la pesca de la segunda parte del libro ‘El mundo como supermercado’, de Houellebecq. Es sabido que Houellebecq reconoce en Schopenhauer uno de sus pensadores favoritos, tanto que lo considera como punto de quiebre en su profesión literaria. Al final he incluido algunos aforismos que retratan, en breve, la identidad de los dos autores. Como en la ocasión anterior, he deslizado algunas ideas propias.

Breve diálogo entre Houellebecq y su amiga, doctora en biología, Angéle:

-“Para reafirmar su potencia viril, el hombre ya no se conforma con la simple penetración. Se siente constantemente evaluado, juzgado, comparado con los demás machos. Para librarse de ese malestar, para llegar a sentir placer, ahora necesita golpear, humillar, envilecer a su compañera; sentirla completamente a su merced. Por otra parte, este fenómeno empieza a observarse también en las mujeres.

– Pues sí que estamos jodidos.

– Pues sí. Desde luego que sí.”

-Los valores femeninos clásicos estaban impregnados de altruismo, amor, compasión, fidelidad y dulzura. Aunque ahora nos reímos de esos valores, hay que decir claramente que son valores superiores y que su desaparición total sería una tragedia.

-La vida se trata de descubrir y describir las mentiras habituales, patéticas que la gente se cuenta a sí misma para soportar lo desgraciada que es su vida.

-Mucha gente siente que vive durante breves instantes; pero sus vidas, vistas en conjunto, carecen de dirección y de sentido.

-Una sensación recorre México: la sensación de que los políticos no pueden hacer nada en favor de la sociedad, de que no tienen ningún control real sobre los acontecimientos y de que en caso de tener alguno, dicho poder será cada vez menor. Los políticos lo notan y se desprecian a sí mismos.

-Dicen que fue Robespierre quien insistió para que se añadiera la palabra “fraternidad” a la divisa de la República.

-La conciliación razonada de los egoísmos, error del Siglo de las Luces al que los liberales, en su incurable necedad, siguen haciendo referencia, me parece una base de una fragilidad ridícula.

-Si los jóvenes se adaptan fácilmente al ambiente repugnante del capitalismo mafioso (formal e informal), es porque el régimen social y político es incapaz de promover el altruismo. Hay una incapacidad sistémica por promover una moral altruista.

-Mucha gente siente la necesidad de escribir poemas en el curso de su vida; pero ya nadie los lee.

-Dado el discurso casi de cuento de hadas de los medios de comunicación, es fácil hacer gala de cualidades literarias desarrollando la ironía, la negatividad, el cinismo.

-Las teorías del futuro de hoy valen lo mismo que las teorías del futuro de ayer.

-La transición histórica por la que atravesamos es fundamentalmente conceptual: hemos creído a la humanidad una máquina racional en permanente perfeccionamiento; empezamos a creer que más bien somos la efervescencia caótica de un proceso sin sentido.

La desilusión no es nada malo. Si hay desilusión es que ha habido ilusión, y nunca es demasiado temprano para disipar una ilusión.

-El cambio histórico es una mera ilusión para maquillar nuestra inalterable nada.

-Es irritante vivir en una época de mediocres, sobre todo cuando uno se siente incapaz de subir de nivel.

Shopenhauer

-Bien puede decirse que la vida es un episodio que viene a perturbar inútilmente la sagrada paz de la nada.

-Cuantas menos razones tiene un hombre para enorgullecerse de sí mismo, más suele enorgullecerse de pertenecer a una nación.

-La conmiseración con los animales está íntimamente unida con la bondad de carácter; de tal manera que se puede afirmar, de seguro, que quien es cruel con los animales no puede ser buena persona.

-Debo confesarlo sinceramente. La vista de cualquier animal me regocija al punto y me ensancha el corazón, sobre todo la de los perros, y luego la de todos los animales en libertad, aves, insectos, etc. Por el contrario, la vista de los hombres excita casi siempre en mí una aversión muy señalada, porque con cortas excepciones, me ofrecen el espectáculo de las deformidades más horrorosas y variadas: fealdad física, expresión moral de bajas pasiones y de ambición despreciable, síntomas de locura y perversidades de todas clases y tamaños; en fin, una corrupción sórdida, fruto y resultado de hábitos degradantes. Por eso me aparto de ellos y huyo a refugiarme en la naturaleza, feliz al encontrar allí a los brutos.

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