Punto y Seguido

Estado Mundial de Fraternidad y Bienestar

Uno

En la ONU, el presidente López Obrador se equivocó de ventanilla. Propuso un «plan», así, entre comillas, supuestamente para acabar con la pobreza mundial. Presentó su idea en el Consejo de Seguridad cuando correspondía hacerlo en el Consejo Social y Económico. Pero eso es lo de menos.

La idea del presidente es simple: que los ricos les den dinero a los pobres y que se los den por las buenas. Que no hagan falta ni Robin Hood ni Chucho el roto. ¿Cuál es la justificación conceptual? La supuesta igualdad que debe haber entre los humanos. Para ello dijo que quería recaudar un billón de dólares para dárselo a 750 millones de pobres, sin intermediación alguna, mediante una tarjeta o un monedero electrónico personalizado. Es decir, el esquema asistencialista que ha naufragado en México. Nada más le faltó mencionar que todo se haría a través del Banco Azteca y la construcción de infinidad de instalaciones del Welfare Bank.

Todo mundo sabe que el asistencialismo es una variante de la limosna, no produce riqueza, ni desarrollo económico, ni humano, vamos, ni desarrollo moral.

El presidente fue a recomendar al mundo un plan que en nuestro país ha servido para muy poco en cuanto a combate a la pobreza: de hecho, ésta ha crecido en tres años sin contención alguna.

Imaginemos que no hay gasto de gestión y mágicamente los pobres del mundo amanecen con su tarjeta o monedero electrónico y con un cajero funcional a una distancia decente. El billón de dólares se ha dividido equitativamente y cada uno de los 750 millones de pobres dispone de mil 333 dólares, algo así como 28 mil pesos mexicanos. Dinero que, según lo propuesto, el pobre recibirá por una única vez. Cualquier experto en pobreza nos dirá que con un ingreso así ninguna persona puede salir efectivamente de la pobreza. A lo mejor al presidente se le olvidó decir que el billón de dólares y el consecuente reparto se haría mensualmente.

Detrás del “plan” solamente está la opinión del presidente, no hay economistas, sociólogos, matemáticos, físicos, administradores, no hay expertos en nada porque hay una desconfianza y una descalificación absoluta del conocimiento científico.

¿De dónde vinieron las cifras de un billón de dólares y los 750 millones de pobres? Todo indica que ha sido una ocurrencia más de una mente maestra desorganizada, obsesiva, sin conciencia, a la que sus educandos aplauden todo. Nadie cercano tiene el valor de decirle «no presidente, está mal, usted está mal presidente».

Dos

El presidente, en sus palabras, sueña que una jauría de mujeres no lo deja pasar. Por eso despierta como despierta.

Nadie lo sabe, pero una mujer le lee, temprano, su horóscopo para espabilarlo.

No tiene ninguna prisa para llegar a parte alguna. Ninguna hora es verdadera.

De niño le decían que él no sabía sentir. Los he suspendido, murmuraba. Los sentimientos.

Le dice virtud ver sólo la superficie de las personas.

El mantra: “Me reconocerá el Señor cuando truene el escarmiento del apocalipsis”.

En otros tiempos algo se esforzaba por caer simpático, pero ya no. Ahora se vanagloria de su antipatía.

Ningún hecho revela toda su verdad cuando se convierte en lenguaje, pero su lenguaje es todos los hechos. Reducir la infinitud implica, inevitablemente, una traición.

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