Punto y Seguido

Iguala, 5 años

El encanto perverso de decir: ¡Fue el Estado!

Y volteaban a ver a EPN.

Uno

Ayotzinapa. Más vale no hacerse ilusiones. Iguala estaba lejos hace cinco años y ahí sigue. La misma clase política, los mismos ideólogos confortables, con sus cansados manifiestos. Marchas que de todos modos hay que hacer. La misma compleja sociedad civil.

El dolor y la indignación, el coraje y las lágrimas, tobogán en que se deslizan oportunistas de toda laya. Los muertos no acaban de irse. Habitan las mentes de los familiares y amigos. No acaban de irse pero no hay manera de que regresen. Vivos los quieren pero el nudo en la garganta ya se hizo costumbre.

Mientras, en el país la violencia incontenible. Venganza y miedo. Obsesión y enojo. De la moral monopolizada nada hay que esperar. Y la vida de los otros pende siempre del hilo que el poderoso sostiene.

Dos

Soy pesimista. Las movilizaciones de indignación y enojo –junto con las de oportunistas y despistados-, no modificarán la dinámica estructural del sistema político y social mexicano.

Más allá de acontecimientos dolorosos, terroríficos, más allá del dolor de sensibilidades consanguíneas y de afectos cercanos, tal dinámica obedece a procesos de autoajuste.

La violencia es agresividad alterada, principalmente por la acción del político que la transfigura cotidianamente en una conducta intencional y dañina.

Tres

Si la culpa es del Estado, entonces de nadie es la culpa.

El Estado no es el reino de la razón (Marx), sino de la fuerza; no es el reino del bien común, sino del interés parcial; no tiene como fin el bienestar de todos, sino de los que detentan el poder; no es la salida del estado de naturaleza, sino su continuación bajo otra forma.

El Estado es el reino de la sinrazón, por ello la vileza le es consustancial.

No todos los habitantes de un país son responsables del funcionamiento del Estado, aunque formen parte de él.

El Estado no es más que el bozal (Schopenhauer) que tiene por objeto volver inofensivo a ese animal carnicero, el hombre, y hacer de suerte que tenga el aspecto de un herbívoro.

El bozal se afloja con el uso, se debilita, el animal carnicero se muestra sin matices.

Cuatro

¿Los 43? Han buscado desentrañar lo sucedido la Fiscalía del estado de Guerrero, la exPGR, el Equipo Argentino de Antropología Forense, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, GIEI, peritos en fuego, el Laboratorio de ADN de la Universidad de Innsbruck, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, criminalistas, criminólogos, patólogos, policías, peritos, agentes del Ministerio Público, biólogos, médicos, psicólogos, etnólogos.

Expedientes de miles de páginas. Hoy quieren iniciar de cero. Borrón y cuenta nueva. Y pues sí, sigue siendo el Estado. Nomás que ahora hay que voltear a ver a Andrés Manuel López Obrador.

Hace cinco años quedó al descubierto el perro de paja que es el Estado mexicano, sus órganos de inteligencia; su aparato de seguridad pública en todos los niveles de gobierno y en todas sus estructuras.

Ante el poder de los grupos del crimen organizado casi intocables, imparables, ante la imposición del código mafioso contra los estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, el perro de paja sigue ahí, aunque ahora mañosamente sentimental.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba