Punto y Seguido

La Moral de los Perros

Para él las gentes del pueblo sólo son perros de paja

Tao Te King

Lichtenberg decía que se podría afirmar que el hombre es la más noble de las criaturas, por simple hecho de que ninguna otra criatura ha puesto en duda tal afirmación. Si usted es como la mayoría de las personas, para usted la “moral” es algo especial: Un conjunto de valores que pesan más que ninguna otra consideración. Por decirlo de otro modo, la moral es importantísima… Y, a pesar de todo, si usted es como la mayoría de las personas, pero —a diferencia de ellos— es sincero consigo mismo, se dará cuenta de que la moral desempeña un papel mucho más reducido en su vida del que le enseñaron que debía desempeñar.

Nuestra creencia (cierta o fingida) de que los valores morales tienen preferencia sobre el resto de elementos la hemos heredado principalmente del cristianismo. En la Biblia, la moralidad es ultraterrenal: El bien es aquello que Dios ordena; el mal, lo que Dios prohíbe. Y la moralidad es más importante que ninguna otra cosa, puesto que está respaldada por la voluntad de Dios. Si haces el mal, es decir, si desobedeces a Dios, serás castigado. Los principios morales no son simples reglas generales para vivir bien. Son imperativos de obediencia obligada.

La importancia de la moral en nuestras vidas es una ficción. La usamos en las historias que nos explicamos a nosotros mismos y a otras personas acerca de nuestras vidas para dar a estas un sentido del que, de otro modo, carecerían. Pero al hacerlo ocultamos la verdad acerca de cómo vivimos. La filosofía moral ha consistido siempre en un ejercicio de fantasía, menos realista en su retrato de la vida humana que la más corriente de las novelas burguesas.

El progreso y el asesinato masivo caminan de la mano. A medida que la cifra de víctimas mortales por el hambre y las epidemias ha ido decreciendo, han ido aumentando las muertes provocadas por la violencia. A medida que han avanzado la ciencia y la tecnología, también lo ha hecho el arte de matar. A medida que ha crecido la esperanza de un mundo mejor, también lo ha hecho el asesinato en masa. Hace un siglo, todo el mundo sabía que el sexo homosexual estaba mal. Las intuiciones de las personas acerca de las cuestiones morales se dejan sentir con mucha intensidad. Al mismo tiempo, son superficiales y pasajeras en grado sumo.

La justicia es un artefacto de la costumbre. Allí donde las costumbres no son estables, los dictados de la justicia quedan pronto anticuados. Las concepciones de la justicia son tan atemporales como la moda en sombreros. Heredamos de los pensadores ilustrados la fe en que cualquiera puede ser bueno. Pero sería imposible extraer esa misma conclusión de la obra del mayor pensador ilustrado del siglo XX. La conclusión final a la que nos lleva la obra de Freud es que ser una buena persona es una cuestión de suerte.

No podemos renunciar a la pretensión de que la bondad sea algo al alcance de cualquiera. Si lo hiciéramos, tendríamos que admitir que, como la belleza o la inteligencia, la bondad es un regalo de la fortuna. Tendríamos que aceptar que, incluso en aquellas partes de nuestra vida con las que más lo asociamos, el libre albedrío es mera ilusión. Tendríamos que reconocer aquello que todos negamos: que ser bueno es cuestión de buena suerte. Obligándonos a afrontar esa embarazosa verdad, Freud infligió una herida más profunda en el concepto de “moral” que la de Nietzsche.

*Del libro ‘Perros de Paja’, de John Gray.

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