Punto y Seguido

“La nutria tiene cosquillas”

En las sociedades modernas el lenguaje da cuenta de numerosas cabriolas que llevamos a cabo para evadir ciertas palabras que, por distintas razones, no pueden ser proferidas.

El eufemismo traviste palabras, el disfemismo desenmascara el tabú.

Cuenta Laura Sofía Rivero, escritora: Una amiga se me acercó discretamente para pedirme una toalla sanitaria. Las mujeres estamos acostumbradas a pasar de nuestra bolsa a las manos esos cuadritos de algodón con la pericia de un vendedor de droga. Yo hice el movimiento rápido, viéndola a los ojos y dejando que mi empatía emanara en una simple mirada. Cuando ella hubo guardado la ultradelgada sin alas, su rostro fue un alivio que se acentuó tras decirme: “muchas gracias, hoy no traía porque no imaginé que se me descongelaría el bistec”.

Laura sigue contando:

¿De qué sirve encubrir el tabú con frases mucho más corrosivas que las que se pretendía evadir? Conmutar la palabra menstruación por otras frases como: “traigo el jitomate pateado”, “se me descalabró el mono”, “ando de vampirito”, “la rata está adobada” o “ando sangrona” son metáforas en las que palpablemente las palabras no sólo comunican, sino que también relacionan y extienden el mundo, profundizan nuestros modelos de pensar.

En las sociedades modernas el lenguaje da cuenta de numerosas cabriolas que llevamos a cabo para evadir ciertas palabras que, por distintas razones, no pueden ser proferidas. La actualidad libertaria, tecnológica y líquida no se libra de los ajustes del decoro; hoy en día también sentimos una conexión peligrosa entre la lengua y la realidad.

Los excrementos tienen algo en común con Dios y con el diablo: su restricción exige que se les esquive y llame por otro nombre. Si Dios es El Señor y el diablo es El Maligno, el baño esconde su mugre en la ingenuidad de la palabra tocador.

El baño es continente de excrecencias y corporalidades. Toda imagen y estatus se ven amenazados por él: ¿de qué sirven los títulos, posgrados y curules cuando a todos nos iguala un retortijón agudo? Por eso, las letras se vuelven escondrijos: evitan darle nombre a nuestra vergüenza.

Letrina, retrete y excusado son, para algunas personas, palabras que huelen feo y dejan manifiesta nuestra corporalidad irrefrenable. Hay que disimularlas: “voy a los servicios” o “voy a acomodarme el pantalón”… a los niños se les enseña a decir que van a hacer del uno o del dos, eufemismo aritmético.

Las palabras se travisten en los sonidos de otras y por eso hay quienes van a “hacer popis”, “popsicles” o “a subir el Popocatépetl”. A veces las palabras salen a borbotones: “voy a K. García”, “voy a susurrar” o la versión excelsa de quienes avisan “orinita vengo, que a su rancho voy”. No hay razón para llamarle diarrea a la diarrea si se le puede nombrar catarro polaco porque “po’la cola sale”.

¿Para qué decir “voy al sanitario”, si la urgencia nos reclama que “se quiere salir el topo”? Los animales son inspiración para darle otro mote a la criatura color marrón que bucea en las profundidades del desagüe: “voy a echar el cacadrilo”, “voy a pasear al canguro”, “voy a cambiarle el agua al perico”.

Por nuestra dieta, sabemos que, tras haber cruzado el umbral del sanitario, no tendremos más que “poner a nadar al popodrilo dientes de elote”.

La onomástica del retrete es inabarcable, pues la caca pareciera ser la concreción de nuestras concepciones sobre lo peor. Y eso la convierte en un imán de sentidos diversos. “Botar al engendro”, “tirar la calaca”, “sacar los demonios”, “aventar el cadáver”, “mandarle un fax al diablo”, son semántica de lo inferior.

El baño permite la ironía: “vamos a donde el rey va solo” o “a meditar en el sillón de pensar”; la creación: “ir a dar a luz”, “hacer una obra de arte”; o lo fantástico: “ir a desdoblarnos”.

A alguien “se le salen los frijoles refritos”, otro más va a “columpiar el tamarindo”, un infortunado no se aguanta pues “se le cae el pambazo sudado”.

Ver la creación con el asombro más genuino de nuestra especie; que al cruzar de las puertas del baño público sólo se puede pensar con orgullo: “un kilo más y la bautizo”.

(Ver “La nutria tiene cosquillas” expresiones para ir al baño. Revista de la Universidad de México. Junio 2018)

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