Punto y Seguido

Las consultas de AMLO, extraño placebo

Si un estudiante de licenciatura realizara un ejercicio con las características de la citada consulta del nuevo aeropuerto para obtener resultados representativos de los atributos de una población, cualquier profesor estaría obligado a reprobarlo.

Muchos universitarios se mueven cómodamente en el terreno de la posverdad. En la recta final del proceso electoral del primero de julio pasado, tuvo su momento estelar el gran apoyo que tenía López Obrador en las instituciones de educación superior. Apoyo que incluía no sólo estudiantes sino profesores y trabajadores administrativos.

La educación superior, suponemos, es un espacio en el que predomina la racionalidad científica, incluso cuando los objetos de reflexión y análisis implican a la propia irracionalidad, o la subjetividad humana, su moralidad o eticidad.

Los resultados electorales dejan pocas dudas de que tal apoyo se concretó en la urnas.

Extrañamente las voces universitarias han enmudecido -en proporción- respecto de ciertas decisiones del gobierno electo pero en funciones. Me refiero tan solo a un tema: la consulta cuyo resultado  utilizó López Obrador para cancelar el proyecto del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAICM).

Si un estudiante de licenciatura realizara un ejercicio con las características de la citada consulta para obtener resultados representativos de los atributos de una población, cualquier profesor estaría obligado a reprobarlo. Así, simplemente teniendo como parámetro las reglas básicas y generalmente aceptadas para ese tipo de ejercicio.

Lo que hemos visto es un desplazamiento temático muy efectivo para la llamada posverdad, un juego mágico que engaña a mentes debilitadas, contradicciones lógicas que pasan desapercibidas.

Entonces se impone el tema de la democracia directa, la importancia de la participación ciudadana, de escuchar al pueblo, de gobernar con el pueblo, de dejar de ser humano para convertirse en semidiós.

Y la participación ciudadana, la voz del pueblo escuchada, se da como hecho incontrovertible. (En espacios más personales, ‘off the record’, he visto la sonrisa cínica y la expresión del “así es esto”).

Un tuit de una colega universitaria me llevó a revisar el tema. Retomé al autor citado por ella: David Altman.

Si el prometido nuevo régimen va a impulsar la participación ciudadana en la toma de decisiones, lo mínimo que debemos exigir es que lo haga con seriedad, y no como el extraño placebo con el que al parecer un amplio sector de la población ha quedado satisfecho. Incluidos los universitarios.

Mecanismos de democracia directa (MDD).

-Por democracia directa se entiende un grupo de mecanismos que permite a los ciudadanos decidir sobre materias específicas directamente en las urnas. En otras palabras, esos mecanismos son medios de decisión política por medio del sufragio directo y universal. Su finalidad es hacer que los ciudadanos participen colectiva y directamente en el procedimiento de toma de decisión, más que para elegir a sus representantes, para tomar sus propias decisiones.

-Cuando son iniciados desde “arriba”, esos mecanismos tienden a ser sistemáticamente favorables a la postura del gobierno en turno o son votos de censura, como sostiene parte de la literatura.

-A simple vista, esa tendencia puede parecer más la consecuencia de actitudes plebiscitarias, autoaclamativas, autolegitimantes y delegativas de gobiernos y líderes que de demandas de los propios ciudadanos.

-Los argumentos contra los MDD se centran en que: a) los MDD debilitan el poder de los representantes elegidos por los ciudadanos; b) el ciudadano común no puede tomar decisiones informadas (incluso racionales) sobre problemas extremadamente complejos;4 c) el participante de un MDD actúa aisladamente, sin discusión, y, por lo tanto, no hay posibilidades de medir la intensidad de las opiniones, y d) los MDD establecen un juego de suma cero, a través del cual, la mayoría lo gana todo y la minoría lo pierde todo (lo cual no es el caso en la consulta referida arriba); no hay posibilidad de concesiones respecto a los problemas presentados y, además, existe un claro riesgo de tiranía de la mayoría por sobre la minoría…  en las sociedades complejas, la participación deliberativa es extremadamente inverosímil para todos aquellos a los que afecta la decisión colectiva, o incluso es manipulada por las élites políticas.

-Los que tienen una visión más positiva de los MDD consideran que si el entusiasmo para con la democracia ha de ser sostenido, se debe encontrar caminos que permitan al ciudadano sentirse más incorporado en el proceso de toma de decisiones. Una de las premisas más recurrentes de los partidarios de los MDD es que el ciudadano se siente más comprometido con la democracia, porque: a) todos los asuntos pueden ser contemplados y, por lo tanto, se puede evitar el filtro de organizaciones intermediarias; “más democracia directa puede ser un antídoto a los poderes fácticos”; b) las decisiones políticas se alcanzan públicamente; c) la voluntad popular se expresa mejor, ya que la voluntad popular es la suma de las voluntades individuales de los ciudadanos; cuando la voluntad se expresa directamente, sin mediación de ningún tipo, está limitada a la expresión exacta; d) la participación pública de los ciudadanos combate la apatía y la enajenación; el ciudadano se sentirá más participante cuando los asuntos relevantes al público sean considerados vía MDD; e) los MDD son entendidos como herramientas educativas; más oportunidades para la participación hacen a los ciudadanos más virtuosos y cívicamente despiertos y, en cierto sentido, más libres. En resumen, muchos de los argumentos en favor parten de una crítica a la democracia representativa: “ser soberano un día cada cuatro (seis en el caso mexicano) años tiene mucho olor a placebo”.

(Ver: David Altman, Democracia directa en el continente americano: ¿autolegitimación gubernamental o censura ciudadana? Revista Política y Gobierno CIDE. 2005)

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