Punto y Seguido

Líder carismático

A partir de un texto del filósofo polaco más reconocido, Leszec Kolakowski, cuyo pensamiento evolucionó del marxismo hacia compromisos intelectuales contra los totalitarismos, hago una selección y adaptación a nuestra coyuntura mexicana.

-Esperando a Andrés Manuel. No sabemos quién es realmente Andrés Manuel. ¿Quién podría ser?: ¿un mensajero divino?, ¿un profeta?, ¿alguien que nos inicie en los secretos de nuestra predestinación nacional?

La imagen de un líder político carismático la podemos asociar con la de un político populista. Estas dos cualidades pueden a veces coincidir, pero no son lo mismo.

-Necesitamos a Andrés Manuel porque hay en nuestro espíritu algo que, por siempre, quedará en una condición infantil e inmadura: querríamos librarnos de la responsabilidad de ser nosotros mismos.

-El político populista es no sólo el que repite la consigna “dame el poder y me encargaré de componer las cosas”, sino aquel cuyo verdadero interés consiste en escuchar los sueños más simplones del pueblo, los sueños irracionales del pueblo, y hacer ver que se identifica con estos sueños, sin pensar si resultan posibles o si corresponden al interés real de la sociedad o del Estado

-Necesitamos a Andrés Manuel para tener al lado a alguien que tome por nosotros las decisiones y, por lo menos, que nos enseñe lo que debemos hacer. Añoramos quien nos guíe, y si este no existe nos sentimos asustados e impotentes.

-Promete todo lo que, según cree, sueñan las masas más numerosas. Y puede, con un poco de habilidad –aunque con una mezcla de insolencia–, lograr un considerable apoyo.

-Los dones carismáticos y las personalidades carismáticas son no sólo válidas sino partes abiertamente necesarias de ese camino en el que bregamos con nuestro destino.

-Por lo regular, el líder carismático tiene pocas oportunidades para consumar conquistas en un sistema democrático; por mucho poder que tenga, sus promesas están vacías.

-Sabemos que las capacidades carismáticas pueden ser a veces un don del diablo, nosotros mismos tenemos que discernir la diferencia entre el bien y el mal, para no rendirnos a su fuerza seductora. 

-La confianza en la vida no nos protege contra el sufrimiento, la desgracia y las contrariedades de la vida, sino que es fuente de la vida espiritual, que nos permite encarar el mal sin desesperación.

-Un líder carismático puede caer bien o mal. Los líderes carismáticos pueden sacar de sus partidarios todo lo peor en la naturaleza humana: la prontitud para la violencia y la crueldad, la irreflexión y la soberbia.

-Un líder carismático puede aprovechar su autoridad para sembrar la paz y la vocación para el sacrificio. Puede ser un hombre culto o un ignorante.

-La fe es una confianza que no necesariamente se refiere a alguna persona u objeto, sino que es algo general y acrónico, que abarca el mundo entero y todo un campo de relaciones humanas, es decir, todo lo que nos trae tanto la alegría como el sufrimiento.

-Un personaje carismático, para realizar su labor eficazmente, no tiene para nada que ser un hombre conocido, famoso –al contrario de un político carismático–: basta con que tenga un pequeño grupo de alumnos o aprendices espirituales, a quienes sepa conferir sus dones.

-Existe, sin embargo, gente dotada de autoridad carismática que en verdad necesitamos. No me refiero a líderes políticos sino, para decirlo de alguna manera, a defensores, gente que guíe o gente que ayude.

-No necesitamos, en verdad, políticos carismáticos, sino políticos inteligentes y honestos, benévolos con la gente, libres de rabia, y que no lancen amenazas. 

-Pero la figura del carisma, aunque puede, en ciertas situaciones, traer a la gente dones oportunos, es siempre un fenómeno peligroso, porque invariablemente tiene la fuerza para convertirse en semilla del fanatismo. Lo más sano ante tales figuras es prescindir de ellas.

-Un líder carismático surge sólo a consecuencia de impredecibles catástrofes sociales y económicas. ¿Pero qué podría lograr un líder de esos? Lo más sano, lo que conviene, es que ante tales contingencias se realicen cálculos sobrios, racionales, adecuados a la planeación de una estrategia común. El problema consiste en que esas operaciones sobrias y racionales no siempre son accesibles a todos, y requieren tiempo.

-La posición de un líder carismático no está dada para siempre: se la puede perder.

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