Punto y Seguido

¿Navegamos o naufragamos?

Del libro ¿Que sucedió en el siglo XX? de Peter Sloterdijk, son los párrafos que siguen. La incertidumbre pesa bastante y tiene diferentes rostros. Si hay que reflexionar en ella hay que hacerlo en grande, sirve que nos damos cuenta de nuestras miserias individuales y, por qué no, de nuestras miserias nacionales.

-Si se reuniera […] a la humanidad entera y se la apiñara en un lugar, ocuparía un espacio de 400.000 millones de litros, es decir, un tercio escaso de un kilómetro cúbico. Esto parece mucho. Sin embargo los océanos contienen 1.285 millones de kilómetros cúbicos de agua. Así que si se arrojara al océano a la humanidad entera, esos 7.000 millones de cuerpos humanos, el nivel del mar ni siquiera se elevaría la centésima parte de un milímetro. Con este único remojón la Tierra se vaciaría de una vez por todas de seres humanos. (cita a Stanislaw Lem).

-Con el concepto “Antropoceno” la geología actual retoma el hábito epistemológico del siglo XIX de historizar cualquier objeto discrecional y dividir todos los campos historizados en eones, eras o épocas. El triunfo del historicismo fue alimentado sobre todo por la idea de evolución, que podía aplicarse a cualquier ámbito de la realidad, desde los minerales hasta los grandes cuerpos compuestos llamados “sociedades” humanas.

-El primer estorbo del que fueron conscientes los antiguos fue el retraso, que constituye una de las formas fundamentales de la tragedia. También la humanidad actual está amenazada por retrasos, sobre todo por lo que se refiere a la toma de medidas “político-ambientales”.

-En las famosas Manual de operaciones para la nave espacial Tierra de Buckminster Fuller, aparecidas en 1968, el autor hacía la audaz, incluso utópica, suposición de que el tiempo había madurado en los sistemas sociales lo suficiente como para una entrega de las competencias de pilotaje, por parte de los políticos y financieros, a los diseñadores, ingenieros y artistas. La suposición se basaba en el diagnóstico según el cual los miembros del primer grupo -como todos los “especialistas”- no miran la realidad más que por un pequeño agujero, que no les permite ver más que una parte. En cambio los últimos, por su propia profesión, desarrollan intuiciones holísticas y se remiten al panorama de la realidad en su conjunto.

-Buckminster Fuller ha señalado con precisión la condición más importante hasta ahora para la estancia de seres humanos a bordo de la nave espacial Tierra: a los pasajeros no se les ha provisto de ninguna instrucción de uso, probablemente porque ellos han de llegar a descubrir por sí mismos el secreto de su situación.

-La Tierra, de hecho, está habitada desde hace casi dos millones de años por seres humanos y predecesores suyos “que no sabían siquiera que estaban a bordo de una nave”. Dicho de otro modo: a los seres humanos se les permitía en el pasado un alto grado de ignorancia en sus navegaciones porque el sistema estaba diseñado sobre la tolerancia de altos grados de desorientación humana.

-Sin embargo, conforme los pasajeros comienzan a ventear el secreto de la situación y a conseguir, mediante la técnica, poder sobre su entorno, desciende la tolerancia inicial de la ignorancia por el sistema, hasta que se alcanza un punto en que determinadas formas de comportamiento ignorante ya no son compatibles con la estancia de los pasajeros a bordo. Con ello, el ser-en-el-mundo del ser humano, del que hablaba la filosofía en el siglo XX, se revela como un ser-a-bordo de un vehículo cósmico propenso a las averías.

Una reflexión Castoriadis

-“El poscapitalismo ha logrado fabricar al individuo que le ‘corresponde’, uno perpetuamente distraído y pasando rápidamente de un goce a otro, sin memoria ni proyecto, listo para responder a todos los requerimientos de una maquinaria económica que destruye la biosfera y se concentra en la producción de ilusiones denominadas mercancías”.

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